THE CUBAN CENTER - EL CENTRO CUBANO


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MEDICINA, HIGIENE Y SALUD. Por Virgilio F. Beato Núñez

LA SITUACIÓN ANTERIOR A 1959

Para hacer un juicio crítico sobre los llamados «logros» en Medicina y cuidado de la salud alcanzados por la revolución marxista-leninista encabezada por Fidel Castro, tenemos que partir de dos hechos fundamentales. El primero, es presentar -aunque en apretada síntesis- como punto de comparación, los avances obtenidos en esa categoría por la República de Cuba en sus 56 años de vida, anteriores a la revolución, es decir desde 1902 hasta 1958, en que fue destruida por el nuevo régimen totalitario. El segundo, es imaginarse, basado en el acelerado progreso médico logrado en la República, sobre todo en sus últimos 25 años, lo que pudiera haber sido Cuba en ese campo sin la desviación representada por un régimen comunista. Se hubiera registrado una evolución que deja muy atrás a todas las realizaciones del presente régimen.

Comencemos for recordar que la guerra de independencia contra España finalizó en 1898, con la intervención de los Estados Unidos de América, en lo que se ha llamado la Guerra Hispano-Cubana-Americana, la cual dejó al país devastado por la cruenta contienda. En el extenso campo cubano imperaban, la miseria y el hambre, la desnutrición y las enfermedades, y las condiciones higiénicas eran deplorables. La fiebre amarilla, la fiebre tifoidea y el paludismo hacían los mayores estragos. La desnutrición, las diarreas infecciosas, las enfermedades exantemáticas, la difteria y el tétano, elevaban lastimosamente el índice de mortalidad infantil. El analfabetismo y la limitada educación agravaban el desolado cuadro. Un apreciable impulso inicial fue realizado por el gobierno interventor del General Leonard Wood, en cuyos tiempos, la comisión americana, presidida por Walter Reed, confirmó la tesis que por años venía sosteniendo nuestro Carlos Finlay sobre la transmisión de la fiebre amarilla por la hembra del mosquito Culex Aedes aegypti. Gracias al trabajo de las brigadas sanitarias, organizadas por William Gorgas, el saneamiento de La Habana y muchas ciudades del interior de la isla, ésta alcanzó un impresionante progreso, al punto de decirse que La Habana era una de las ciudades más limpias del mundo. En 1909 se creó por vez primera en Latinoamérica una Secretaría de Sanidad y Beneficencia.

Dado el limitado espacio de que disponemos en este libro, señalemos algunos datos que le revelarán al lector, no conocedor de ellos, el notable desarrollo de la Medicina y el cuidado de la salud alcanzado durante la breve vida de la república, el que podía compararse favorablemente con el de muchos de los países desarrollados de esa época.

ATENCIÓN ESTATAL A LA SALUD

Sin contar los hospitales y establecimientos sanitarios que fueron creados durante el período colonial -que no fueron muchos- observemos que de 1903 a 1933, se fundaron diez nuevos hospitales que aumentaron las camas hospitalarias a 6,893. Entre 1933 y 1958 se construyeron 36 nuevos hospitales, (muchos de los cuales hoy en día se les enseñan a los visitantes comos «logros» de la Revolución), que añadieron 14,248 camas. Si a ello le agregamos las camas de las instituciones mutualistas y privadas, se llega a la cifra de 35,000 camas para una población total de la isla de 6,630,921 en el año 1958, o sea, una cama por cada 199 habitantes. Esta proporción era superior a una cama por cada 200 habitantes que existía en los países avanzados. El número de médicos activos alcanzaba la cifra de más de 6,000 lográndose una proporción de 1/1,000 que se aceptaba, en aquella época, como una relación muy satisfactoria, sólo encontrada en los países más adelantados. Posteriormente comentaremos estos hechos tal como existen hoy en día en la Cuba castrista.

La Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana, única durante el período republicano, era un centro de enseñanza, de entrenamiento y de investigación que puso el nombre de Cuba bien alto en la Medicina mundial. La universidad era autónoma y recibía el 1% del presupuesto nacional. Fidel Castro, falsamente, y con el propósito de desmerecer los grandes logros de la república, afirmó varias veces, que sólo los ricos estudiaban en Cuba. Para desmentir tamaña falsedad, señalemos que casi la mitad de la matrícula universitaria en todas las carreras era gratuita y, en una de ellas, Agronomía, era totalmente gratuita. El costo de la matrícula para los que podían pagarla era de 45 pesos al año por curso de nueve meses, al que se agregaban 5 pesos por matrícula deportiva, y que se pagaban en tres plazos de 15 pesos cada uno. Además, por cada 20 alumnos se concedía un premio cuyo valor efectivo eran 15 pesos que podían aplicarse al pago de la misma. Todo estudiante pobre que quiso estudiar Medicina podía de esta manera ingresar en la Escuela de Medicina.

La asistencia médica y el cuidado de la salud en la Cuba democrática estaban caracterizados por el pluralismo, como se espera que suceda en todo país donde la libertad, los derechos humanos y el individuo cuenten en la vida nacional. El Estado, a través del Ministerio de Salubridad con todas sus dependencias, las provincias y los municipios con las redes de hospitales, dispensarios y Casas de Socorro, atendían gratuitamente o mediante un pago mínimo a todos los que acudían a recibir esos servicios. Las Casas de Socorro, estratégicamente situadas en los barrios de las ciudades, ofrecían esos servicios de urgencia continuos de 24 horas totalmente gratuitos a toda la comunidad. Muchas especialidades médicas tenían hospitales dedicados solamente a las mismas: Hospital de Ortopedia, Hospital del Cáncer, Hospital de Emergencia, Hospital de la Liga contra la Ceguera, Hospital de Maternidad, Hospital Infantil -con la excelente red de dispensarios infantiles de la ONDI (Organización Nacional de Dispensarios Infantiles)- y hospitales antituberculosos de adultos y niños, el Consejo Nacional de Tuberculosis, con los numerosos dispensarios antituberculosos diseminados por el país donde se practicaba la prevención y los tratamientos médicos y quirúrgicos de la enfermedad. Uno de esos grandes hospitales, el llamado Topes de Collantes por su localización, hoy lo han convertido en un hospital de turismo de salud, con el objecto de obtener de los extranjeros los dólares codiciados por un gobierno y un sistema en bancarrota. El cuidado y tratamiento de enfermedades como la lepra y la sífilis también tenían sus servicios especializados. El Hospital «Las Animas» se dedicaba a enfermedades infectocontagiosas.

Paralelamente a la gestión gubernamental del Estado, provincia y municipios, la iniciativa privada, amparada por un sistema de democracia y libertad, completaba las necesidades médicas del país. El sistema «mutualista» equivalente a lo que en Estados Unidos de América se conoce con el nombre de HMO (Health Maintenance Organization) le daba asistencia total a cientos de miles de asociados.

CENTROS REGIONALES, SOCIEDADES MUTUALISTAS

Y ENTES AUTÓNOMOS

Este sistema mutualista, donde el asociado pagaba una modesta cuota mensual, (que en la mayoría de los casos promediaba alrededor de 3.50 pesos) se había iniciado a fines del Siglo XIX y se fue perfeccionando al grado de contar cualesquiera de ellos con decenas de miles de asociados y algunos -los mayores- más de 100,000 miembros, que recibían todo el cuidado de la salud, desde la cuna hasta el cementerio; con visitas ilimitadas a los centros, visitas médicas domiciliarias a los enfermos, y hospitalizaciones con el tratamiento médico y quirúrgico del más alto estándar de la época. Algunos de esos centros completaban sus servicios ofreciendo educación gratuita en planteles propios de enseñanza y hasta balnearios en las playas.

