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DEL INGENIO Y EL ESCLAVO AL CENTRAL AZUCARERO Y EL OBRERO ACTUAL Por Ramón Humberto Colás, panelista en ausencia (historia) de Voces del "insilio", presentado el viernes 8 de octubre de 1999 durante el Congreso de la NACAE/CNH La Asociación Nacional de Educadores Cubano-Americanos y Herencia Cultural Cubana, CUBA: EXILIO Y CULTURA Leido por el distiguido poeta y ensayista Jorge Valls Arango.

A Berta, por su constante apoyo; a Manuel Moreno Fraginals, profesor que en la distancia me ha enseñado la historia de Cuba.

No es posible escribir la historia de Cuba sin mencionar a los ingenios. Esta maquinaria, inventada para moler la caña y obtener el azúcar, es parte inseparable de un conjunto de sucesos y hechos pasados que reseñan circunstancias de los antecedentes y vicisitudes de un período vivido por los habitantes de lo que sería la futura nación cubana.

El ingenio azucarero es resultado de la introducción de los esclavos africanos en América por los comerciantes negreros, autorizados por el rey de España una vez que los indios nativos de esta parte del mundo no resistieron la cruzada de la "civilización" y la colonización. En Cuba, la mayor de las Antillas, la conquista llevada a cabo por Diego Velázquez se inicia por la zona oriental de la isla. Baracoa constituía un centro donde había una numerosa población indígena. En esa porción este del territorio insular se asentaron las bases de operaciones de los conquistadores.

Diego Velázquez tenía como objetivo principal utilizar a los indígenas para realizar cualquier tipo de trabajo. Eliminar la influencia de los caciques estaba dentro de la estrategia para reducir a la obediencia a los habitantes y con ello imponer la autoridad que permitiera mantener el dominio y control, bajo el mando único del nuevo jefe llegado de Europa.

(1) La crueldad de los conquistadores, y la pobre capacidad de resistencia de la población indígena, dentro de otros factores, dieron lugar a la muerte de casi la totalidad de los indios. Antes de llegar los españoles a América ya existían esclavos de origen africano en España y Portugal. El conocimiento de la fuerza física de estos esclavizados hizo que el padre Bartolomé de Las Casas propusiera, con el interés de aliviar el dolor y la grave situación de los indios americanos, que estos se sustituyeran por negros esclavos. Al padre Las Casas se les responsabiliza después con la tragedia del negro africano arrancado por las fuerzas de sus tierras.

Manuel Moreno Fraginals describe este período con proverbial claridad: "Naturalmente que con la brutal dominación de los indios, la depauperación de los sobrevivientes y el relativo fracaso de la importación de otras poblaciones indias americanas, los negros se convirtieron en la mano de obra esencial (…) en estas circunstancias hallaremos negros y mulatos en todas las actividades posibles de la época… (2)

El cultivo de la caña y la producción de azúcar se convirtieron en la principal fuente de riqueza para Cuba. El empleo de mano de obra esclava sería esencial para la siembra, limpia y cosecha de la dulce gramínea, y para la obtención del azúcar en los ingenios azucareros. El ingenio se convertía en el germen del futuro desarrollo industrial, en la producción azucarera en la mayor de las islas caribeñas, y de hecho, en centro de explotación del hombre como equipo de trabajo.

EL INGENIO ESCLAVISTA

Moreno Fraginals definió que "las plantaciones esclavistas del Caribe fueron siempre organismos sociales deformes y el ingenio fue quizás el más monstruoso de todos ellos" (3)

Este historiador cubano demostró que "el ingenio jamás constituyó una célula social nacida y desarrollada armónicamente ni creada por un acto volitivo de sus pobladores. Por el contrario en la mayoría de los casos los ingenios se fomentaban en zonas deshabitadas."(4)

Los ingenios eran empresas simples en su estructura social. Esto lo condicionaban "el carácter carcelario" y de "incomunicación" a los que sometían a los negros esclavos. El origen tribal de los negros provenientes de África se tenía en cuenta para estructurar su convivencia en los ingenios. Ello propició que no se integraran a las dotaciones esclavas por negros de las mismas tribus.

