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20 de Mayo de 1902 y de 200..? Un Mismo Reto: Ciudadanía y República Por: Alberto Luzárraga para El Centro Cubano, 11 de Mayo del 2001

Cuba nació como república a principios del Siglo XX y está destinada a renacer como tal a principios del XXI. Estamos pues en un momento de inflexión histórica que va a tener gran influencia en nuestro destino como nación. Hay que tomar conciencia de lo importante que será el cambio inevitable que se avecina y de como debemos conducirnos. Para ello la historia nos ayudará.

Al hacer un repaso histórico es sorprendente observar las notas similares que compartimos con el proceso de 1902. Debemos marcar también los obstáculos de diferente cariz que tendremos que sortear.

El objetivo principal fue entonces y será ahora crear una república y ciudadanos que la conformen. Porque sin ciudadanos no hay nada excepto formas republicanas y palabrería.

En la Cuba pre-castrista existía un remoquete peyorativo que se aplicaba a quien vivía despreocupado o era irresponsable. Se le llamaba: "habitante". Fue sin duda un rasgo de sabiduría popular pues quien simplemente habita o vegeta en un país no es parte viva y útil del conglomerado social.

La historia.

¡Y que difícil fue el proceso iniciado en 1902 para llevar al pueblo a la ciudadanía! Rafael Martínez Ortiz en su obra "Los Primeros Años de la Independencia" publicada en París en 1921, nos da una idea cabal de lo que heredaron los primeros gobernantes.

" El conseguirla (la libertad) había impuesto sacrificios inmensos. El país quedaba arrasado; la riqueza …había sido totalmente destruida, en los campos al menos. Imposible era creer pudiera tamaño estrago en muchos años repararse. Por leguas y leguas nada percibíase cultivado… solo sobresalían restos ahumados de los ingenios y de las casas incendiadas…ni una choza rompía la igualdad triste del paisaje ni una res pastaba en las praderas inmensas. En el furor tremendo de la lucha todo, absolutamente todo, habia sido aniquilado."

La reconcentración de los campesinos en las ciudades ordenada por Weyler, unido al destrozo de la guerra, había dejado a miles de familias completamente desamparadas. Continúa Martínez Ortiz.

"Muchedumbres hambrientas pululaban por todas partes y cubrían con harapos cuerpos extenuados hasta lo inverosímil. Mujeres y niños famélicos buscaban en los pesebres de las caballerías los granos abandonados para comerlos crudos, y las semillas y cortezas de las frutas se recogían como preciosos hallazgos. Los más inmundos animales se devoraron con deleite y se buscaron con empeño frenético."

La salvaje reconcentración redujo la población de la isla en forma alarmante. El país en 1899 contaba con 1.572,485 habitantes. En doce años desde el censo de 1887 al 1899 la población descendió en 59,842 habitantes. La cifra fue reveladora. Contando el crecimiento vegetativo (que era alto en aquella época) y la inmigración, el censo de 1899 estimó una pérdida de población de 200 mil habitantes respecto a la que debía de tener la isla. Algunos consideran esa cifra como baja pues se calculaba una población de dos millones de habitantes al comenzar la guerra del 95. Según este cálculo las pérdidas por defunciones y emigración en cuatro años pasaron de 500 mil.

El mismo autor nos da un dato que indica la severidad de la reconcentración. En Santa Clara, ciudad de 15 mil habitantes, en un año perecieron 6981 personas. En enero de 1897, mes anterior a la reconcentración, se registraron en los libros del registro civil 78 defunciones que subieron a 1037 en noviembre y a 1011 en diciembre.

Cuba fue el Viet Nam del Siglo XIX. Perdió cuando menos el 15% de su población. Hoy se repite la cifra.