En 1937 se creó el PLECS (Patronato para la Profilaxis de la Lepra, Enfermedades Cutáneas, y Sífilis), iniciando una campaña contra la frambesia en Oriente, estableciéndose una sala especial en el Hospital de Baracoa -con laboratorio propio- en cuya sala se había detectado un foco de esta enfermedad. Respecto a la lepra, existía desde tiempos de la colonia, el leprosorio de San Lázaro, en El Rincón, con capacidad para 300 pacientes. En 1938, se inició la construcción de un nuevo leprosorio, que se inauguró pocos años después, con capacidad para otros 300 enfermos de lepra. Este nuevo hospital, plenamente equipado, con edificación propia para la vivienda de todo el personal asistencial y administrativo, se instaló en una meseta de la Sierra Maestra, en la Finca San Luis, barrio de Jagua en Altosongo. En 1944, se hizo un censo que permitió conocer el número de enfermos de lepra (se registraron 2, 100 casos). El PLECS era un organismo autónomo tanto en el aspecto técnico como en el administrativo. Su instituto central radicaba en la sala Luaces, de la cátedra de piel y sífilis en el Hospital Universitario General Calixto García de La Habana. Además de los dos leprosorios, la profilaxis y tratamiento de la lepra para los enfermos no contagiosos, se crearon dispensarios en el Hospital Nuestra Señora de las Mercedes, en Marianao, Santa Clara, Matanzas, Camagüey, Santiago de Cuba, Bayamo y Guantánamo, y servicio para el despistaje de la sífilis, lepra y otras enfermedades en la sala de maternidad del Calixto García, en el reclusorio femenino de Guanabacoa, en las dependencias del centro de orientación infantil de Aldecoa y Torréns, en la carcel y Vivac de La Habana, y en el Hogar de Necesitados.

Al igual que la lepra, todas las dependencias del PLECS atendían gratuitamente a la profilaxis, detención serológica y tratamiento de la sífilis. El instituto serológico Chediak tenía a su cargo toda la investigación serológica de la sífilis de todos los componentes del servicio militar de emergencia y de las fuerzas armadas de la República.

Conviene también recordar las labores del Patronato Nacional de Colonias Infantiles. Había cinco en la isla, que realizaron una encomiable labor por muchos años, dando la asistencia médica, dental, nutricional y pedagógica a decenas de niños desvalidos y desnutridos. También la Corporación Nacional de Asistencia Pública proveyó ayuda monetaria y financiera, a todo lo largo de la isla, a instituciones de beneficencia, creches, asilos, escuelas y hospitales, vigilando por la salud e higiene de los niños, asilados, desvalidos y enfermos.

Otro organismo autónomo de asistencia y administración de hospitales fue la creación de ONAHE (Organización Nacional de Administración de Hospitales del Estado) con el objecto de establecer métodos técnicos y prácticos en relación con el funcionamiento de los hospitales y demás centros de asistencia social a cargo del Estado, atender a la divulgación hospitalaria, construcción, fundación, organización y orientación de dichos centros, así como la adquisición de cuantos equipos fuesen necesarios para los hospitales ya existentes y los de nueva creación y cuya acción también se extendió a las instituciones privadas, cívicas y religiosas, organizadas para la lucha contra el cáncer, la ceguera y la rehabilitación de inválidos o lisiados. La atención a los enfermos de cáncer estaba en las manos de instituciones estatales, como el magnífico Hospital Curie, equipado con los recursos más adelantados de la época, el Hospital Domínguez Roldán, el Instituto del Radium «Juan Bruno Zayas», la Clínica Dolores Bonet en Santa Clara y un dispensario en Santiago de Cuba. Privadamente, y en forma gratuita, la benemérita Liga Contra el Cáncer daba asistencia a miles de pacientes.

Es bueno reiterar que todas estas instituciones hospitalarias, centros de salud, clínicas y policlínicas, hoy tienen nombres distintos y los muestran a los visitantes como «logros» de la Revolución.

En las clínicas y hospitales privados en los que los asociados representaban uno de cada diez habitantes del país, se ofrecían todos los servicios médicos, preventivos y hospitalarios, por la módica suma a que hemos hecho referencia que promediaba 3.50 pesos al mes.

En 1953, la Corporación Nacional de Asistencia Pública (CNAP) amplió sus servicios con el propósito de erradicar la mendicidad, llevar auxilio a los damnificados por calamidades públicas, y conceder becas de estudios. Es bueno destacar que en ninguno de los numerosos ciclones que azotaron a la República en todos estos años, nunca se recabó ni se necesitó ayuda humanitaria alguna del extranjero para socorrer a los numerosos damnificados y a los pueblos afectados. La República era lo suficientemente capaz en el orden económico para no necesitar ayuda foránea. Recuérdese que Cuba apenas tenía deuda externa y el peso cubano valía un centavo más que el dólar. La Corporación Nacional de Asistencia Pública mantenía íntegramente o subsidiaba un total de 110 instituciones: 35 créches, 13 hogares infantiles, 4 hogares de ancianos, 30 asilos, 14 colegios, 5 colonias infantiles, y otras 9 instituciones, 4 de las cuales eran hogares de veteranos (veteranos del Ejercito Libertador).

Los niños gozaban de una especial asistencia. En 1952, se constituyó la Organización Nacional de Dispensario Infantiles (ONDI) que atendía a los niños desde la cuna hasta el comienzo de la adolescencia, dándoles la atención médica y hospitalaria necesaria y llevándolas a las más apartadas regiones de la República. A ese fin, se inauguraron 28 dispensarios, distribuidos entre las seis provincias de entonces; 5 en Pinar del Rio, 4 en La Habana, 13 en Matanzas, 6 en Las Villas, 5 en Camagüey, y 5 en Oriente. Miles de niños fueron atendidos por médicos, enfermeras, dentistas y empleados. Cada dispensario estaba equipado con camas para casos de urgencia, laboratorios, rayos X, farmacia, y todos los servicios se daban en forma totalmente gratuita.

Para atender los casos que requerían hospitalizaciones se crearon 4 hospitales generales de la ONDI: uno en La Habana, otro en Pinar del Rio, otro en Las Villas y otro en Oriente. Para dar una idea de los valiosísimos servicios ofrecidos por los dispensarios de la ONDI debe señalarse que, de 1954 a 1958, se prestaron 4,750,000 servicios; de ellos 1,796,057 consultas médicas, de las cuales 445,956 fueron de urgencia; 401,276 análisis de laboratorio y transfusiones; 1,367,298 inyecciones; 181,991 servicios dentales; 49,791 radiografías y fluoroscopías; 21,782 ingresos hospitalarios y 2,189 intervenciones quirúrgicas.

ASISTENCIA SOCIAL

En 1952, se creó el Patronato de Asistencia de Niños, Ancianos, Desvalidos y Enfermos (PANADE). Sus fines eran, prestar asistencia social y auxilio económico a personas carentes de recursos, proporcionar ropas, alimentos, medicinas y otros auxilios en especie, ayudar económicamente a instituciones de asistencia social; acudir en auxilio de damnificados for epidemias, huracanes, inundaciones, o cualquier otra calamidad. Miles y miles de personas se vieron favorecidas con la ayuda prestada por el PANADE, cuyos fondos provenían de la Lotería Nacional.

Para la rehabilitación de inválidos se creó la Organización Nacional de Rehabilitación de Inválidos (ONRI). Esta organización inauguró en Marianao, en 1954, un hospital ortopédico provisional, en el que en menos de un año recibieron tratamiento más de 13,500 enfermos. Pocos años después se inauguró el espléndido hospital de la ONRI con 170 camas y equipado con los últimos adelantos de la tecnología. En sólo dos años, hasta septiembre de 1958, pasaron por el mismo 12,620 pacientes, con 13,176 operaciones mayores y más de 80,000 aplicaciones de fisioterapia. Simultáneamente, se empezaron a construir, en los terrenos del hospital, una serie de edificios destinados a dar albergue y servicios de hogar a nacidos con impedimentos físicos y mentales sin posibilidad de curación. Dichas instalaciones estaban abundantemente dotadas de recursos científicos y profesionales, se hallaban al cuidado de las Hijas de La Caridad de San Vicente de Paúl y tenían capacidad para 250 pacientes.

La alimentación adecuada, tan necesaria para la preservación de la salud, fue también motivo de atención en los años de la República. En 1954, se creó la Organización Nacional de Comedores Escolares y Populares (0NCEP). Se construyeron 140 comedores escolares, que funcionaban desde las 11AM hasta la 12PM, para dar asistencia a los alumnos de las sesiones matutinas, al terminarse, y los de la vespertina, al comenzar. Se confeccionaba un menú, científicamente escogido, para dar las dos terceras partes de la ración calórica estimada de cada día. El almuerzo era gratuito para el que no podía pagar y el costo, a los que podían hacerlo, era de 5 centavos. Los comedores populares para adultos eran once y se pagaba 25 centavos. En dos años se sirvieron 1,610,725 almuerzos.

