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PERIODISMO POR FIN, A FIN DE SIGLO Apuntes aislados Por Raúl Rivero, panelista en ausencia (periodismo) de Voces del "insilio", presentado el viernes 8 de octubre de 1999 durante el Congreso de la NACAE/CNH La Asociación Nacional de Educadores Cubano-Americanos y Herencia Cultural Cubana, CUBA: EXILIO Y CULTURA. Leido por el distinguido periodista Ariel Remus.

La cultura cubana tiene en el periodismo —a mi modo de ver— la zona más prominente y definida del quehacer literario de la Cuba insiliada. La naturaleza misma del género, sus urgencias y requerimientos han hecho que se convierta, en los últimos años del siglo XX, en la parcela visible, exterior, de un fenómeno que se mueve en el universo subterráneo y misterioso de las gavetas y los discos duros, los disquetes y los escondrijos.

Los despachos, comentarios y artículos de un pequeño grupo de comunicadores asaltaron, hacia 1995, el territorio cósmico de internet. La combinación de medios que se utilizaron, y que se utiliza para dar a conocer la labor de los hombres y mujeres del periodismo alternativo cubano, tiene una estirpe kafkiana porque se integra en él casi desde las palomas mensajeras que utilizó el señor Reuter para la primera agencia de noticias hasta los sofisticados satélites de comunicación.

Los métodos primitivos, el teléfono y las máquinas de escribir, el acoso de la policía, incomprensiones con metástasis, prejuicios, temores y suspicacias no han logrado impedir que se conozca y se difunda y quizás comience a aceptarse la labor de los grupos de periodistas que se desempeñan en la isla, fuera del control del estado y que por esta fecha son alrededor de una veintena.

He repasado levemente los avatares de esos comunicadores para ayudar a comprender mi propuesta inicial. A pesar de todo, son esos trabajos, con todo el esplendor de sus imperfecciones, los que se han conocido en el exterior y creo estar seguro de que en el momento en que se pueda abrir al mundo el mundo subterráneo de decenas de escritores y artistas que permanecen en Cuba, el periodismo volverá a su modesto sitio de siempre: el resplandor de unas horas y la muerte al atardecer.

Mientras llega esa hora que, siguiendo la metáfora vegetal de los mameyes, prefiero llamar "el tiempo de la palma real", quiero compartir con ustedes algunos puntos de vista sobre el movimiento de periodistas que desde dentro de nuestro país se proponen iluminar regiones oscuras y silenciadas por la prensa oficial, por algunos corresponsales de paso y por cierta prensa.

La mayoría de las personas que dieron inicio al periodismo alternativo venía de los medios de difusión oficial, eran profesionales decepcionados, molestos, indignados, inmersos en complejos procesos interiores de luminosidad que decidieron tirar la Robotron por las ventas y quitarse el disfraz de trabajadores ideológicos del partido comunista, para irse a sus casas a pasar hambre y vivir en la verdad. Eran hombres y mujeres que tenían una noción rara de la profesión pero conocían, al menos, la manera de redactar una nota y pergeñar un artículo. En esa primera etapa hubo que luchar, se sigue luchando, por aplacar la pasión del converso, porque la tendencia inicial es de comenzar a atacar al gobierno, con la misma fuerza con que se le defendió hasta el día que se puso el punto final del último comentario edulcorado.

Esa posición implica, también, una noción rara del periodismo, que en realidad poco tiene que ver con la prensa que, trabajosamente y en medio de dificultades, se establece en este continente y en el mundo. Vino, después, una oleada de cubanos que tenían vocación, inclinación o como quiera que se llame a este vicio. Ellos traían —además de sus resentimientos políticos, el rechazo al sistema socialista y al gobierno cubano— un desconocimiento total o casi total de las líneas elementales del oficio. Ahora mismo quienes se integran a las agencias y que hace se produzca un equilibrio con la salida de aquellos que tienen que marchar al exilio, tienen esas mismas características y, por lo tanto, desde que entran al grupo hasta que comienzan a rendir —algunos no lo logran nunca— como verdaderos redactores pasa un tiempo y requiere de gran esfuerzo del aspirante y mucha paciente por parte de quienes los reciben.

