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IGUALDAD Y PRIVILEGIO EN LA REVOLUCION DE CASTRO. Por Juan Clark

INTRODUCCIÓN

La llegada de Fidel Castro al poder en 1959 marcó no sólo una nueva era político-económica para Cuba, sino también el comienzo de un cambio radical en su estratificación social. A 40 años del comienzo de ese fenómeno es oportuno analizar los cambios experimentados e intentar describir la nueva composición social de esa nación.

Aunque Castro no llega al poder proponiendo un cambio en las estructuras sociales, su actuación determinó una reestructuración completa de las mismas. La aparente tendencia inicial del gobierno revolucionario fue de justicia social, tratando de aminorar las antiguas barreras sociales. Así, en el nuevo ejército, el más alto grado aceptado fue el de «comandante», eliminándose los grados superiores y los uniformes lujosos. El liderazgo revolucionario procuraba, para identificarse con los humildes, compartir, de manera notoria, los sacrificios que las transformaciones revolucionarias requerían. Comenzando por Castro, era visible la participación de esos líderes en el «trabajo voluntario», con el pueblo.

Se popularizó el término «compañero»; y era difícil ver a algún líder revolucionario vistiendo cuello y corbata. Paralelamente, se promovía la ascensión social de los más humildes, en cuanto a oportunidades de vida. Múltiples medidas populistas se implementaron en este sentido. Se rebajaron los alquileres y el costo de la electricidad y el teléfono. Se implementó la reforma agraria para dar tierra al campesino; más tarde la reforma urbana, para dar la propiedad de la casa al que no la tenía. Se proclamaron nuevas oportunidades de educación, comenzando con la alfabetización y el nivel universitario, especialmente para quienes provenían de las capas más humildes de la población. La atención médica fue otro renglón en el que se hizo alarde de igualdad. Se destruyeron las estructuras anteriores, que incluían el excelente sistema cooperativo-mutualista, y se estableció un sistema único de salud para todo el pueblo, sin costo aparente para el mismo. Se hizo énfasis en la apertura de oportunidades de recreación para todos, especialmente con la construcción de balnearios populares aprovechando las hermosas playas del país.

Por otra parte, hacia fines de 1961, se había desposeído de sus tierras o empresas a los altos sectores de la sociedad precastrista, los que dejaron entonces de existir como clase dominante. Todo el sistema educacional pasó a manos gubernamentales. Sin duda, en esos primeros años, las grandes masas populares podían creer que se iban moviendo hacia una gran igualdad social. Castro, en diciembre de 1961, se declaraba personalmente marxista-leninista, reconociendo implícitamente, haber engañado al pueblo por conveniencias tácticas, a fin de llegar al poder. Su alianza con la Unión Soviética fue de crucial importancia para su sobrevivencia. La URSS suministró a la revolución de Castro un enorme subsidio, que se estima fue superior al aportado por el Plan Marshall norteamericano para la reconstrucción de Europa, tras la Segunda Guerra Mundial.

Esas medidas populistas fueron aparejadas con otras de corte totalitario, y la revolución, que se había pregonado «verde como las palmas», se tornaba roja, por la alianza y la utilización de métodos y estructuras provenientes del bloque soviético. ¿Podría esperarse que en Cuba se diera la repetición del fenómeno de una nueva estratificación social descrito por el yugoslavo Milovan Djilas en su clásico sobre «la nueva clase"? ¿O, como lo describiera más tarde con énfasis menos teórico, el ruso Michael Voslenski en La Nomenklatura en cuanto al estilo de vida de las clases sociales típicas de ese bloque?