MEDIDAS PREVENTIVAS

Como hemos dicho con anterioridad, Cuba fue uno de los primeros países del mundo en elevar a jerarquía ministerial el departamento encargado de vigilar y proteger la salud del pueblo. Los gobiernos republicanos, sobre todo desde 1933 hasta 1958, hicieron del bienestar social y de la salud pública, unas de sus principales prioridades. Una de las creaciones de esa época fue la constitución del Instituto Técnico de Salubridad Rural (ITSR) que puso en práctica el llamado «Trípode Sanitario de Mejoramiento Rural» que consistía en: piso impermeable de cemento para el bohío; pozo herméticamente cerrado con su bomba manual, y letrina sanitaria. Con estos requerimientos se construyeron y entregaron decenas de miles. La Comisión de la Malaria, con la cooperación de la Fundación Rockefeller, se constituyó en 1933 y mantuvo una lucha contra el mosquito transmisor hasta el punto de que en 1958 sólo aparecieron aislados y escasos enfermos en la provincia oriental. Un convenio internacional concertado con la Oficina Sanitaria Panamericana de Washington, en 1952, para combatir el mosquito Aedes aegypti -transmisor de la fiebre amarilla- permitió acabar con la amenaza de un retorno de esa enfermedad a la que Cuba estaba expuesta por la cercanía, a través de puertos y aeropuertos, de los extensos focos selváticos de Suramérica.

La lucha contra la poliomielitis permitió la creación de un centro de tratamiento y rehabilitación que más tarde se convirtió en Instituto de Cirugía Ortopédica. En 1955, hubo un brote de la enfermedad que produjo 265 casos. Con la aplicación de medidas sanitarias, la epidemia se redujo a solamente 56 casos, con sólo tres defunciones. La aplicación de la vacuna de Falk y más tarde la de Sabin eliminó la enfermedad en los años posteriores. En 1957, hubo una epidemia de influenza con 65,854 casos con sólo 12 defunciones y cientos de miles de personas fueron vacunadas.

La vacunación contra la viruela, el BCG, la vacuna contra la polio, el tétano, la difteria, la tosferina, eran de obligatorio cumplimiento para todos los niños de edad escolar. La vacuna antitífica -fabricada en Cuba- se distribuyó por toda la isla. La vacuna antirábica, para uso humano y veterinario, también se fabricaba en el país y se exportaba a otros países.

En los años 40, se creó el Instituto Nacional de Higiene (INH), con laboratorio central de investigaciones y de fabricación de productos biológicos, curativos y preventivos, vigilancia de la pureza de los alimentos, bebidas y medicamentos, y elaboración de sueros y productos biológicos. En 1952, se expandieron sus funciones y capacidades con un departamento de bromatología y bioquímica con medidas encaminadas a garantizar la calidad y pureza de artículos de consumo humano, el control de los antibióticos, y el desarrollo de la acción insecticida. En ese laboratorio se elaboró la nueva vacuna antirábica y antivariólica, que Cuba puso a disposición de los pueblos de1 continente. Anexo al instituto, se estableció un centro de virología -actividad pionera en aquel entonces- en donde el conocimiento de los virus en la patología humana estaba abriendo un vasto campo de investigación médica. Cuba contaba con 14 bancos de sangre y se había establecido en el Hospital Lida Hidalgo el primer banco de arterias de la América Latina. En aquel entonces sólo existía uno en la ciudad de Nueva York. En 1954, se creó el Banco de Material Humano, bajo la dirección de un consejo integrado por representantes del cuerpo médico, forense, el Instituto de Medicina Legal y especialistas en Cirugía y Ortopedia. De acuerdo con la ley dicho banco debía crear sucursales en hospitales públicos y privados.

La cercanía de Cuba a los Estados Unidos facilitaba la comunicación científica y técnica entre los dos países. La medicina cubana antes de 1959, marchaba a sólo dos o tres años de atraso técnico en relación con el impetuoso avance de la medicina norteamericana. Sólo transcurrían dos o tres años antes que nuestros cirujanos comenzaran a practicar, exitosamente, las más avanzadas técnicas quirúrgicas desarrolladas, con sus enormes recursos, por los Estados Unidos.

Prueba de ello eran los avances de la neurocirugía, la cirugía pulmonar, cirugía cardiovascular y de todas las otras ramas de la Medicina. La oleada de médicos cubanos que arribaron a los Estados Unidos en los años 60, huyendo del régimen comunista, rápidamente encontraron su lugar en universidades, hospitales y centros de salud, en el país más adelantado del mundo en la Ciencia Médica. Son numerosísimos los médicos cubanos que ocupan puestos de relevancia en universidades e instituciones médicas norteamericanas, reflejando el adelanto de aquella República que, con sus defectos, pudo crear en un marco de libertad y convivencia democráticas, un progreso médico que la llevó a ocupar un lugar destacado entre las repúblicas hermanas de América.

En 1958, el coeficiente de mortalidad general no excedía de 7.5 para 1,000 habitantes. El estado epidemiológico convirtió a la República en uno de los países más sanos del mundo. En todo el orbe sólo existían seis países exentos de medidas de cuarentena. Uno de ellos era Cuba.

PERFIL DEL MÉDICO CUBANO

Si ahora enfocamos nuestra atención al médico, como individuo, y a la clase médica, como grupo profesional, tenemos que concluir que la vieja idea de Montaigne -que el mundo estaba sostenido por cuatro columnas y que una de ellas era la ciencia de los médicos- se confirmaba en Cuba. El médico era quizás la figura más prestigiosa y apreciada en la sociedad cubana. El 3 de diciembre, aniversario del natalicio de Carlos J. Finlay, se consagró como el «Día del Médico Cubano». Es emocionante recordar los miles de testimonios y regalos que se le ofrecían a los médicos por sus pacientes que se consideraban deudores y amigos agradecidos. El médico era un miembro más de la familia que siempre encontraba en él el apoyo material y solidario, no tan sólo para los padecimientos físicos, sino también para los problemas espirituales y morales. Se le veía como consejero y como alguien a quien se podía confiar intimidades y problemas familiares. Recuérdese que médicos fueron presidentes de la república y otros muchos senadores y representantes, alcaldes y concejales. La clase médica marchaba a la cabeza de las otras clases profesionales de Cuba.

Tempranamente, en 1925, los médicos se organizaron constituyendo 1a Federación Médica de Cuba, que años después en 1944, se transformó por 1ey de la República en el Colegio Médico Nacional. La labor realizada por la clase médica cubana fue encomiable. Constituyó estímulo y guía para la formación, en otros países latinoamericanos, de instituciones similares, pudiéndose decir, sin sonrojos de inmodestia, que ella fue líder indiscutible de los movimientos clasistas médicos de la América Latina. El Colegio Médico Nacional, amparado por la ley, con autoridad autónoma y a través de sus tribunales disciplinarios, de sus distintos comités y secciones, eliminó el intrusismo profesional, llevó al más alto grado la ética médica y mantuvo un constante progreso de superación a través de su programa de educación médica continuada. El Colegio Médico estudió y creó los proyectos para la reorganización de las carreras sanitaria y hospitalaria, medicina forense, medicina escolar y medicina del deporte; enviándose proyectos de leyes al congreso de la República a través de los comités médicos parlamentarios, que se habían constituido en ambas cámaras legislativas.

La creación del médico escolar e industrial fue otra contribución plausible. La seguridad social del médico se logró con la creación del Retiro Médico y la creación del Pabellón Borges, en los terrenos del Hospital Universitario Calixto García, donde el médico enfermo era atendido gratuitamente por sus compañeros. En 1955, se levantó con los fondos de la institución, el hermoso edificio que se llamó Palacio de la Medicina, en los terrenos situados en la Calle 23 y N en El Vedado, donde se alojaron el Colegio Médico Nacional, el Colegio Médico de la Habana, y el Retiro Médico, con amplio auditorio para convenciones y conferencias. Otra contribución del Colegio Médico Nacional fue el Consejo de Medicamentos, Alimentos y Cosméticos, para la supervisión y control de todos los productos elaborados en Cuba o importados del extranjero, al que se integraron la totalidad de los laboratorios nacionales y algunos de los laboratorios del exterior. Se constituyeron las comisiones (boards) de especialidades para otorgar títulos de especialistas a los que llenaran los requisitos exigidos, mediante exámenes similares a los practicados por los «boards» de especialidades norteamericanos.

Como puede apreciarse, el estado de la salud y la medicina que encontró el régimen comunista, era muy distinto del que interesadamente la propaganda castrista y sus corifeos internacionales han presentado al mundo; mienten deliberadamente y ocultan la verdad que Cuba, en el orden médico, estaba por encima de muchos de los países más ricos y desarrollados del planeta.