Vienen médicos, ingenieros, maestros, historiadores, economistas, zapateros, obreros agrícolas, bibliotecarias, amas de casa, camarógrafos, de todo, como en periódicos. Para cada uno hay un sitio porque la vida lo ha demostrado y unos terminan como alertas corresponsales y otros redactando artículos, crónicas y reportajes sobre la vida de los más disímiles sectores de nuestra sociedad, que en la prensa oficial aparecen siempre como parte de la masa febril y entusiasmada por las victorias arrolladoras del pueblo. Es fácil ver que estamos ante personas de formación diversa, con grandes desniveles y es en el camino de la superación profesional, mediante cursos y muchas lecturas que, a mi juicio, a donde debe dirigirse el mayor esfuerzo del periodismo alternativo en este final de siglo.

Debo apuntar, de inmediato, que la mayoría de las personas que aquí hacen este trabajo perciben la presencia policial y el rechazo oficial, como parte natural del entorno, y después de un periodo de entrenamiento y práctica esos elementos son sólo limitantes profesionales porque impiden el acceso a las fuentes, cierran sitios donde hay noticias y materia para trabajar y, eventualmente, te lleva a un calabozo. Pero se actúa como si esas fuerzas no existieran.

Es cierto que la policía y sus métodos de hostigamientos son los que, en muchos casos, provocan la decisión de los comunicadores de salir al exilio. Pero esa circunstancia, que atañe a toda la oposición, y en general a miles de cubanos, es ya parte de nuestra vida cotidiana.

No voy a dedicar más de una línea a los pícaros que utilizan este oficio para conseguir una visa, porque son pocos, y además debemos agradecer que nos confirman que estamos viviendo en una sociedad enferma.

Pienso que esta zona del insilio, que es el periodismo independiente, ha dado un toque de esperanza a los otros insiliados del sector: poetas, escritores y artistas que se han replegado, se han refugiado en Dios o en Allan Cardec, y están en sus casas, amargos y esquinados, escribiendo enormes novelones y libros de poemas, memorias del olvido, y que han visto en estos grupos que se puede escribir y, además, publicar, sin que importe mucho que un funcionario encampanado te conceda su bendición.

Los periodistas alternativos necesitamos ahora más que nunca los contactos con esos otros insiliados, debemos encontrar una manera de comunicarnos con ellos de forma fluida y constante para integrar y hacer más vigoroso los núcleos de la cultura cubana que dentro del país se han salvado del virus de la intolerancia y la visión excluyente.

Estamos en una etapa de formación, que nos saque de la fiebre de haber leído propaganda durante 40 años en vez de periodismo. Entramos en un aprendizaje que implica aprender a ser libre y a ser cubanos que escriben en libertad.

No se puede hablar de periodismo en Cuba sin mencionar la revista "Vitral". Esa publicación es resultado de la escritura en libertad en un ámbito de la sociedad civil cubana, que es, de hecho, el único que ha legalizado el gobierno. "Vitral" es la revista más plural, ecuménica y abierta desde la etapa republicana y es, hasta el momento, nuestro vínculo más directo con las tradiciones del periodismo que queremos retomar para la Cuba que se avecina. A pesar de que la revista tiene su centro en el mundo del catolicismo, nada cubano le es ajeno y es el gesto libre de sus editores lo que enriquece nuestra esperanza. Claro que hay otras publicaciones de la iglesia que merecen especial atención.

Así es que el panorama aunque parezca imposible no es tan triste. Pequeños grupos de periodistas que se mueven por la sociedad tratando de captar noticias, episodios, historias, dramas y alegrías para construir sus piezas. Hombres y mujeres bajo la necesidad de hacerse más profesionales y prepararse mejor, en medio de una atmósfera oficial negativa, con una ley, la 88 del 99 —dos muertos y dos elefantes en la Charada china—, que los condenarían como a criminales empecinados, en caso de que se les apliquen.

Por otra parte, los primeros asomos del periodismo que queremos se debe y puede hacer en Cuba con la revista del arzobispado de Pinar del Río, y la certeza de que hay que seguir trabajando para la cultura de la isla, ahora que sabemos que sus fronteras pasan por Suecia y España, Venezuela y París, New York y Miami, Yara y Sancti Spiritus, Guantánamo y Tibisial, el Parque Central y Cayo Hueso.

Raúl Rivero,

Ciudad de la Habana, 3 de octubre de 1999


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