Es de notar que en el plano formal, la revolución de Castro enfatizó el sentido igualitario del proceso y lo sancionó en su Constitución de 1976. En ella, específicamente se menciona que «todos los ciudadanos gozan de iguales derechos y están sujetos a iguales deberes»; se establece el principio de «la igualdad de los seres humanos» y se especifica que «los ciudadanos, sin distinción de raza, color u origen nacional: -tienen acceso, según méritos y capacidades, a todos los cargos y empleos del Estado y de la producción y prestación de servicios». Este énfasis igualitario se precisa en cuanto a situaciones muy concretas como educación y salario; y servicios como medicina, hoteles y restaurantes. Castro, en diversas ocasiones ha reiterado el énfasis igualitario de la revolución.

En el entorno de 40 años de proceso revolucionario, es apropiado examinar si las enunciadas metas igualitarias se han cumplido, y poder así determinar el grado de igualdad y privilegio prevalente en esa sociedad. Para ello contamos con cientos de entrevistas realizadas desde 1970, a personas que han vivido en Cuba y nos han relatado sus experiencias.

PERCEPCIÓN DE LA EXISTENCIA DE PRIVILEGIOS

Se han realizado varias encuestas desde 1970 para examinar la percepción popular de diversos aspectos de la realidad social cubana. Las de 1971 y 1986 fueron al estilo survey. A fines de los años 90, se exploró este tema, pero de modo informal, y no cuantitativamente. En la encuesta de 1971, casi el 90% indicó que existían grupos privilegiados dentro de la sociedad cubana. El survey de 1986 lo reafirmó cuando, casi unánimemente (97%), se ratificó la afirmación anterior. Paralelamente a esas encuestas se han realizado en, profundidad, entrevistas individuales, examinando con mayor detalle aspectos importantes de dicha realidad.

La encuesta de 1971 sometió a consideración de los entrevistados varios grupos de la sociedad para ser evaluados según una escala. Ella arrojó la presencia de tres grupos de privilegiados bastante definidos. En primer lugar y, de forma muy sólida, los «comandantes» y líderes de alto nivel del Partido Comunista, quienes, según el 86% de nuestros entrevistados, tenían «muchísimo» privilegio. En segundo lugar emergieron «los oficiales de las Fuerzas Armadas hasta el grado de capitán» con respecto a los cuales el 18% afirmaba que tenían muchísimo privilegio. Un poco más abajo estaban «los administradores», con 15%.

La encuesta de 1986 confirmó los resultados de la de 1971, aunque con un enfoque distinto. Esta vez fueron los entrevistados los que señalaron los grupos que ellos consideraban que tenían «muchos» privilegios. Los «dirigentes» del gobierno o del Partido fueron mencionados en particular por el 80% de los entrevistados; después se ubican los «jefes militares» y a continuación, los «administradores». Vale señalar que aparecieron también, pero con menor proporción de menciones, los «miembros de la Seguridad del Estado», «dirigentes de los CDR y de otras organizaciones de masa», los «extranjeros» y «figuras del deporte y las artes».

Las entrevistas más recientes indican la presencia de un nuevo grupo privilegiado: los beneficiados especialmente por el contacto con las nuevas inversiones, especialmente en el turismo, y la posesión de dólares, tras la despenalización de esa moneda en agosto de 1993. La peculiaridad de este nuevo grupo estriba en su magnitud, al igual que en el hecho de que comprende también a personas sin especial filiación gubernamental y sin poder político, en contraste con el caso de los grupos identificados en las encuestas anteriores. El acceso a los dólares determina el poder adquirir bienes de primera necesidad, no disponibles o de muy difícil adquisición de otra manera. Tal acceso a los USD está determinado por el contacto con empresas extranjeras, además del contacto con el turismo, y/o por el envío, desde el exterior, de remesas de esa moneda.

TIPOS DE PRIVILEGIO Y SU EVOLUCIÓN

Es importante que primero se defina el significado de privilegio en el contexto cubano. Se considerará privilegio el uso de bienes o servicios a los cuales los ciudadanos comunes no tienen igual acceso, o lo logran con mucha dificultad, o incluso les resulta imposible el tenerlos, aun cuando tuvieran los medios económicos necesarios.