En 57 años de república, Cuba se levantó de ser un país atrasado y devastado por una cruenta lucha, que se inició en 1868 y terminó en 1898,

azotado por los flagelos de la miseria, el analfabetismo, las epidemias y el

abandono sanitario, a ocupar el tercer lugar de los países del continente americano en nivel de vida y atención de la salud. Sin embargo en su afán

por denigrar la Cuba de antes, Castro disemina por todo el mundo informaciones falsas sobre el estado de la salud. Un ejemplo de ello se tiene en la indicación hecha por la Academia de Ciencias de la Unión Soviética en el sentido de que el 14 por ciento de la población rural de Cuba padecía de tuberculosis y el 30 por ciento de malaria (Historia de Cuba, Tomo III, 1981). Para el consumo doméstico, Castro afirmó en 1975 que antes de la revolución el estado sanitario del país se podía calificar de pésimo, no existía la medicina rural, tampoco se llevaban estadísticas de salud y para ingresar en un hospital hacía falta recomendación política (Informe Central al Primer Congreso del PCC, 1975). Era un infundio dirigido en especial a los jóvenes.

LOS LLAMADOS LOGROS DE LA REVOLUCIÓN

Veamos ahora los «logros» alcanzados en la Medicina y en el cuidado de la salud en los cuarenta años del gobierno totalitario marxistaleninista y stalinista que ha oprimido al pueblo de Cuba durante las cuatro últimas décadas.

Con el próposito de llegar a un juicio objetivo y equitativo sobre el tema, comencemos por definir los conceptos de «logros» y «salud». Logro no es sólo «acción y efecto de lograr». La palabra conlleva un componente cualitativo. La usamos sólo cuando se obtiene en exceso, es decir, más de lo naturalmente esperado. El concepto de «salud» también ha cambiado. En 1978, la Organización Mundial de la Salud (WHO) y el Fondo Infantil de las Naciones Unidas (UNICEF) organizaron una reunión a la que acudieron representantes de 134 países, con el objeto de programar la lucha dirigida a obtener salud para todos para el año 2,000. De esa Conferencia Internacional surgió la «Declaración de Alma-Ata», enunciando un nuevo concepto de salud y elevándola al mismo rango de la «Declaración de Independencia» y de la «Declaración Universal de los Derechos Humanos». Ella establecía que la «salud es un completo estado de bienestar físico, mental y social y no meramente la ausencia de enfermedad o achaque». («health is a state of complete physical, mental, and social well-being and not merely the absence of disease or infirmity»).

Establecidas esas premisas comencemos a analizar las realizaciones que la propaganda castrista ha elevado a la categoría de «logros». Uno de ellos concierne a la enseñanza médica, el número de escuelas de medicina y el número de médicos. Cuba contaba antes de la crisis de los 90 con 21 escuelas de medicina y alrededor de 65,000 médicos. Es, sin duda, el país que más médicos por habitante tiene en el planeta. Ahora, ¿es eso un «logro»? ¿Es eso aconsejable a los otros países? Aquí debernos diferenciar lo que es pura propaganda política, de lo que es necesidad, utilidad, eficiencia y excelencia. Es un fenómeno común a todos los países comunistas la superproducción de médícos, lo que obedece más a la propaganda que a los requerimientos reales del país, determinados solamente por la necesidad y la demanda. Ese mismo problema lo confrontó el Fondo Monetario Internacional y el Consejo Europeo cuando acudieron a ayudar a los países de la Europa Oriental, incluidos los estados bálticos.

En un estado totalitario, como la Cuba de Castro, todos los hospitales, clínicas, sanatorios y centros asistenciales, farmacias y medicamentos, son propriedad del Estado; él determina las características y las normas de conducta de todos los médicos. Hoy en día el egresado de una escuela de medicina cubana tiene que jurar el juramento hipocrático al que se le adiciona la renuncia a la práctica privada de la Medicina. Castro, desde un principio, estableció el criterio de la necesidad de médicos «revolucionarios» más que médicos científicos. La selección del estudiante se basa principalmente en el expediente acumulativo que desde la primera enseñanza se le sigue a todos los alumnos y en donde se contemplan todos los aspectos personales y familiares, ideológicos y religiosos, que puedan ser interpretados como favorables o no a la conciencia revolucionaria. El haber sido pionero con su pañoleta roja, su entusiasmo por los trabajos voluntarios, su filiación en la Juventud Comunista, su actividad internacionalista, su falta de creencia religiosa, su participación en los actos de masa, todo ello cuenta a la hora de la selección de los futuros médicos. Durante mucho tiempo, en los tres primeros años de la carrera de Medicina, fue asignatura obligada el estudio de la Filosofía Marxista.

Esta asignatura comprendía, por supuesto, la enseñanza del marxismo, del materialismo histórico y de la dialéctica, adoctrinando a los estudiantes con ideas obsoletas y la bobería marxista de que sólo gracias al marxismo la ciencia puede progresar, afirmación rotundamente negada por la realidad de los hechos cuando se compara el desarrollo científico de los ex-países comunistas con el de los países capitalistas. En cada año de la carrera todo estudiante tiene que tomar también educación militar. Es obvio que se trata de una enseñanza viciada por una ideología impuesta, que conduce a una doble deformación humana: al nacimiento de un fanático ideológico o a la creación de una vida insatisfecha por el conflicto entre un sincero rechazo interior y una hipócrita aceptación externa, a que lo obliga la necesidad de vivir.

En una entrevista dada por Fidel Castro al periodista Gianni Mina en 1987, en el libro «Habla Fidel», a la pregunta: «¿Cuántos médicos salieron del país después del triunfo de la Revolución; cómo afrontaron ustedes esta fuga de talentos y cómo cambiaron la situación en 27 años?» Castro dio la siguiente respuesta:

«Hoy contamos con 25,000 y tantos médicos. En los próximos tres meses se incorporarán alrededor de 3,1000. Tendremos 28,000 médicos. En una población de 10 millones y medio de habitantes. En el año 1988, se graduarán 3,600 y en 1990 estaremos graduando ya alrededor de 4,000 médicos por año. Están ingresando 5,000 estudiantes en la facultad de medicina, seleccionados por su expediente, su vocación en Medicina. Tenemos 21 facultades de medicina y en todas las provincias ya se forman los médicos. La capital tiene seis, e incluso tenemos un número de becas para estudiantes del Tercer Mundo que estudian medicina en Cuba. En perspectiva, calculamos que en el año 2,000 -que no está tan distante, faltan menos de 13 años- tendremos unos 65,000 médicos, de los cuales 30,000 estarán en la red de hospitales y 20,000 estarán en la comunidad como médicos de familia. Un programa muy novedoso que no han desarrollado otros países y que está dando unos resultados extraordinarios. El médico de la familia atiende una comunidad determinada, como factor fundamental en la medicina primaria. Tendremos 20,000 en eso. Tendremos unos 5,000 en fábricas, escuelas, bajo el criterio de que donde quiera que esté el ciudadano debe estar el médico: en el centro de trabajo; si es ama de casa, allí; si es de estudiante, en una escuela; si tiene que ser recluido, en un hospital. Ese es el concepto.

De esos 65,000 tendremos 10,000 trabajando en el exterior, según nuestros cálculos, porque hay una gran demanda de nuestros médicos, y ésto como colaboración con el Tercer Mundo. Después graduaremos otros 10,000 para darles un año sabático cada siete años a los médicos para su preparación. Sobre esto podría hablarte mucho. Nos llevaríamos todo el tiempo si hablara de los programas que estamos haciendo en la Medicina».

Como puede inferir el lector, lo anterior encierra sólo un concepto de «fábrica», donde la calidad se desconoce y sólo se atiende a la cantidad propagandística; donde la necesidad real de la población no es la que determina el programa estatal de creación y utilización de médicos, sino el objetivo político de propaganda internacional, y el de utilizar al médico como agente de infiltración y explotable mercancía de cambio, en los países del Tercer Mundo, que pagan al gobierno castrista en divisas y éste remunera en pesos cubanos devaluados a aquellos que envía al extranjero.

Para que se pueda apreciar el disparate social y económico que representa ese número exagerado e innecesario de «escuelas de medicina» y de médicos graduados, tómese como ejemplo comparativo a cualquier estado de los Estados Unidos de América o de cualquier otro país del mundo avanzado. La comparación servirá para poner de relieve que el programa de Castro, ha conducido a la explotación del médico, que hoy recibe sueldos miserables, que oscilan entre 20 y 30 dólares mensuales y que tienen que transportarse a pie, en autobuses o en bicicletas -salvo los poquísimos que pueden hacerlo en un automóvil. Si a eso recordamos que, durante el período de estudiantes y después de médicos, tienen que dedicar muchísimas horas a «trabajos voluntarios», «guardias de vigilancía», «adoctrinamiento político» y presencia en las concentraciones organizadas por el régimen, se comprenderá que la gratuidad de la enseñanza es otro de los tantos mitos creados por la propaganda del régimen. Recuérdese que antes de la revolución, casi la mitad de los estudiantes tenían matrículas gratuitas y sólo costaba 45 pesos el curso anual, a aquellos que podían pagarlo. El médico cubano actual ha perdido totalmente su libertad de opción. Se le determina el tipo de práctica que va a ejercer en el futuro: si médico de familia, si especialista y, dentro de estos últimos grupos, cuál especialidad.