En los ingenios convergían las más variadas formas culturales, creencias y manifestaciones de la vida de los pueblos africanos. Lucumíes, carabalíes, congos, minas, bibíes, gangaes y otros fueron las principales agrupaciones de esclavos originarios de diferentes regiones de África. El lucumí era el que mayores aptitudes tenía para el trabajo del ingenio. Destaca Moreno Fraginals que esa etnia se le atribuía "una especial fiereza, con tendencia al suicidio y a la resistencia activa a amos y mayorales". (5)

Según Manuel Moreno Fraginals "los ingenios cubanos fueron hasta mediados del siglo XIX manufactura orgánica de carácter extractivo, es decir, mecanismo de producción (…) por lo tanto el esclavo era considerado como el equipo fundamental del ingenio".(6) La desgracia vivida por los esclavos y "las inquietudes del régimen esclavista hacía que los negros africano huyeran de las plantaciones hacia los refugios de las montañas y de los bosques" (7) Hoy se pueden comprender, con justificadas razones, por qué el negro esclavo huía. "La fuga era el ideal del esclavo en el campo porque ella significaba la libertad, corporal cuando menos. En las maniguas y vírgenes bosques, los negros protegidos por la lujuriosa flora tropical conseguían a menudo hacerse libres, de hecho. Entonces eran llamados cimarrones. (8)

"El esclavo de barracón es estudiado, con particular atención por parte de muchos historiadores, debido a que fueron sudor y sangre los que metamorfoseados en azúcar y café transformaron la isla en un emporio de riqueza." (9) Los que han investigado la esclavización del negro no han dejado de referirse al carácter inhumano de la misma. Algunos escritos llegados hasta nuestros días, como los de Arango y Parreño, describen —con el cinismo que caracteriza a este defensor de la explotación esclava—, la crueldad a la que eran sometidos. Emilio Serani destaca que "en efecto, no hay que perder de vista que para que la esclavitud se convierta en el fundamento de las relaciones de producción (…) es necesario el desarrollo de las fuerzas productivas (…) y de la productividad del trabajo pueda permitir la forma de explotación esclavista."(10)

La explotación del negro traído a Cuba no se diferenciaba de la del resto de América. "La esclavitud del negro en América se manifestó en su esencia económica igual que en la mayoría de los territorios donde este subsistema económico fue implantado, tuvo importancia y tuvo importancia relevante".(11)

EL CENTRAL AZUCARERO

La industria azucarera intensificó su desarrollo a lo largo del segundo cuarto del siglo XIX y fue en ascenso hasta el comienzo de la Guerra Grande. "Aunque los precios sufrieron fluctuaciones y algunos fueron descendiendo, la disminución era compensada con el aumento de la producción. Este aumento se consiguió por dos medios: uno, edificación de nuevos centrales y, dos, por el mayor rendimiento de azúcar obtenido gracias a mejores técnicas en la producción". (12)

La producción insular tuvo, a finales del siglo, un resultado económico por debajo de los niveles de años anteriores, como resultado de la devastación que acompañó a la Guerra de Independencia, la que rebajó un 75% el monto de la zafra. La mitad de los centrales activos necesitaban serias reparaciones. La otra parte quedó fuera de servicio.

Desde el punto de vista del mercado internacional, la producción de azúcar de remolacha en Europa fue superando la producción cañera durante la segunda mitad del siglo XIX, lo que provocó una declinación de los precios. En 1902 los bajos precios del azúcar ensombrecía la perspectiva de desarrollo de esta industria. Sin embargo, una convención internacional azucarera tuvo por sede a la ciudad de Bruselas, en 1903, y contribuyó a eliminar las primas ventajosas del azúcar de remolacha europea al favorecer un alza de los precios.