En este sentido, según nuestros entrevistados, se pueden identificar áreas en las que existen privilegios sustanciales, tales como: vivienda, compra de bienes en general (la mayoría de los cuales están racionados desde 1962) servicios de salud, educación, viajes nacionales e internacionales y el uso de instalaciones recreacionales.

Existe privilegio en esas áreas, dado que su disponibilidad o su disfrute ha dependido, de una forma u otra, más de la conexión política que de la eficiencia profesional o económica. En otras palabras, el tener sólo el dinero, la necesidad y/o el interés no garantizan al cubano promedio el acceso igualitario a las áreas mencionadas. Por otra parte, la debida posición o conexión política -ser familiar cercano, amigo o amante de un «pincho» o «mayimbe»- ha asegurado dicho acceso de una manera especial y aun sobreabundante, como veremos más adelante.

El método de encuesta, a groso modo, nos ha indicado que los dirigentes de alto nivel del Partido y del gobierno han estado en la cúspide de la escala del disfrute de privilegios, seguidos de los jefes militares y del personal de la Seguridad del Estado. Por otro lado, las entrevistas en profundidad nos brindan una visión más detallada de la composición o características de esos sectores fundamentales y de los otros ya mencionados.

Había consenso entre nuestros entrevistados hasta 1989 en cuanto a identificar por lo menos tres grandes grupos de privilegiados, emanados de la estructura política totalitaria. Estos existían ya desde la década de los sesenta, y se han experimentado sólo cambios menores en su composición (en particular en los altos niveles). Sin embargo, se puede hablar de importantes cambios en relación con el grado de disfrute del privilegio, especialmente en la década de los 90.

Estos grupos iniciales se pueden distinguir en cuanto a la manera en la que obtienen el privilegio. En otras palabras, teniendo en cuenta si las prerrogativas de las que han disfrutado son inherentes a la posición que ocupan y, por tanto, son legales; o si esos privilegios son más bien conseguidos mediante manipulación en el ejercicio del cargo y, por ende, ilegales. Dichos grupos, como veremos, no han sido por completo homogéneos ni monolíticos, y comprenden, básicamente, los siguientes niveles en orden descendente de privilegios:

  1. Fidel Castro, muy por encima y muy distante del resto de la elite, seguido por su hermano Raúl. Los miembros del Buró Político y del Secretariado del Partido, los primeros secretarios del Partido en las provincias, algunos ministros y los altos jefes de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior. Esta pequeña cúpula se ha caracterizado por su estrecha vinculación con Castro, que es la principal fuente de privilegios. En ella pueden estar incluidos otros con menor rango oficial pero con gran vinculación con Fidel y Raúl Castro y el resto de la cúspide del poder;
  2. Ministros de áreas menos importantes y viceministros del gobierno, algunos miembros del Comité Central del Partido, oficiales importantes de la Seguridad del Estado, jefes militares con rango desde coronel (ciertamente, no todos los coroneles), altos dirigentes del gobierno, incluyendo el Poder Popular y destacadas personalidades de los deportes, las artes y las ciencias.
  3. Los dirigentes con cargos señalados en los niveles anteriores, pero que gozan de menor poder, otros dirigentes de menor importancia de los organismos superiores antes mencionados y los administradores de las entidades económicas gubernamentales a niveles provincial y municipal.
  4. A partir del influjo de las inversiones, especialmente en el área del turismo, y con la legalización de la circulación del dólar, ha emergido otro sector especial que puede dividirse en dos. Por un lado, los administradores y directores de las empresas conectadas con dichas inversiones y que tienen gran acceso a esa moneda. Estos tienen una fuerte vinculación política y muchos son retirados de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior. Por otra parte están los que tienen acceso al dólar sin tener una fuerte vinculación política, simplemente porque reciben remesas del exterior o porque sus actividades económicas les han permitido un gran acceso a dicha moneda. El nivel de vida de éstos es superior al de los que no tienen ese acceso. De hecho, algunos observadores simplifican la presente estratificación social reduciéndola a la dicotomía entre los que tienen acceso generoso a los dólares versus los que no lo tienen, o los poseen en mucho menor grado.