Sólo los hijos de los funcionarios y pertenecientes a la nomenclatura (los hijos de papá) pueden ver realizados sus deseos y obtener las mayores ventajas. Como consecuencia de esta disparatada planificación, hoy observamos la enorme cifra de deserciones que se produce cada vez que se presenta una oportunidad de escapar de ese régimen. Miles y miles de médicos han huido de la isla: desertando de los contingentes enviados al extranjero, o por Camarioca, Mariel, Guántanamo, las balsas, los aviones, volcando sobre el mundo entero a los que, afrontando el peligro, decidieron liberarse. Sólo en la base naval de Guantánamo había más de 400 médicos los que hoy en día se encuentran en los Estados Unidos. Existe además, la deserción interior de los que prefieren trabajar en el área turística y en cualquier otra actividad que le dé cierto sentido de independencia; así, vemos gran cantidad de médicos como taxistas, guías turísticos, dependientes de restaurantes, o empleados de hotel. El médico de familia es otro candidato seguro a la frustración y al estancamiento, que lo convierten, en poco tiempo, en un enfermero más. Dedicado a resolver problemas insustanciales y elementales de su cerrada y pequeña comunidad, y desprovisto de recursos adecuados, pierde el deseo de superación al verse enclaustrado indefinidamente en un ambiente limitado y rutinario.

¿Qué logro médico representa fabricar una plétora profesional, donde un alto porcentaje es enviado al extranjero para que sean pagados por los países que lo reciben y de cuyo pago el gobierno se apodera de la mayor parte? ¿Qué logro médico representa la deserción de miles de médicos que huyen del régimen castrista cada vez que el gobierno afloja la vigilancia y la represión? ¿Qué logro médico representa el derecho a impedir los estudios, o a expulsar de ellos, a quienes no han dado muestra de total aceptación de los postulados de la «Revolución»? ¿Qué logro médico representa el verse obligado a participar en actos de repudio, vigilancia nocturna, denuncias, trabajos voluntarios con fines políticos, so pena de ser considerados desafectos a la Revolución y ver truncados su porvenir y su destino? ¿Qué logro representa a la medicina cubana el encarcelar a un médico como el doctor Mendoza por señalar la existencia real de un brote de dengue en Santiago de Cuba?

En la Cuba del mañana, cuando la democracia vuelva a florecer, el Estado se repliegue a sus funciones propias y una economía de mercado guíe la actividad económica del país, estos 65,000 médicos, que no podrán ser mantenidos, al faltar el subsidio estatal, representarán un problema social que habrá que afrontar como lo afrontaron todos los países comunistas de la Europa oriental.

LOS HOSPITALES PARA EXTRANJEROS -

EL «APARTHEID» MÉDICO

Muchos extranjeros que visitan a Cuba regresan impresionados con los hospitales cubanos que les enseñan, pero sin saber que la mayor parte existían antes de la Revolución. El gobierno castrista, impúdicamente, cambió los nombres de la inmensa mayoría de los hospitales de la República -nombres que tenían significación médica o patriótica- por otros cuyo solo mérito radicaba en haber pertenecido a las huestes del 26 de julio.

Así, al Hospital Nuestra Señora de las Mercedes se le cambió el nombre por el de Manuel Fajardo. Al Hospital Infantil de Rancho Boyeros le pusieron el nombre de William Soler. A la Clinica Miramar le cambiaron el nombre por el de Cira García. El Hospital Hermanos Ameijeiras es la transformación en hospital del edificio del Banco Nacional de Cuba. Al Pabellón Borges, construido por el Colegio Médico Nacional en los años 50, también se le cambió de nombre y se ha dedicado a los extranjeros con el anuncio que está consagrado al tratamiento de «third age patients and to expand life expectancy». Así, pudiéramos citar una larga lista de los mismos.

Sí, es verdad, que durante los cuarenta años que dura el régimen de Castro se han construido numerosos hospitales en La Habana y en provincias. La U.R.S.S. enviaba a Cuba un subsidio de $6,000,000,000 anuales cuyo monto total, durante los años recibidos, es muy superior a la ayuda que el plan Marshall le dio a toda Europa al final de la segunda guerra mundial. Mas cuando se estudia el sistema hospitalario de Cuba, salta a la vista una desigualdad vergonzosa que sólo puede describirse como un «apartheid médico». El grupo de hospitales, a los que se le da extensa y costosa propaganda en el exterior, para atraer pacientes que paguen en divisas, está equipado con todos los recursos técnicos necesarios, comprados en países extranjeros. Son hospitales lujosos que se anuncian en el exterior en satinados «brochures» con finas impresiones, como por ejemplo: «SERVIMED en Cuba: un destino ideal para su salud (the home of health tourism)»; «Cubanacán, S.A., Cuba. La salud más saludable». Con fotos de hospitales y una larga lista de servicios y facilidades. Otro anuncio: «RESERVE: más salud para su vida». «CUBATUR ha pensado en usted: programas de turismo de salud que abarcan prestigiosos centros asistenciales, balnearios de aguas minero-medicinales, y modernísimos centros de salud; especialidad en: chequeos médicos y odontológicos, tratamientos para solearse, vitiligo, alopecia, asma, hipertensión, obesidad y curas «anti-stress». Otro: «CIREN: mejore su calidad de vida, el único centro dedicado con integralidad básico-clínica al complejo ámbito de la neuro-restauración». En ninguna de esas publicaciones de propaganda se habla de escasez de recursos, ni de carencias de medicinas. A esas instituciones sólo tienen acceso los extranjeros, los diplomáticos, los miembros de la nomemclatura, los funcionarios del régimen y sus familiares, y todo aquél que pague en dólares, pero están totalmente vedadas al sufrido pueblo de Cuba.

Contrastando con el lujo de esas instituciones, la inmensa mayoría de los otros hospitales habaneros y del resto de la isla, yacen en un estado deplorable en donde lo más básico falta, la higiene se caracteriza por su ausencia, los quirófanos contaminados que obligan a cancelar operaciones, el instrumental escaso y obligadamente reusable que favorece las infecciones, escasez intolerable de placas radiográficas, total ausencia de material médico y quirúrgico desechable, y en los que los pacientes tienen que llevar sus propias sábanas, almohadas, frazadas y hasta alimentos. En ellos, las farmacias están desprovistas de medicamentos, no sólo de los más modernos antibióticos sino, muchas veces, hasta de lo más elemental como la aspirina y, donde catéteres y sondas tienen que guardarse para volverse a usar después de desinfecciones en agua hirviendo que no logran la esterilización adecuada.

Todo este lamentable estado hospitalario corresponde al testimonio de familiares de enfermos que han tenido que estar ingresados en los mismos y de médicos que continuamente siguen llegando a estas playas.

SUPUESTOS AVANCES Y DESCUBRIMIENTOS

La propaganda castrista de la Medicina anuncia tratamientos «únicos en el mundo» y descubrimientos que no son substanciados por la realidad. A bombo y platillo han promovido la cura de la retinosis pigmentaria y, en su propaganda, han elevado el rango de esa impostura al de Programa Nacional de Retinosis Pigmentaria y Centro Internacional de Retinosis Pigmentaria «Camilo Cienfuegos» y hasta hablan de una Escuela Cubana de «Retinosis Pigmentaria». Yo he leído la monografía «Retinosis Pigmentaria: experiencia cubana» del doctor Porfilio Peláez Molina, creador del método y director del programa nacional. En la introducción de la monografía afirma «haber realizado un importante trabajo epidemiológico que, como resultado principal, tiene el control y seguimiento de 2,665 pacientes desde 1987. La monografía consta de 207 páginas. Salvo las dos páginas y media en las que se describe la técnica de revascularización, el resto, es puro relleno tomado de la literatura existente. Se llega a enumerar minuciosamente todos los tratamientos disparatados que se han hecho en distintas partes del mundo y, como casi siempre, a pesar de los «buenos resultados», los hechos ulteriores han ofrecido el total abandono de los mismos. Lo curioso es que, no obstante lo anticientífico de todos esos métodos, fueron también usados por la flamante «Escuela Cubana de Retinosis Pigmentaria». Uno de esos tratamientos realizado sin resultados satisfactorios consistió en el implante de algún tejido vascularizado para provocar la angiogénesis y mejorar la vascularización de los tejidos del ojo. A ese efecto se utilizaron -entre otros tejidos- el omento y la placenta. Pues bien, el «extraordinario» avance de esa Escuela Cubana, consistió en utilizar un tejido adiposo-vascular de la órbita en el espacio supracoroideo, con la presunción de que, a través de la angiogénesis, se contribuiría a mejorar la función de los fotoreceptores aún activos. A esta intervención quirúrgica se le añaden dos tratamientos, sin ninguna base científica comprobable, como la ozonoterapia y la estimulación eléctrica.