"En 1913 la capacidad de absorción del mercado norteamericano parecía haber llegado al límite y Cuba volcó, por primera vez, una parte sustancial de su producción en el mercado mundial. En ese mercado las condiciones competitivas eran mucho más duras y el ritmo de los incrementos de la producción cubana tendría que haber aminorado notablemente. El estallido de la I Guerra Mundial vino a salvar la situación. Algunos de las más importantes áreas remolacheras de Europa resultaron afectadas por el desarrollo de las operaciones bélicas, por lo cual Cuba pudo ocupar el vacío que estos productos dejaron en el mercado."(13)

Sin duda que la I Guerra Mundial favoreció la producción de azúcar por el aumento de los precios. Pero el éxito económico fue relativamente corto. Los precios del azúcar, que en 1920 alcanzaron la cifra de 22 centavos por libra, descendieron drásticamente, dando lugar a que las cotizaciones a finales del propio año 20 estuvieran por debajo de los 4 centavos por libra.

En medio de esta realidad no se consideraba que las posibilidades de expandir la producción azucarera estuvieran canceladas al tenerse en cuenta que la remolacha europea no adquiría los niveles anteriores a la I Guerra Mundial, lo que daba lugar a entender de que el azúcar cubana tendría un mercado potencial. Para ello debía abrirse paso en medio de la competencia y producir a bajo costo. El mayor interés estuvo en importar maquinaria para la industria, lo que significaba modernizar la tecnología azucarera.

Desde 1920 se viene produciendo una crisis en la industria azucarera, a pesar de la relativa mejoría del mercado mundial después de 1921. Los ajustes productivos se hacen más complejos y difíciles. En 1925 se logró superar los 5 millones de toneladas de azúcar, mientras los países europeos habían recuperado su producción. Esto originó que se estableciera un compromiso entre los grandes productores que dio lugar a una meridiana restricción. En 1930 se impuso la tarifa que prescribía la imposición de prohibitivos aranceles al azúcar cubano en el mercado mundial

Este periodo depresivo, según el profesor Le Riverend "no significó ni muchos menos la solución siquiera fuese parcial de los problemas de la industria cubana. La tendencia de los Estados Unidos a aumentar su producción y a reducir sus importaciones de azúcar cubano quedó consagrada en la ley Costigan-Jonns, de 1934, que estableció un sistema de cuotas de importación, en la cual se asignaba a Cuba una cantidad insuficiente para reponer los efectos causados por la depresión de los años precedentes. Pero, al menos, pareció que de acuerdo con ello se detendría el proceso de desplazamiento del azúcar cubano del mercado norteamericano. Aún tendría Cuba que sufrir una rebaja mayor al promulgarse la ley azucarera de 1937." (14) Después de la II Guerra Mundial se expande la industria azucarera, mediante el aprovechamiento máximo del rendimiento que promovían los centrales. Esa expansión se produce sin incorporarse nuevos equipos industriales. Aún así se logró la zafra más grande de la historia económica azucarera en los año 1947-1948. La producción de azúcar estaba favorecida por Estados Unidos y porque se destruyeron y se aislaron algunos productores tradicionales.

Al analizar la historia de este importante elemento de la economía nacional, encontramos que la misma determinaba el nivel de vida de la población cubana. La industria azucarera propiciaba condiciones de vida con marcada estabilidad para sus trabajadores. Los salarios aunque eran generalmente bajos para una jornada de 12 horas de labor, permitían obtener al obrero los alimentos necesarios, que tenían un precio bajo y no escaseaban en los mercados. Además, el periodo de ocupación era bastante aceptable para la duración que tenían las zafras.

Ante las injusticias, que formaban parte de una realidad que nadie ignora, se consolidó un movimiento sindical independiente y con gran fuerza, credibilidad y arraigo dentro de las masas trabajadoras azucareras. A esos sindicatos del azúcar se les deben importantes logros en beneficios de los obreros. El que mayor aportó a los trabajadores del gremio fue el Diferencial azucarero.