Una característica que debe señalarse de estos niveles de privilegios (particularmente los tres primeros) es la relatividad del disfrute con respecto a la cantidad de privilegios de los que han gozado por su vinculación con Fidel Castro; vinculación que puede ser de tipo personal, o por el área de desempeño de funciones. Entrevistados que formaron parte de la elite privilegiada nos describieron cómo es posible que un simple «director de organismo» pueda disfrutar de más privilegios que algunos de los miembros del Comité Central o que algunos ministros, si ejerce sus funciones en una empresa con oficinas en países capitalistas.

Así, la difunta Celia Sánchez -por sólo citar un ejemplo- sin haber sido miembro de la cúspide del Partido Comunista de Cuba ni haber dirigido un ministerio a cargo de un área productiva, tuvo mayor capacidad de obtener y facilitar privilegios que la mayoría de los dirigentes del Partido, del gobierno y de las Fuerzas Armadas, debido a su estrecha vinculación con Castro. Con respecto a la obtención de privilegios, puede ocupar un nivel más elevado el ministro de la Marina Mercante que el de la Industria Azucarera, aunque este último tenga una responsabilidad económica y administrativa mucho mayor. «Hay ministros que son unos `cometrapo'», nos decía un exfuncionario gubernamental, y «hay Generales que viven en un apartamento pequeño, mientras que un viceministro o un director de empresa de una de esas áreas de acceso a bienes de consumo puede ser un notable privilegiado».

Otra característica destacada de estos niveles sociales es que su membresía, en cuanto a disfrute de privilegios, no ha sido monolítica. Es decir, el pertenecer a un sector privilegiado se hace más fluido o menos rígido a medida que descendemos de nivel. De esta forma, como se ha dicho, el nivel superior (tal vez compuesto por una veintena de personas) es, sin duda, el más cerrado, y exclusivo. Dentro de él, y con los niveles supremos de privilegio, está Fidel Castro junto con Raúl, muy por encima de los otros miembros del Buró Político debido a su posición de «máximo líder» y «comandante en jefe», y por su férreo control del aparato político, administrativo y militar-represivo.

Puede afirmarse que, en términos generales, es en este alto nivel en el que el disfrute del privilegio es inherente a la posición que se ocupa, bien de forma explícita o implícita. En otras palabras, está básicamente institucionalizado. En el caso de los jefes militares, por ejemplo, esto está definido de modo claro por sus áreas especiales de compras y de recreación. Es a ese más alto nivel que se concentran de modo incuestionable tanto el poder político, como el económico, el militar y el represivo del país. Es la naturaleza totalitaria de la sociedad cubana actual la que nos lleva a afirmar, referente a su cúspide, que «son propietarios de nada y dueños de todo», como nos lo caracterizara una persona que disfrutó de sus privilegios. Con ello se explica que a este nivel particularmente, pero sin excluir a muchos en niveles inferiores, sus miembros no tienen, de hecho, título de propiedad de los medios de producción ni de los bienes materiales, pero de unos y otros disponen y disfrutan, actuando como si fueran sus dueños verdaderos.

En general, mientras más cercana sea la conexión con la cúspide -y preferiblemente con su punto más elevado, Fidel Castro- mayor es la posibilidad de obtener un tratamiento especial en cualquiera de las áreas antes mencionadas. Por otra parte, el estar al frente de un ministerio o de un organismo que disponga de amplios recursos y, más recientemente, de dólares, parece que incrementa el privilegio de modo sustancial.

El caer en desgracia con la cúspide de poder o con la persona de Castro es suficiente para perder no sólo los privilegios, sino hasta la libertad y tal vez hasta la propia vida. Todo esto hace que la elite suprema sea probablemente más poderosa que cualquiera dentro del mundo capitalista, pues en realidad está en sus manos el disponer, sin mayores cortapisas «de vida y hacienda».