Yo he hablado con numerosos oftalmólogos, algunos del instituto de fama internacional, Bascon Palmer, de esta ciudad de Miami, y todos rechazan como inservible el tan elogiado tratamiento. Eso sí, el mismo le ha dado muchos dólares al gobierno cubano procedentes de los bolsillos de los infelices extranjeros que, atraídos por la propaganda, han sido engañados. Alguien, con justificada razón, se preguntará: ¿cómo es posible que un tratamiento que no resuelve pueda mantenerse por largo tiempo sin que la evidencia lo desacredite? Sépase que la retinosis pigmentaria es una enfermedad genética que conduce progresivamente a la pérdida de la visión, pero ésta se desarrolla muy lentamente y como lo que se ofrece es la detención de la enfermedad y, en algunos casos, cierta mejoría, siempre tiene que transcurrir mucho tiempo antes de que la ilusión se desvanezca. Eso ha occurrido frecuentemente en la historia de la Medicina. La extirpación del cuerpo carotideo para la curación del asma y el enfisema se practicó por años a cientos y cientos de pacientes hasta ser prohibida por la Asociación Americana de Medicina (AMA) por ser una farsa. Muchos años atrás se practicó la ligadura de la arteria mamaria interna como tratamiento de la angina de pecho. Muchos trabajos fueron publicados proclamándose resultados favorables y testimonios de enfermos que los respaldaban, hasta que por el control realizado mediante operaciones simuladas se demostró lo inservible del procedimiento quirúrgico y hoy en día está totalmente desechado. ¿Cuántos años pasaron antes de que las gentes se convencieran que el Letril no ayudaba a combatir el cáncer, a pesar de que no faltaban los «éxitos» y las «estadísticas» favorables de los promotores del «negocio».

Otro de los grandes «descubrimientos» de la medicina castrista es la supuesta curación del vitiligo, y sobre esto también abunda la propaganda hacia el extranjero. No quiero extender el análisis del tratamiento, que sólo mejora la pigmentación de la piel, utilizando una sustancia obtenida del tejido placentario. Sobre el mismo, son los propios médicos cubanos los que expresan su escepticismo y sus críticas.

LOS HOSPITALES PARA EL PUEBLO Y EL EMBARGO

Antes de analizar el estado de la higiene y la salud del pueblo de Cuba en estos últimos cuarenta años aclaremos otro de los tantos mitos de la «Revolución": que el deplorable estado de los hospitales del pueblo, la enorme carencia de medicinas, la miseria y el hambre, son productos del embargo norteamericano («bloqueo» le llama Castro) que la propaganda de la izquierda internacional y los intereses comerciales, por años, han propagado por todo el mundo. Desde el inicio de su gobierno en enero de 1959, Castro planeó -siguiendo la estrategia comunista oculta- sustituir todas las medicinas y laboratorios norteamericanos, así como las películas cinematográficas y otros productos, provenientes de los Estados Unidos, por los del campo socialista. Recuerdo a Raúl Castro en la televisión, citando los «muñequitos» hollywoodenses y personajes como Superman y los cowboys, que creaban una imagen de superioridad norteamericana. A fines de 1960 o principios de 1961 más o menos, fuí a ver, como médico, al representante de la compañía cinematográfica Paramount en Cuba. Era un culto judío americano que vivía en la quinta avenida de Miramar. Después de examinarlo y recetarle me quedé un rato conversando con él sobre la situación política de entonces. El hablaba un castellano fluido y me confió que el gobierno cubano no le estaba pagando a la Paramount por las películas importadas y que la casa matriz, en los Estados Unidos le había comunicado que le daba un plazo para que abonase parte de la deuda, para poder continuar enviando las películas. Pocas semanas después, Castro, por televisión, acusó a las compañías cinematográficas americanas de establecer un bloqueo de películas, justificando la expropiación de sus pertenencias y la necesidad de recibir los films del campo socialista, principalmente de Checoslovaquia y la U.R.S.S. De igual modo procedió Castro con las compañías farmacéuticas norteamericanas. El gerente general de la casa «Merck and Sharp-Dohme» así como «Lilly» también me contaron como se habían suspendido todos los pagos por los productos farmacéuticos, lo que le permitió a Castro denunciarlas y apropiarse de todos los recursos y mercancías que existían en depósitos, para dar entrada a los productos de muy inferior calidad de los países socialistas, como parte de su plan de total integración con la U.R.S.S. Durante todos los años en que la U.R.S.S. amparó a Cuba enviándole un subsidio de alrededor de $6,000,000,000 anuales, Fídel Castro, se mofaba del embargo.

En la entrevista concedida por Castro al periodista italiano Gianni Mina -anteriormente citado- recorría él con Castro, dependencias del Instituto de Biotecnología y, éste le mostraba a aquél, algunos de los aparatos del centro, entre ellos un microscopio electrónico. Pregunta el periodista: -«¿Cuánto cuesta este aparato? -Éste costó alrededor de $1,000,000. Ahora sería más caro. Éste se compró hace como dos años. -¿Y éste, dónde lo compraron? ¿se puede saber? -Es japonés. Le hago la propaganda gratis porque realmente es bueno. -¿Hay muchos artículos japoneses aquí en Cuba? -Sí, porque es uno de los mercados donde podemos comprar. No podemos comprar, por ejemplo, en los Estados Unidos; y posiblemente no lo hubiéramos comprado, aunque pudiéramos, porque allí todo está muy caro, y en algunos casos, se han quedado detrás de los japoneses».

Como fácilmente se deduce, hasta 1991, en que se derrumbó la U.R.S.S., dejando a Castro huérfano del enorme subsidio que recibió por tantos años como pago a su labor de subversión comunista en Latinoamérica y como punta de lanza contra Estados Unidos durante la Guerra Fría y Brazo Armado en África y Asia de la política exterior soviética, Castro pudo obtener, principalmente de Europa y Japón, cuanta medicina y equipos necesitaba para sus ambiciosos planes de convertir a Cuba en una «potencia médica» como solía reclamar. Nunca durante todos esos largos años se quejó del embargo, del que desdeñosamente se mofaba. Después de 1991, sin subsidio, sin créditos internacionales, con una enorme deuda exterior que no puede pagar, con una producción en crisis y con una demanda que aumenta a la par del crecimiento de la población, contemplamos el derrumbe de la economía cubana con su inexorable consecuencia sobre los servicios médicos, la higiene y la salud, que veremos más adelante. Cuando serena y objetivamente pensamos cómo hubiera sido el progreso de Cuba en todos los órdenes, incluido el médico, a tenor del enorme avance logrado en los últimos 25 años de la República, tenemos que colegir, que estos cuarenta años del régimen comunista representan un período de estancamiento y atraso que ha llevado a Cuba a descender en las estadísticas mundiales y aun entre los pueblos hermanos de América.

