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El Socialismo Y La "Santidad" del Gasto Público Por: Alberto Luzárraga

Cuando escucho hablar a los políticos del siglo XX y principios del XXI de las maravillas de atención que el estado y el socialismo en sus diferentes variantes prometen al individuo no puedo menos que sonreír y asombrarme (¡otra vez!) de lo crédulos que somos y como la ambición por el poder no deja ningún recurso sin utilizar a los efectos de conseguir su objetivo a como dé lugar.

Veamos. Según la teoría socialista los impuestos o las prestaciones personales se reciben o recaudan para dar "más y más" a los ciudadanos repartiendo justamente lo que se produce. ¿Pero, quién produce? La masa del pueblo. ¿Y quién reparte? La elite gobernante. ¿Y el repartir da o no da poder?

Queda entonces muy claro que hay que disfrazar el invento porque si no el negocio se echa a perder.

Por eso se postula que si el dinero queda en las manos de los que produjeron la riqueza es acumulación egoísta, especulación , gasto superfluo, derroche, ambición de poder y de explotar al prójimo.. La retahíla es interminable.

Pero si esa riqueza pasa al Estado y se convierte gasto público asume características de "santidad." Lo cual obviamente presupone que los que mandan son santos y además sabios porque saben exactamente como hay que gastarlo.

El que una porción considerable de la riqueza producida pueda quedar en las manos del pueblo es para ellos peligroso. Porque si se gasta, alguien va a producir algo y a ganar una utilidad con el fruto de su trabajo, y si se invierte se va a producir el mismo efecto. Y eso resta poder.

Para conservarlo hay que apelar a los sentimientos menos elevados del hombre: a la envidia, al resentimiento para igualar a todos en la miseria. Lo noble sería igualar a todos en la caridad y la solidaridad, exhortando al empresario a pagar bien a sus obreros y al rico a ser caritativo. Pero eso produce sociedades en las que el poder esta dividido, y no les conviene.

El sistema socialista consiste en mayores y mayores dosis de demagogia y propaganda para sacarle más y más al pueblo y dar menos y menos. Porque la elite no perdona. Lo que no se gasta en vivir bien lo derrocha en aventuras militares, inversiones faraónicas o gasto para mantener la represión y el control de los que se quejan del abuso. Eventualmente el pueblo entiende que le están tomando el pelo, que lo que le dan de "gratis" no lo es, si no que le cuesta muy caro en su calidad de vida y decide producir lo menos posible. Por eso hay miseria en el comunismo.

Y no ocurre solamente en las tiranías. Las sociedades con un enorme gasto público con respecto al producto se estancan aunque sean democráticas y tienen que bajar el nivel de servicios como han hecho algunos países escandinavos.

El Estado tiene una función legítima como árbitro y garante de una vida civilizada y respetuosa pero no puede rebasar sus límites naturales, porque el Estado no es más que una ficción jurídica. Se compone de seres humanos y esto hay que tenerlo siempre muy presente.

Hay un límite natural a lo que el Estado puede quitarle al individuo. Cuando se traspasa dicho límite el sistema se anquilosa y no marcha adelante.

De modo que a los cubanos post Castro les decimos. Vayan pensando en esto:

Les tomaron el pelo una vez. Se va a intentar tomárselos de nuevo. No hay mejor juez sobre como manejar su vida, invertir y gastar su dinero y educar a su familia que usted amigo y lo demás es un cuento de camino.

Alberto Luzárraga, para El Centro Cubano.

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