Otro rasgo distintivo de la elite privilegiada cubana es su virtual impunidad ante la ley, lo cual se aplica no sólo al dirigente sino muy frecuentemente a su familia e hijos.

Es importante también destacar que la total lealtad política y personal es crucial para la permanencia en los altos sectores privilegiados. Una persona determinada, por ejemplo, puede cometer un serio error administrativo o económico, o aun hacerse muy visible en el uso del privilegio. A esa persona se la puede destituir del cargo o posición que ocupe, pero muy bien puede suceder que «se caiga para arriba», si tiene las debidas conexiones políticas o personales y conserva la confianza política. Esto quiere decir que a un dirigente removido de un cargo importante se le puede colocar en una posición igual o mejor que la anterior. Este no sería el caso si el error fuera de naturaleza política o se cuestionara su lealtad.

Si la cúspide de la elite gobernante ha recibido la mayoría de sus prerrogativas de una manera institucional, no ocurre necesariamente lo mismo con el segundo nivel, y mucho menos con el tercero. De esta forma, por ejemplo, los ministros y viceministros han tenido derecho a un carro, a una cuota o bono gratuito de gasolina y a ciertos privilegios de viaje. Pero cuando emplean los carros para uso personal o familiar, de hecho se están aprovechando de su posición de una manera ilegal, y algún día pueden tener que responder por ello. En otras palabras, «se les puede pasar la cuenta» -como suele decirse en Cuba- por las prebendas disfrutadas.

Esto mismo es cierto con los administradores o dirigentes de empresas u organismos a niveles más bajos. La mayoría de estos administradores usan sistemática y subrepticiamente sus posiciones y conexiones personales para «resolver» (equivalente al antiguo «blat» soviético que implica manipulación clandestina de bienes o servicios del Estado) con la ayuda de otros administradores o dirigentes. Esto ha tenido lugar bajo un sistema primitivo de trueque y abarca precisamente los bienes, servicios y/o influencias que están bajo su potestad.

Algunas personas que han vivido esta realidad social de hecho consideran que son los privilegios de los administradores -más visibles- los que el pueblo resiente más profundamente.

DESARROLLO DEL PRIVILEGIO

A pesar de los reclamos de igualdad, los primeros observadores de la realidad cubana notaron, ya hacia principios de la década de los 60, la presencia de claros privilegios dentro de los más altos niveles de poder, que contrastaban fuertemente con el resto de la población. Examinemos algunos testimonios, entre ellos, de quienes fueron decididos partidarios y/o participantes en el proceso revolucionario.

Según Carlos Franqui, director en 1959 del periódico Revolución, vocero inicial del gobierno revolucionario y testigo de primera mano de los primeros años, el privilegio aparentemente comenzó muy temprano y por medio de Fidel Castro mismo, quien:

...tenía 50 mansiones en diferentes partes del país, las cuales usaba a su antojo. Justificando el privilegio en otros líderes, él (Castro) solía decir: «Los compañeros deben vivir bien a fin de ser más eficientes».

De esta forma, los comandantes y otros dirigentes comenzaron a ocupar las mansiones de los pudientes que se marchaban del país. «De las casas nuevas nadie se escapó [...]. Casas increíbles: jardines, flores, piscinas, confort». Pero no fueron sólo las nuevas residencias personales, hasta las exclusivas y exquisitas mansiones de la famosa playa de Varadero se convirtieron en casas de descanso de la nueva elite. Además de tomar posesión de excelentes residencias, la nueva elite redondeó sus gustos «burgueses» con muebles y joyas, como nos testimonió quien fue parte de ese proceso:

Yo he sido testigo personalmente de lo que es el privilegio. Por ejemplo: grandes muebles, grandes joyas de arte, en todos los órdenes, desviados hacia casas de los dirigentes. Lo vi yo, lo viví yo.