EL ESTADO DE LA HIGIENE. ABORTOS Y SUICIDIOS

Consideremos ahora los «logros» en higiene y salud: ¿Qué higiene puede haber donde falta la electricidad gran parte del día? Donde los alimentos se descomponen cuando faltan los refrigeradores o estos no funcionan. Cuando la basura se amontona en las calles; las casas se derrumban; la comida escasea al grado de reducirse, en muchas ocasiones, a una sola en el día. Donde las aguas están contaminadas, los mosquitos y roedores han aumentado su población. Donde no hay jabón, ni desodorante, y el agua escasea. Donde la contaminación fluvial se extiende al manto freático y donde la ecología ha sufrido un daño irreparable. Donde la juventud es enviada al campo, separada de sus hogares, con el consiguiente aumento del parasitismo intestinal y promiscuidad sexual; donde no existe material médico desechable que garantice la asepsia, etc., etc. Prueba al canto son las epidemias de dengue hemorrágico, transmitido por el mosquito, y las que nunca se vieron antes, al menos desde 1937, en que ingresé en la Escuela de Medicina, hasta agosto de 1961 en que abandoné la isla y en cuyos 17 últimos años trabajé diariamente en el Hospital Universitario Calixto Garcia, el principal de Cuba en aquella época. Juan Benemelis, en su libro «El Ultimo Comunista», señala que el dengue aquejó a más de un millón de personas en los últimos años, y sólo en 1981 afectó a 270,000 habitantes de los cuales fallecieron muchos, incluidos 81 menores. La espiroquetosis icterohemorrágica, transmitida por las deyecciones de las ratas, y reportadas ahora frecuentemente, era prácticamente desconocida en nuestro medio, salvo unos casos erróneamente diagnosticados, por gentes sin experiencia, en los años 50. Cuba nunca tuvo en su época republicana una severa epidemia de neuritis óptica y periférica por avitaminosis y desnutrición, cuya verdadera causa el gobierno trató de ocultar, por el descrédito que representaba ante el mundo, ese hecho, para una cacareada «potencia médica».

Cuba tiene hoy en día el privilegio de ser el país con más abortos en el mundo, y ocupa el primer lugar en número de suicidios en América Latina y uno de los más altos del mundo. La fundación Lawton, de derechos humanos en Cuba, ha denunciado que en 10 meses del pasado año 1997 se realizaron en el hospital materno-infantil del municipio «Diez de Octubre» dc Luyanó, La Habana (antigua «Hijas de Galicia»), 1,783 abortos mediante los 3 siguientes procedimientos: 1,549 por legrado; 36 por aplicaciones de Rivanol y 58 por regulaciones menstruales.

De las 36 mujeres embarazadas, a las que en ese año se le practicó el aborto por el método Rivanol, 12 estaban comprendidas entre las edades de 10 y 18 años, y de estos 12 casos, 8 se hallaban entre los 14 y 16 años. Otras 14 tenían entre 19 y 24 años; y del resto, 10 eran mayores de 25 años. La denuncia señala que 27 por ciento de esos 33 abortos por Rivanol mostró que las criaturas nacieron vivas y no se les proporcionó ayuda médica, dejándolas morir. El 80.6% de estos 33 niños, cuyas vidas se cegaron antes de la hora natural del alumbramiento, estaban sanos, sin ninguna malformación congénita. De esas 36 embarazadas, 17 estaban entre las 17 y 20 semanas de gestación; 16 se hallaban entre 21 y 24 semanas; y 3 entre 25 y 26 semanas de embarazo. A los niños que nacieron vivos -denunciaron sus madres- se les cortó el cordón umbilical para que se desangrasen y otros fueron envueltos vivos en un cartucho de papel hasta la asfixia. El médico que hizo la denuncia fue encarcelado.

En cuanto al suicidio, hay un estudio hecho por Mayda Donate y Zoila Macías titulado: «Suicide in Cuba and Miami» y publicado por el Consejo Nacional Cubanoamericano. La primera es una sicóloga, educada en Cuba, que desde 1993 abandonó la isla; y la otra una médico, que fue Directora de Estadísticas Nacionales en el Ministerio de Salud, entre 1991 y 1994. El estudio indica que la tasa de suicidios en la isla casi se triplicó entre 1969 y 1982, de 8 a 23 por cada 100,000 personas. Tan seria fue la crisis, que el gobierno, en 1979, clasificó las estadísticas de suicidio como secreto de Estado y comenzó a ocultarlas. Donate estima que la tasa actual de suicidio en Cuba es de más de 20/100,000, lo que pone a Cuba por delante del promedio en América Latina, donde las tasas de suicidios están entre 8/100,000 y 12/100,000. La mujer cubana de la isla comete suicidio más frecuentemente que las cubanas que viven en el extranjero. Aunque el promedio mundial es de una mujer por cada tres hombres, el porcentaje de la mujer cubana en la isla es casi igual al de los hombres. Eso significa que las mujeres cubanas tienen la tasa de suicidios más alta del mundo.

Ello refleja la frustración, el estrés, la desesperanza, la infelicidad y las duras condiciones de vida mantenidas por la represión y el terror, originados por el monumental fracaso del régimen totalitario del llamado «socialismo científico». Recuérdese la definición de la salud y la declaración de Alma-Ata que reproducimos en el inicio de este estudio: «salud es un completo estado de bienestar fisico, mental y social y no meramente la ausencia de enfermedad o achaque».

BIOMEDICINA Y BIOTECNOLOGÍA

El último aspecto que vamos a analizar es el del progreso en la Biomedicina y Biotecnología. En 1982, el gobierno cubano emprendió un ambicioso proyecto, con el que esperaba convertirse en «potencia médica», más para propaganda externa que para resolver los urgentes e inmediatos problemas en las necesidades médicas y el cuidado de la salud del pueblo cubano. El proyecto, nacido del carácter megalomaniaco del dictador, con fines de propaganda externa que deslumbrase a los países del Tercer Mundo, ha desviado recursos necesarios para mejorar la cantidad y calidad de los medicamentos y servicios que con ansiedad reclama el pueblo de Cuba. Ese es otro ejemplo más de la improvisación y la falta de planificación racional y técnica, donde el deseo de propaganda predomina sobre el responsable análisis de las necesidades y de la consideración costo-beneficio. Es algo así como vestirse de frac en el empobrecido ambiente de un solar habanero. Esas instituciones, con nombres altisonantes, que levantan expectativas más allá de sus limitadas y escasas realizaciones, son las «joyas» a las que llevan a los invitados interesados en conocer sobre la medicina cubana. Así tenemos: «Centro de Investigaciones Biológicas (CIB)», Ingeniería genética, Inmunoensayo, Producción de animales de laboratorio, Inmunología molecular, Química farmacéutica, Producción de sueros y vacunas y el Instituto de Medicina Tropical. Cuando se consideran los «logros» obtenidos por estas instituciones a través de todos estos años, se ve una vez más, la falta de planificación racional, originada más por motivos propagandísticos que por aliviar las verdaderas necesidades médicas del pueblo, así como el balance negativo de la ecuación costo-beneficio.

Citemos algunos de los más relevantes: el interferón, que ya existía en muchos países de Europa y en los Estados Unidos, y cuya aplicación médica dio resultados que han estado muy lejos de las expectativas iniciales, y hoy en día sólo se usa en limitadas condiciones, como algunas formas de leucemia, hepatitis crónicas B y C y como coadyuvante en el tratamiento de algunas formas de cáncer. Este interferón cubano no llega, en todo caso, a los hospitales de la isla; la mayor parte se exporta al exterior donde tiene que competir con productos extranjeros de mucha más alta calidad. La vacuna contra la meningitis B, la única que hoy existe en el mundo, se usó para vacunar en Cuba a grupos con gran riesgo y hoy se exporta. Su eficiencia ha sido discutida y, recientemente, se hizo un convenio con una compañía belga para su perfeccionamiento. La producción de la vacuna contra la hepatitis B es otro ejemplo de repetición tardía de lo que ya estaba logrado en otros países. Más económico hubiese sido la adquisición de la vacuna en el extranjero y aplicar el ahorro a subsanar la carencia de medicamentos elementales que faltan en los hospitales y farmacias.

La genética médica también sólo ha repetido -escasamente- algunas de las cosas ya logradas en otros países. Sus aplicaciones más concretas han sido: el despistaje de la «sickle cell anemia» y las malformaciones del tubo neural durante la gestación, que como puede deducirse, este último no tiene otro propósito que el de recomendar o proceder al aborto, con el que se contribuye a disminuir las estadísticas de mortalidad infantil. Hoy en día, es más fácil y profiláctico, darle a toda embarazada una dosis de ácido fólico con lo que se evita la malformación. Otro producto, al que le hicieron gran propaganda, fue el PPG, para combatir el exceso de colesterol y mejorar la potencia sexual. Este medicamento es una mezcla de alcoholes derivados de la caña de azúcar y no puede competir en el mercado mundial con productos muy superiores y respaldados por el enorme prestigio y recursos de laboratorios como Merck, Bristol-Myers, y Pfizer. En cuanto a la estimulación de la potencia sexual, afirmada sin pruebas, el producto Viagra, de Pfizer, ha conquistado el mercado internacional.