Sigamos con el censo de 1899. El 90 por ciento de los niños menores de 10 años no asistían a las escuelas públicas. De las personas en edad electoral el 32.47 % de los blancos no tenía instrucción alguna y el 67.37% de los negros se encontraba en igual condición. Solamente el 15.7% de los mayores de 18 años estaban casados legítimamente y aun contando las uniones consensuales y no legales se llegaba apenas al 50% acusando un lamentable estado de la familia cubana.

Pronto nos repusimos, sin embargo. Cubanos eminentes ocuparon las Secretarias de Gabinete del gobierno interventor. Se domó la fiebre amarilla gracias al genio de Finlay y se atacó el terrible déficit de la instrucción pública en forma vertiginosa. Se multiplicaron por miles las aulas y cosa curiosa y no igualada: se organizó un curso de verano en la Universidad de Harvard con todos los gastos pagos para los maestros cubanos de instrucción primaria. No le costó un centavo al erario. Harvard contribuyó con 70 mil dólares y el resto fue cubierto por suscripción popular en Estados Unidos. De 3500 maestros que existían se embarcaron 1450, 900 maestras y 550 maestros, que se hospedaron en casas particulares. Se escogieron como sigue: cada municipalidad dividió a sus maestros en dos grupos. Uno elegiría a los participantes del otro. Así se evitó la parcialidad.

En 1900 se promulgó el plan Varona para la educación secundaria y superior, obra del filósofo cubano Enrique José Varona, que sustituyó al arcaico sistema existente y puso a Cuba en los primeros planos de los sistemas educativos de la época. También en ese año se efectuaron elecciones municipales y el primero de Julio tomaron posesión los nuevos ayuntamientos.

A paso acelerado se produce la creación de instituciones. En septiembre se convoca a elecciones para una Asamblea Constituyente y en noviembre se comienzan las sesiones.

En 1901 se promulga una constitución que fue un excelente trabajo. En 1903 se importa una institución americana y se dicta por el congreso la ley del recurso de Inconstitucionalidad. Esto nos colocó junto con Estados Unidos al frente de los países que exigen un control judicial de las leyes o reglamentos que nunca deberían violar la constitución. Se importa así (antes que Europa) una institución utilísima que hace que los derechos fundamentales plasmados en las constituciones sean instrumentos vivientes de protección ciudadana en vez de colección de frases retóricas.

De esta época fueron las leyes contra el perjurio, la ley que instituyó el recurso de habeas corpus, y la que plasmó el recurso contra el abuso de poder. Y también la excelente Ley Orgánica de los Municipios y la Ley Orgánica del Poder Judicial, magnífico documento que creó un sistema Judicial independiente, de carrera, apolítico y auto-gobernado al cual se accedía por examen y se ascendía mayormente en consideración a los méritos profesionales con alguna consideración a la antigüedad.

La Enmienda Platt fue un apéndice injusto a la constitución cubana pero no resta a la labor civilista y fructífera de tantos cubanos brillantes y trabajadores que sentaron las bases de la república, esa república que empezó con tantas desventajas pero que logró tanto en poco tiempo a pesar de la historia revisionista de Castro que pretende que la historia de Cuba no existe entre Colón y el 1959.

Nuestro Problema.

No obstante lo apuntado, siempre hemos vivido un constante contrapunto entre la capacidad del cubano para diseñar y crear buenas instituciones y nuestro modelo "revolucionario" que periódicamente echa abajo todo lo penosamente construido.

El reto de la República fue y es el mismo, dije al principio. Se trata de hacer ciudadanos y combatir nuestra innata tendencia a imponer nuestro criterio a como de lugar, a rebelarnos violentamente y a ser fieles a caudillos.

Es el apasionamiento político irreflexivo que convierte a un pueblo que tiene excelentes condiciones para crear un sistema de calidad, en servidor inconsciente de una voluntad extraviada.

En vez de gobiernos de leyes y no de hombres, preferimos en muchas ocasiones gobiernos de hombres con sus leyes, porque todos los tiranos dictan muchas y variadas.