El consenso de nuestros entrevistados es que los patrones de privilegio antes descritos se incrementaron de manera gradual. Dependiendo de los niveles, ha habido purgas esporádicas y amenazas periódicas de acabar con el uso de la propiedad pública para beneficio privado. Sin embargo, a pesar de esas amenazas, proferidas principalmente por el propio Fidel Castro, los privilegios en general aumentaron a todos los niveles. Un incremento significativo tuvo lugar durante la «danza de los millones» de principios de la década de los 70, cuando los precios del azúcar se elevaron mucho. Fue durante esta época que una gran cantidad de artículos de lujo fueron importados, más para beneficio de los altos niveles, ya que el pueblo poco se benefició con aquella bonanza económica, en contraste con la danza de los millones del año 1919, la cual tuvo gran repercusión positiva en la población.

Aparentemente, los componentes de los niveles inferiores del sector dirigente, conscientes de los privilegios de los estratos superiores, han tratado de imitar el estilo de vida de los pinchos o mayimbes importantes. Esto es natural, pero puede resultar riesgoso. Cubanos que han salido en los últimos años de la isla sugieren que al menos algunos de estos niveles inferiores han logrado grandes mejoras personales (en particular con respecto a la construcción de excelentes viviendas) por medio de la manipulación y/o «desvío» de fondos o materiales, con muy poca o ninguna consecuencia negativa. Como se apuntaba antes, esta situación aparentemente está en función de la clase de conexión (padrino) que la persona tenga, del «sociolismo», el cual implica el uso del amigo situado en buenas posiciones para beneficio mutuo. Se podría afirmar que no sólo los pinchos de menor jerarquía «resuelven» sus necesidades precisamente mediante el «sociolismo», sino que el pueblo también lo usa para resolver sus problemas de abastecimiento más perentorios.

Aparte de que los dirigentes a nivel medio o bajo puedan «resolver» sus problemas, es interesante anotar que ha existido un organismo encargado de velar, en especial, por las necesidades de los altos dirigentes. La Empresa de Producciones Varias (EMPROVA), creada bajo las orientaciones de Celia Sánchez, supuestamente para atender las necesidades de los miembros del Consejo de Estado, ha realizado la función de «conseguir desde una criada para uno de estos dirigentes, hasta de repararle la vivienda». El Departamento de Seguridad Personal del Ministerio del Interior es el que actualmente se ocupa de los altos dirigentes.

LA RELATIVIDAD E INESTABILIDAD DEL PRIVILEGIO

Otra característica importante concerniente a la desigualdad social y a la nueva elite cubana tiene que ver con la relatividad e inestabilidad del privilegio mismo. Muchas de las cosas que pueden ser consideradas privilegio en Cuba no lo serían en una sociedad capitalista. El comprar y vender una casa o un automóvil o poder salir al extranjero está dentro de las posibilidades de cualquier persona en una sociedad libre, siempre y cuando se disponga de los medios económicos. Pero en Cuba, el tener el dinero no ha sido suficiente, ya que la persona ha tenido que «ganarse el derecho» a comprar el artículo deseado, o necesita la debida conexión política para ello. Más recientemente, con la dolarización de la economía a partir de 1993, se ha facilitado la compra de alimentos y artículos electrodomésticos, con el agravante de que tienen que ser comprados en esa moneda, lo que representa un altísimo costo para el nivel de ingresos del cubano promedio.

Como se mencionó antes, los pinchos o mayimbes no tienen título de propiedad de la mayoría de los beneficios que disfrutan. Esto constituye un factor clave de control, que produce inestabilidad en el disfrute de esos privilegios y en el propio estatus de los individuos que los poseen. Más aun, puede afirmarse que la falta de título de propiedad promueve un sentimiento de dependencia hacia aquellos que pueden eliminar tanto los privilegios como la posición que los genera. El pincho puede usar y hasta abusar de la residencia que disfruta, del auto o de la casa en la playa (los que puede compartir con familiares -particularmente los hijos- amigos y amantes), o de la posibilidad de viajar, mientras no caiga en desgracia (sea «tronado") con los niveles superiores que controlan esos beneficios y, de esa forma, sus vidas.