El resto de los trabajadores azucareros, principalmente los de la industria, tenían unas condiciones de vida que 40 años después de haber triunfado en Cuba una revolución socialista no han sido superadas. Los que realizaban las labores más difíciles (corte, tiro, alza, etcétera) obtenían beneficios que hoy ningún trabajador agrícola cubano puede obtener.

CERCANIA HISTÓRICA DEL TRABAJO ESCLAVO Y EL OBRERO AZUCARERO DE HOY

La actividad azucarera tiene dos grandes momentos: un periodo de zafra y el tiempo muerto. El primero define el acto de cortar la materia prima en los grandes cañaverales, y trasladarla luego a la industria donde se obtiene el azúcar. Este activo proceso para algunos es el de mayor importancia. Sin embargo, algunos especialistas coinciden en plantear que el periodo de siembra, limpia y fertilización, y otras acciones en la parte agrícola, es tan vital que define el resultado de la molida del crudo.

En el ingenio esclavista, durante la zafra, se realizaban las "paradas técnicas del domingo". Este día se aprovechaba para limpiar las maquinarias y los restantes equipos que participaban en la molida. Este mantenimiento o limpieza evitaba la pérdida de sacarosa durante el proceso de fermentación. Según los estudios realizados por Manuel Moreno Fraginals "con el domingo se designaba en los ingenios esclavistas el día de parada técnica que podía coincidir o no con el día del mismo nombre". (15)

Durante los primeros 50 años del siglo XIX se tenía un domingo cada 10 días. En esas paradas la dotación esclava lavaba los molinos, las pailas y manceras, las calderas, etcétera. La actividad de corte y el resto de las labores agrícolas se reducían a la mitad. El obrero asalariado del central azucarero de hoy, a pesar de no estar obligado a hacer su trabajo bajo el rigor del látigo y la sugestión, desempeña su labor en las más difíciles condiciones.

Los trabajadores de la industria, al dar testimonio para este trabajo lo expresan con claridad: "Nos explotan porque los que nos pagan no alcanza para comer". Si antes habíamos analizado que durante los primeros 50 años de República los trabajadores azucareros tenían condiciones de vida estable, salarios bajos pero suficientes para mantener a la familia, vestirla y alimentarla, hoy a más de 40 años de revolución socialista, los obreros del azúcar no obtienen como resultado de su trabajo los beneficios que satisfagan las necesidades más perentorias de sus familias.

El trabajo esclavo no se remunera. El esclavista da el mismo valor al hombre que al equipo. Hoy día, aunque no se conciben las cosas en esos términos, sin embargo al trabajador azucarero se le remunera la actividad y con su dinero difícilmente pueda mantener el nivel de alimentación de un negro esclavo. Una dieta rica en proteínas —tasajo—, carbohidratos —arroz o yuca— y leche de res es muy difícil de obtener por un obrero de los ingenios de nuestros días. Los técnicos y especialistas del sector no escapan a esa realidad.

El esclavo iniciaba su labor al amanecer y por el mediodía tomaba un descanso para almorzar. La tarea vespertina duraba hasta bien entrada la tarde. Mientras hubiera luz ambiental se mantenía el trabajo. Luego de la comida los negros esclavos se dedicaban a otras labores. El horario de dormir oscilaba entre las 4 a 6 horas durante el período de zafra. A la actividad laboral nocturna se le llamaba faena y la segunda parte, después de medianoche y hasta el amanecer, contra faena.

El ingenio esclavista mantenía un sistema continuo de producción igual que lo hacen hoy los centrales azucareros modernos. La existencia de turnos de trabajo permite, en las industrias modernas, dar continuidad al proceso de elaboración del azúcar. Este horario de trabajo es de 8 horas diarias y en el periodo álgido tiende a ser de 12 y 16 horas, con descansos que puede ser igual o mayor a la cantidad de horas trabajadas.