El Instituto de Hematología sólo ha logrado, aunque bastante tardíamente, procedimientos de diagnóstico y tratamiento, desarrollados mucho antes por otros países. Por último, veamos el llamado «factor de crecimiento epidérmico» (E.G.17 en inglés) que estimula la multiplicación de las células epiteliales y que fue aislado por vez primera por Stanley Cohen en 1959, en los Estados Unidos, y años después, obtenido por ingeniería genética por el grupo Chiron en este país. En Cuba lo unieron a una pomada de uso común en quemaduras, a base de sulfadiazina de plata, y la patentaron con el nombre de Hebermen y la utilizaron, según ellos con algún éxito, en los quemados de Baskiria en la U.R.S.S. Hoy en día existen otros factores de crecimiento estudiados y obtenidos en los Estados Unidos que se están aplicando experimentalmente en este país a numerosos procesos. Uno de ellos es el llamado «Insulin-Like Growth Factor» (ILGF en inglés) que promete ser muy útil en enfermedades musculares, afecciones del corazón y de las arterias coronarias e infarctos miocárdicos. Este factor puede ser llevado en la punta de un catéter, usado como vector, o, utilizando adenovirus no-antigénicos, para transportarlo en el cuerpo humano.

Hay un pequeño libro titulado «La Medicina Moderna en Cuba» por el Dr. Ernesto Mario Bravo, en el que se hace una presentación y un elogio de todas estas instituciones dedicadas a la Biomedicina y a la Biotecnología. Hay que aclarar que el Dr. Bravo es un médico argentino que emigró a Cuba, y fue durante 16 años profesor de una de las escuelas de medicina en la Isla. Obviamente, un marxista que fue a colaborar a otro paraíso comunista. En ese folleto Bravo describe opiniones de extranjeros sobre la Biomedicina cubana. Cita la expresión de algunos que, cortésmente, alaban el esfuerzo de Cuba por fundar y tratar de desarrollar instituciones de investigación en este campo y, de igual manera, en forma objetiva que debe apreciarse, cita algunas opiniones que resultan críticas de ese esfuerzo. A continuación voy a copiar textualmente algunas de ellas:

Jonathan Beckwith:

«... los estudios tienden a no ser cuidadosamente controlados Algunos norteamericanos que estuvieron allí se mostraron escépticos en relación con los resultados de los estudios clínicos».

«Mi impresión es que los cubanos ... están más interesados en resolver las cosas inmediatamente. Ellos saben la tecnología, están entrenados, pueden ser creativos hasta un cierto punto, pero tienen una formación teórica insuficiente. Ellos aún no están utilizando realmente ingeniería genética para abordar la enfermedades parasitarias».

Julie Fiensilver:

«Los científicos cubanos son buenos copiadores de técnicas desarrolladas afuera, pero si no realizan investigaciones básicas no van a ser capaces de crear verdaderos productos para obtener ganancias».

«Cuba no puede competir con las multinacionales y compartir ganancias del mercado mundial, principalmente porque no pueden vender a países que reconocen patentes de los Estados Unidos, Europa, y Japón y porque Cuba copia los productos patentados sin licencia y los vende».

«Aunque Cuba ha realizado considerables avances, el país no tiene los recursos ni la experiencia para estar en la primera línea de la investigación biotecnológica».

Interpress Service:

«Los productos de la Biotecnología cubana, mayormente en el campo médico, no han podido ser comercializados exitosamente fuera del mercado socialista porque no se han producido con todos los procedimientos y métodos demandados por los países industrializados».

A GUISA DE CONCLUSIONES

Para completar este estudio de la medicina y el cuidado de la salud en los cuarenta años de revolución, veamos el estudio estadístico publicado por el «Bureau of Interamerican Affairs», en febrero 9 de 1998, titulado: «Zenith and Eclipse - A Comparative Look at Socioeconomic conditions in Pre-Castro and Present Day Cuba». Este estudio examina los niveles de desarrollo de Cuba, en una variedad de indicadores económicos y sociales, durante el período revolucionario (1959-presente), especialmente relativo a lo logrado por otros países durante el mismo período de tiempo. El informe se basa principalmente en datos de las Naciones Unidas, particularmente del «Statistical Yearbook» y «Demographic Yearbook».

Traduzco ahora directamente del sumario y la introducción aquellas partes que son atinentes a este capítulo:

«Un mito que perdura es que, en los años 50, Cuba era social y económicamente un país atrasado cuyo desarrollo comenzó abruptamente con el gobierno de Castro. En realidad, de acuerdo con datos históricos existentes, Cuba era un país relativamente avanzado en 1958, a juzgar por los estándares latinoamericanos, y en algunas áreas, por los estándares mundiales. Los datos demuestran que Cuba, hoy en día, sólo ha mantenido -en el mejor de los casos- lo que era un alto nivel de desarrollo de la salud y educación, pero a un costo extraordinario del bienestar total del pueblo cubano. Esto incluye el acceso a cosas tan básicas como un nivel adecuado de alimentos y electricidad, y también a objetos de consumo, la accesibilidad de los cuales ha aumentado significativamente en otros países latinoamericanos en décadas recientes».

«Cuba, antes de Castro, ocupaba el tercer lugar en América Latina en consumo de alimentos por persona. Hoy ocupa el último lugar. El consumo «per cápita» de cereales, tubérculos y carnes está por debajo de los niveles de los años cincuenta».

Con respecto al estado de la medicina y la salud traduzco a continuación la parte del informe relativa a estos últimos 40 años:

«El sistema del cuidado de la salud es a menudo celebrado por muchos analistas como uno de los grandes logros del gobierno castrista. Lo que estos analistas ignoran es que el gobierno revolucionario heredó un sector de salud ya avanzado cuando tomó el poder en 1959. El índice de mortalidad infantil en Cuba en 1957, era de 32/1,000 nacimientos vivos, representando el más bajo de la América Latina y el 13 más bajo en el mundo, de acuerdo con los datos de las Naciones Unidas. Cuba estaba por delante de Francia, Bélgica, Alemania Occidental, Israel, Japón, Austria, Italia, España y Portugal, todos los cuales han pasado a Cuba en este indicador durante las últimas décadas».

«Hoy Cuba permanece como el país más avanzado a este respecto en la región pero su posición mundial ha caído del 13 al 24 durante la era castrista. También en el análisis de la mortalidad infantil en Cuba, falta la consideración del horrendo índice de abortos - 0.71 abortos por nacidos vivos en 1991 (O.N.U.). La terminación selectiva de los «embarazos de alto riesgo» hace descender el índice de mortalidad infantil. El índice de abortos en Cuba es por lo menos dos veces el índice de los otros países cuyos datos son obtenibles y aparecen en la tabla».

«En términos de médicos y dentistas ‘per cápita’, Cuba en 1957, ocupaba el tercer lugar en la América Latina detrás sólo de Uruguay y Argentina, los cuales estaban más avanzados que los Estados Unidos en este aspecto. Los 128 médicos y dentistas por 100,000 personas en Cuba en 1957, era el mismo de Holanda y por encima del Reino Unido (122/100,000) y Finlandia».

Como puede colegirse de todo lo aquí expuesto, en los cuarenta años de tiranía castrista y de socialismo científico, no ha habido ningún logro «verdadero» (obtener al máximo) en Medicina. Cuba no es ninguna potencia médica. No pasa de ser un enano disfrazado de gigante. El régimen frenó el veloz y brillante desarrollo que Cuba había logrado en los últimos 20 años y, que de haber continuado a ese ritmo, la hubiera situado muy cerca de los primeros países del primer mundo. Considere el lector los siguientes datos y forme a conciencia su propio juicio:

En el futuro, en una Cuba democrática, pudieran convertirse en una industria pujante, capaz de obtener numerosos frutos y contribuir a elevar el nivel científico y económico del país. Esta es la única rama industrial donde se han invertido grandes sumas de dinero en los últimos años y donde existe tecnología occidental y equipos de alta tecnología moderna. Sin embargo, a pesar de una inversión que se estima en más de $ 3,000,000 desde finales de los años 80, el éxito comercial alcanzado ha sido muy pobre. El monto de las exportaciones biotecnológicas representa el 2% del total de las exportaciones de Cuba.

Lo hasta aquí expuesto muestra que lo obtenido en el campo de la medicina y la salud por el gobierno castro-comunista, no justifica el calificativo de "logros", cuando se tiene en cuenta el haber y el enorme costo que ha gravitado sobre la población, a pesar del elevado subsidio recibido de la U.R.S.S. y el escandaloso endeudamiento en miles de millones de dólares que ha dejado a Cuba fuera del crédito internacional.

Copyright © 1999 Virgilio F. Beato Núñez


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