Al principio de nuestra historia tuvimos excusas. La ignorancia cundía en el pueblo. Además, la cruenta y dilatada guerra de independencia creó una generación dispuesta a alzarse a la primera de cambio. Así tuvimos la revolución contra el abuso electoral en el segundo período de Estrada Palma que a su vez provoca la segunda intervención por su negativa a pactar con la oposición, la revolución del partido de color, la revolución de la chambelona contra Menocal. El conato de revolución contra Zayas y por fin la revolución contra Machado.

No obstante, esa tendencia se fue moderando con las instituciones y la mejoría en la cultura. Durante los 31años que precedieron a la revolución contra Machado para bien o para mal se observaron las formas republicanas y constitucionales aunque a veces se violara el espíritu de la ley fundamental. Machado mismo se procuró una prórroga de poderes "constitucional."

La revolución del 33 gestada en una época de grandes convulsiones mundiales dió lugar a las constituciones y leyes dictadas por decreto. La Constitución de 1901 quedó derogada de facto. Se dictó una Ley Constitucional el 3 de febrero de 1934 que fue modificada doce veces en un año para ser suplantada por otra Ley Constitucional el 1 de junio de 1935. Ambas fueron dictadas por Consejos de Ministros. La de 1935 no fue sino una copia de la Constitución de 1901 modificada para permitir al Consejo de Ministros ser el legislador del país.

Aunque la legislación por decreto a veces produce buenas leyes (y así pasó con algunas leyes en el 33 y en otros momentos) ello no se debe al método sino al autor que la tenía pensada y preparada. Pero lo que se pierde con ese sistema es siempre más de lo que se gana.

Porque se crean pésimos precedentes desde el punto de vista institucional que conducen al desprecio del civilismo.

Una vez que se le pierde el respeto a como se deben hacer las constituciones se le pierde el respeto a su contenido que pasa a ser material para ser usado con los fines políticos del momento.

Un ejemplo fue la destitución del Presidente Miguel Mariano Gómez, (electo en buena lid en 1936) por un juicio político (impeachment) amañado pues se le acusó de "entorpecer al poder legislativo" ya que se permitió vetar una ley propuesta por Batista que era quien mandaba desde Columbia.

Culmina esta etapa con la Constitución del 40, hecha en regla mediante elecciones para una Convención Constituyente. Desdichadamente sólo rigió 12 años de 1940 a 1952 y le faltó mucha legislación complementaria, y más importante aún, jurisprudencia aplicada sobre los derechos fundamentales que establecía.

Quiere decir que desde 1901 a 1934 tuvimos un sistema y una constitución con las altas y bajas mencionadas pero con continuidad jurídica. De 1934 al 1940 un período de transición del cual buena parte se basó en gobierno por decreto. De 1940 al 1952 el nuevo sistema constitucional que quedó truncado en su desarrollo.

El golpe del 10 de Marzo de1952 también produjo una Ley fundamental de fecha 4 de abril de 1952 que no fue sino la Constitución del 40 modificada para que el Consejo de Ministros legislara. Para colmo por Sentencia 127 del 17 de Agosto de 1953 por 10 votos contra 5, el Tribunal de Garantías Constitucionales declaró legítima la ley fundamental de Batista. Esa actitud de miedo a la fuerza reflejó la poca raigambre que el civilismo tenía en ese momento.

Batista restauró nominalmente la Constitución del 40 (24 de febrero de 1955) después de las elecciones sin oposición de 1954 sólo para suspender las garantías ciudadanas cuantas veces lo estimó conveniente.

Y en fin en 1959, Castro que prometió restaurar la Constitución del 40 en su plenitud, comenzó haciendo todo lo contrario y dictó la ya acostumbrada "Ley Fundamental" haciendo de nuevo al Consejo de Ministros el legislador y constituyente pues procedió a modificar la Ley fundamental por el dictada, diecinueve veces en un período de tres años.

