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PREFACIO

Cuba ha sido durante estos últimos 40 años noticia de perenne actualidad. Ecos del derrocamiento de Batista y de la conmoción sociopolítica acaecida en 1959 llegaron hasta los más apartados confines de la Tierra. La revolución cubana ha estado después en los labios de intelectuales, izquierdistas y revolucionarios del mundo entero. Profesores, investigadores y periodistas de diferentes orígenes y proyecciones que nunca habían visitado la isla descendieron sobre ella a partir de 1959.

La bibliografía sobre la revolución fue particularmente rica en los dos primeros decenios cuando muchos autores se esforzaban por envolver ese acontecimiento y sus personajes en un aura romántica. No ha habido la misma preocupación por estudiar los últimos años y mucho menos por establecer un balance de sus resultados. Buena parte de aquellos profesores que libreta en mano anotaban cuanto les decían los rebeldes de los primeros tiempos brillan ahora por su ausencia. Que Cuba dependiera antes del financiamiento que suministraban los países socialistas y que se sostenga ahora gracias a las inversiones de los capitalistas extranjeros y las remeses de los cubanos del exterior, no parece suscitar particular interés.

Aunque el trauma y aturdimiento de la vorágine revolucionaria demoró algo la aparición de estudios de autores cubanos, su posterior proliferación fue en verdad impresionante. Cubanos de fuera y dentro de la isla terciaron con ardor en el debate; curiosamente más los primeros que los segundos. En la Cuba revolucionaria se han publicado buen número de obras de investigación histórica dirigidas a encontrar datos y antecedentes que permitan darle justificación a la decisión de Castro de imponer un régimen comunista. Se ha escrito mucho menos sobre el proceso mismo de la revolución. En realidad, la literatura al respecto disponible se debate entre la censura oficial y la propaganda, entre el silencio y la hipérbole. Nadie dentro de Cuba se atreve, por ejemplo, a tocar el largo episodio de las guerras de África a pesar de lo que ellas significaron en luto y dolor para incontables familias cubanas. Tampoco son muchos los que se aventuran a escribir sobre la magnitud de la crisis actual ni a hacer un estudio comparativo con los parámetros de la Cuba de antes. Virtualmente prohibido está el tema de los balseros, no obstante el hecho de ser ya muchos los años en que se ha venido produciendo el flujo de miles de cubanos que se lanzan al mar en frágiles embarcaciones. ¿Cuántos son, por último, los que en Cuba se atreven a abordar el tema de la violación de los derechos humanos o a esbozar la menor crítica al gran impulsor de todo lo ocurrido?

Si hay así grandes vacíos en la literatura revolucionaria, habría que reconocer, por otra parte, que el Gobierno de Castro ha logrado diseminar en Cuba y fuera de ella una propaganda sectaria que supo mezclar un cierto fervor nacionalista con el odio clasista y tocar en lo más hondo de muchos pueblos del Tercer Mundo.

La abundancia de publicaciones tendenciosas contribuyó a difundir una imagen de la revolución que no corresponde en muchos aspectos a la realidad. Se crearon mitos, se fabricaron héroes y se patentizaron logros que o bien habían sido exagerados o bien respondían a factores ajenos a la revolución.

¿Qué duda cabe en vista de lo anterior del peligro de desinformación que se cierne sobre el pueblo actual y futuro de Cuba y aún más sobre el juicio de la opinión pública mundial? Si la historia de la revolución y de Cuba fuera a quedar en las manos de esos autores extranjeros y cubanos que hicieron la apología de la revolución, quedaría para siempre adulterado y deformado el relato de lo ocurrido en nuestra patria.

Este libro es pues un esfuerzo por evitar esas consecuencias y contrarrestar la imagen deformada de la Cuba de antes y la revolución. El 40 aniversario de la revolución es también una ocasión propicia para efectuar un balance de sus realizaciones y llevar a cabo un inventario de lo que pudiéramos llamar el legado de Castro. Tiene asimismo el propósito de llenar lagunas y presentar en sus justos términos la razón de ser, el curso a veces sinuoso y el sentido último de la revolución. Y sobre todo dilucidar si ha habido o no ese pregonado desarrollo.

El enfoque seguido procura hacer una disección de los aspectos principales de la vida de un país, en este caso la vida cubana de estos 40 años. Comenzando con una discusión de las grandes líneas del sistema político, se procede enseguida a dedicar cuatro capítulos a los antecedentes, estructura y estado actual de la economía (agricultura, industria, sector externo de la economía e infraestructura y energéticos), se pasa luego a considerar al pueblo cubano como clase trabajadora y como sociedad consumidora, tocándose en detalle el tema de la igualdad y el privilegio. A continuación se examinan los llamados grandes logros de la revolución (la atención a la salud y la educación), se analiza el costado de represión e intolerancia que tipifica al castrismo y se consagra especial atención a la cuestión religiosa y la administración de justicia. Un capítulo especial ofrece un bosquejo biográfico de quien personifica el proceso revolucionario cubano, y otro final, se dedica a los últimos alabarderos del castrismo. Aunque se ha tratado de cubrir el mayor campo posible, el libro no pretende ser una historia completa de la revolución. La historia definitiva, ya se ha dicho, sólo será escrita después de la caída de Castro.

La multiplicidad de aspectos antes esbozados requiere un esfuerzo singular de síntesis y también una riqueza de especializaciones que está fuera del alcance de una sola persona. Es por eso que se ha preferido confiar esta obra al trabajo colectivo de quienes se hallan en condiciones de escribir con cierta autoridad sobre cada uno de los diversos temas y sobre Cuba. Se ha hecho también un esfuerzo por incluir referencias a la Cuba de antes, conjuntamente con el análisis documentado de los 40 años de revolución. Ello ha impuesto la necesidad de condensar ambos aspectos aunque procurando siempre cubrir lo fundamental. Apenas resulta necesario aclarar que cada uno de los autores es responsable sólo del contenido del capítulo o capítulos a su cargo.

Quienes hemos escrito este libro somos todos cubanos del destierro, cubanos que conocimos la Cuba de ayer y la de la revolución. Nuestra condición de exiliados no nos descalifica para escribir sobre Cuba. Si así fuera ni José Martí, ni Félix Varela, ni José María Heredia, hubieran podido escribir sus mejores textos. No somos de una misma ideología y algunos hemos incluso mantenido puntos de vista distintos sobre la estrategia y las tácticas a seguir en el problema de Cuba. Todos compartimos, sin embargo, un mismo amor por la patria y un mismo afán por hacer que resplandezca la verdad sobre Cuba. Casi todos somos, o hemos sido, profesores universitarios u ocupado cargos técnicos dentro y fuera de Cuba y tenemos un compromiso con la verdad. Ni las brumas del tiempo transcurrido, ni la distancia física, ni el turbión de lo acontecido ha podido entorpecer nuestro juicio ni hacernos olvidar nuestro deber de cubanos.

EL EDITOR


On May 13, 1999, the Internal Revenue Service (IRS), acknowledged receipt of the request and the required fees from Cuban Center for Cultural, Social & Strategic Studies, Inc. for recognition of exemption from Federal Income Tax as described in section 501(c)(3).

El 13 de mayo de 1999 el Internal Revenue Service (IRS) confirmó el recibo de la petición y las tasas para que se reconozca que Cuban Center for Cultural, Social & Strategic Studies, Inc. está exenta de impuestos Federales, según se describe en la Sección 501(c)(3).


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