Al analizar la situación que se vive en Cuba, como resultado de la grave crisis económica, se destaca que el tiempo de trabajo de un obrero azucarero supera todos los récords. Una vez concluidas sus obligaciones en la industria o en la agricultura debe encaminarse a la gestión de los alimentos para la familia, preparar las condiciones de sus implementos de trabajo porque las administraciones no las garantizan, a cuidar de su viviendas, generalmente en mal estado, a buscar los medios de protección, calzado, ropa, etcétera. Esta dolorosa realidad hace que el tiempo real de trabajo supere el que realizaba un esclavo durante la época de la colonia.

El ingenio esclavista en parada o tiempo muerto exigía que los esclavos que habían logrado algún nivel de especialización en el proceso fabril se transformaran, en ese periodo, en trabajadores agrícolas. Más de 100 años después de ser abolida la esclavitud en Cuba, los técnicos, trabajadores especializados e, incluso, los ingenieros de primer nivel y las administraciones se incorporan obligatoriamente a las tareas del campo para sembrar, limpiar, fertilizar o realizar cualquier otra actividad.

Los esclavistas exigían que los esclavos se mantuvieran todo el tiempo trabajando. De esta forma evitaban que se disolviera el régimen disciplinario y se realizaran acciones de rebeldía. No importaba el tipo de trabajo. Hoy, salvo un periodo de vacaciones retribuidas —quince días en el verano y otros quince en el invierno— el obrero agro industrial azucarero pasa una gran parte del tiempo trabajando en cualquier labor, sin importar los rendimientos.

El ingenio sirvió para que se estructurara una organización humana de explotación del hombre, con el único objetivo de obtener grandes ganancias a costa del trabajo esclavo. El trabajador cubano actual tiene, en sus condiciones de vida y trabajo, mayor similitud con la faena esclava por no recibir compensaciones o recibiendo muy pocas, a cambio. El obrero cubano, a diferencia de un esclavo, recibe un salario que no satisface las más mínimas expectativas humanas.

Moreno Fraginals resume así una dramática etapa de nuestra historia que se mantiene ahora, cuando el obrero cubano subsiste para no morirse. Ahora es el esclavo moderno de un sistema que esconde, en su aparente generosidad, las más sutiles artimañas de esclavización.

Por Ramón Humberto Colás
En Las Tunas, Octubre de 1999.

NOTAS

1.- Historia de Cuba, página 24, Sexto grado, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1990.

2.- Manuel Moreno Fraginals, Cuba España, España Cuba, Historia común, página 101, Grijalbo, Mondadori, Barcelona, España.

3.- Manuel Moreno Fraginals, EL ingenio, página 7, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, Cuba, 1978.

4.- Manuel Moreno Fraginals, ob. cit.

5- ídem.

6.- ídem.

7.- José Luciano Franco, Los palenques de los negros cimarrones, página 7, Colección de Historia, La Habana 1973.

8.- Fernando Ortiz, Las rebeliones de los afrocubanos, Revista Bimestral Cubana, tomo 4, número 2, La Habana, marzo abril 1910.

9.- Rafael Duarte Jiménez, El negro en la sociedad colonial, página 2, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1988.

10.- Emilio Sereni, El estado y clase en la antigüedad esclavista, página 60, Editorial Platina, Buenos Aires, Argentina 1960.

11.- Tomás Fernández Robaina, El negro en Cuba, 1902-1958, página 6, Editorial Ciencias Sociales, La Habana 1990.

12.-Fernando Portuondo del Prado, Historia de Cuba, página 389, Editorial Pueblo y Educación, Habana 1974.

13.- United Fruit Company, Editorial Política, página 132, La Habana, s/f.

14.- Julio Le Riverend, Historia económica de Cuba, página 630, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1974.

15.- Manuel Moreno Fraginals, El ingenio, página 30, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1978.


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