Este recuento muestra lo desastroso que es apartarse del principio civilista de que el pueblo elija a los Constituyentes y que las leyes las dicten congresos debidamente elegidos. Las constituciones y las leyes dictadas por gobiernos de facto, no perduran ya que las cambian cuando lo estiman necesario. Y los jueces, hombres al fin se acomodan a las circunstancias. Si el pueblo se somete, se someten sus jueces.

Dichas conductas acaban con la seguridad jurídica valor inestimable para el ciudadano. Sin saber a que atenerse y sin leyes que no cambien a capricho, no hay república. La manía revolucionaria de dictar leyes y constituciones es simplemente un desprecio por las instituciones que refleja un egoísmo monstruoso.

"Aquí se hace lo que me parece a mí y a mi grupo y para disimular le pongo un letrerito que dice "revolución." Es tan sencillo como todo eso, una vez que le quitamos la retórica a gran aparte de lo hablado por tantos "revolucionarios" cubanos del siglo XX.

Esa actitud facilitó el golpe del 10 de marzo y la usurpación castrista que produjo por fin la degeneración total del sistema cuando Castro impúdicamente importa la constitución estalinista que hoy rige, copiada de la soviética de 1936 y puesta en vigor en 1976 con modificaciones en 1992.

Lo cierto es que desde 1959 hasta el presente hemos vuelto a la colonia en muchos aspectos.

Veamos:

a.. En materia de educación política hemos descendido al nivel de tribu con un cacique. Porque hasta en la colonia se toleraban partidos políticos.
b.. En materia de educación general, tan criminal es el no desarrollar las mentes como el llenarlas de mentiras y conceptos falaces.
c.. En materia de población Cuba ha perdido proporcionalmente tantos o más ciudadanos que en el 95 a través de tres procesos: las muertes violentas, la emigración y la supresión del talento de sus hijos para crear un país libre y vibrante.
d.. En materia de deuda y de país quebrado sin duda que estamos peor con más de 35 billones en deudas. Otra cosa curiosa. España al negociar el Tratado de París con Estados Unidos pidió absurdamente (aunque no lo consiguió) que Cuba pagase los gastos la guerra para someterla. Y Rusia hoy en día pretende que se le paguen sus 20 billones, precio de imponer el comunismo por 40 años.
e.. En materia económica la devastación ha sido mayor que en la guerra del 95. Los malos manejos, errores, y el despilfarro de los billones tomados a préstamo y recibidos como donaciones no tiene paralelo en términos per cápita con nada en el mundo moderno.
f.. En materia de humillación y rebaja del pueblo, andamos peor. Tenemos un "capitán general", una camarilla con pretensiones vitalicias y un gobierno que estimula el vicio y el "sociolismo" como sustituto a la corrupción colonial.

Y todo por la costumbre de la revolución y del golpe de Estado que como dijimos no son sino formas de imponer un criterio y llamarle otra cosa.

Tal vez ahora que hemos sufrido tanto y que hemos experimentado el totalitarismo contra el cual no funciona la "revolución" cubana clásica lleguemos a la conclusión obvia:

Después de un siglo de creada la república es necesario desarrollarla por evolución civilista y democrática.

Las revoluciones verdaderas solo se producen raramente y en circunstancias especiales. Es demencial andar pregonando la "revolución" como método de gobierno o como patrón de conducta. Ser ciudadano es mucho más que ser "revolucionario" pues el así llamado no es usualmente mas que peón en un juego de poder. Y de esa palabra han abusado mas de un político cubano y muchos "vivos" antes y después de Castro. Lamentablemente la mayor parte de los vivos escondía su ignorancia e incapacidad para gobernar o hacer cualquier cosa útil tras dicha palabreja que sirve tan solo para desviar la atención del pueblo de la incompetencia del gritón de turno.

Ya es hora de actuar como pueblo sensato que juzga en base de datos y de la competencia profesional del que propone soluciones.

Se progresa estudiando a fondo y debatiendo los problemas profesionalmente y sin habladurías. Hay que exigir competencia en el manejo de la cosa pública. Resultados concretos y no discursos.

Y dentro de este marco respetar a las personas con las cuales discrepamos.

La Revolución americana y la francesa fueron revoluciones porque cambiaron el sistema de gobierno, de monarquía hereditaria a república.

La de Martí hizo lo mismo.

Pero cuando lo que se trata es de cambiar un gobernante y volver a la normalidad constitucional no procede hablar de revolución pues la palabra significa virarlo todo al revés.

Nos acostumbramos por medio siglo antes de Castro a ese uso verbal sin definir en que consistía, y cosechamos terribles frutos. Castro tenía el camino trillado: revolución en la mente del pueblo significaba solución y redención.

Cuando una república establecida, como lo era Cuba, cae en manos de una tiranía y se procura un cambio hacia la libertad, por insurrección o de forma no violenta, entonces lo que hay que pensar es en restauración de nuestra tradición republicana.

Y en nuestro caso eso es lo que tenemos que producir.

Una restauración de la República de Cuba para hacerla mejor y más libre que antes. Sin duda que los obstáculos serán muchos. Mencionamos algunos que no son menores ni mayores que los del 95.

El mayor, al igual que en el 95 es hacer ciudadanos y cambiar la mentalidad de persona dependiente y expectante a persona actuante.

Y hay otros nuevos que atañen a la nación. Como insertarse en un mundo interconectado, donde la soberanía nacional se diluye cada vez más y depende en gran parte del respeto y prestigio que sepa ganarse cada país. Y para ello hay que darse a respetar con una actuación digna y competente. Competente es palabra importante porque los países pequeños no pueden permitirse el lujo de ser incompetentes. Además, sus ciudadanos tienen que ser más ciudadanos que los de países poderosos. ¿Que quiere decir esto?

Pues que no pueden ser "habitantes." Hay que entender el contenido de la libertad y como defenderla. Para ello hay que entender las instituciones. La cívica es asignatura de ciudadanos y no de abogados. Porque el ciudadano que entiende de ciudadanía distingue de inmediato entre el político demagogo y el veraz, entre el hablador presumido y el sensato que estudia y da razones y no consignas. Distingue entre el sabelotodo de palabra fácil y conocimientos exiguos y el sabio tal vez tartamudo, y le excusa su defecto en aras de su virtud. Esos son los ciudadanos competentes que hay que crear con una explicación constante de la verdad y un desarrollo de los buenos sentimientos del cubano en vez de lo que hace el régimen actual que se dedica asiduamente a lograr todo lo contrario.

Si los profesores de 1899 se organizaron para decidir quien iba y quien no iba a Harvard ¿por qué no nos podemos organizar en el 2000 y tantos para dar el gobierno de la República a quien lo merezca por su talento, moralidad y buena intención?

La potencialidad está latente, lo que se necesita es la voluntad de ser lo que podemos ser como nación.

Estos son los cubanos que yo quisiera ver en el siglo XXI:

a.. Un cubano que mantenga su natural amable y sensible sin dejarse llevar por los sentimientos.
b.. Un cubano que utilice su inteligencia natural en analizar si lo que le dicen tiene o no tiene sentido y quien se lo dice.
c.. Un cubano que mantenga su iniciativa y adaptabilidad sin dejarse llevar por lo más utilitario aunque no sea moral.
d.. Un cubano que entienda que Cuba tiene un destino que cumplir, destino dado por su historia y su sufrimiento, destino que no se puede echar por la borda por un "resolver" ni por un plato de lentejas. Sin duda que será difícil. Definir y explicar ese destino será lo más arduo porque habrá muchas opiniones encontradas y muchas apetencias descontroladas. Pero con los pocos, con los buenos, con los de siempre de que habló Martí habrá que volver a empezar.

¡Y empezaremos y saldremos adelante!

Alberto Luzárraga para El Centro Cubano


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