Debido a la naturaleza totalitaria de esa sociedad, el pincho se sentirá muy desamparado si, por alguna circunstancia, cae en desgracia, se decepciona o disiente significativamente de la línea oficial del momento, lo cual quiere decir, de modo simple, no aprobar con docilidad la política determinada por Castro. En el pasado, algunos de los pinchos grandes que se han encontrado en esa situación han optado por la deserción a Occidente, o el suicidio. Aunque no hay evidencia definitiva, hay indicadores sólidos de que la decepción fue al menos un importante ingrediente en el caso del suicidio del ex presidente Osvaldo Dorticós Torrado, el cual mantuvo esa posición -al menos nominalmente- por 17 años (1959-1976). Este fue también un factor en el caso de Haydée Santamaría, una importante figura revolucionaria desde el 26 de julio de 1953. Ella escogió el suicido en el año 1979, para privarse de la vida.

FUNCIONAMIENTO DEL PRIVILEGIO

La posesión de una buena vivienda es una de las características más notables de la nueva elite cubana. Cuando se analiza la situación de la vivienda como un área de privilegio en Cuba, es vital tener en consideración la perspectiva nacional en esta materia. Según estadísticas oficiales, el problema de la vivienda es uno de los más serios de la nación. Esto es resultado del control absoluto por parte del gobierno de los materiales de construcción, los que ha utilizado preferentemente para otros fines, como los militares, y hasta la exportación. También ha agudizado la crisis de la vivienda la imposibilidad de construirlas de modo privado y comercial, a gran escala. Es sumamente difícil también la construcción privada de modo individual. La situación de la vivienda es particularmente crítica en el área de La Habana metropolitana, pero es muy seria también en las ciudades del interior del país.

Los principales dirigentes comenzaron a ocupar las mejores casas de los que partían al exilio, desde 1959. De hecho, el tener una buena casa en la ciudad o en la playa ha constituido una garantía para la obtención, por parte de sus propietarios, del permiso de salida del país (el gobierno incauta, sin compensación alguna, toda propiedad del que sale del país). Bastaba que el gobierno quisiera usar una casa determinada o un pincho se «enamorase» de ella y deseara ocuparla él o algún allegado suyo, para que se eliminara cualquier obstáculo para la salida del país del propietario.

Es interesante anotar cómo, con fines propagandísticos, ciertas áreas residenciales exclusivas de la antigua burguesía habanera, tales como Miramar, el Country Club, el Biltmore y el Nuevo Biltmore fueron usadas al inicio para albergar a estudiantes becados, muchos del interior del país. Más tarde, éstos fueron sacados de allí y llevados a albergues en el campo, donde estudian y trabajan. La nueva elite y el cuerpo diplomático ocuparon estas zonas, después de ser reconstruidas muchas de sus casas.

Así, gradualmente, las mejores áreas residenciales de la elite precastrista -en particular en La Habana- fueron ocupadas por la dirigencia revolucionaria. Dentro de estas áreas se encontraban: las ya mencionadas Miramar y el Country Club (al que la revolución le cambió el nombre por el de Cubanacán), además de La Coronela, en los suburbios occidentales de la capital, y los repartos Country Club (ahora Cubanacán), Nuevo Vedado (donde Raúl Castro ha ocupado casi un edificio entero de apartamentos) y Kohly. Estas áreas residenciales de La Habana se han convertido en «zonas congeladas». De esta forma, aparentemente igual que en la antigua Unión Soviética, la clase dominante cubana (la Nomenklatura) tiende a vivir concentrada y aislada del resto de la población.

De modo similar, en el interior del país -imitando el estilo de los altos dirigentes de La Habana- los pinchos locales han ocupado las mejores viviendas existentes. También ha sido frecuente, según varios testimonios, el ver a estos dirigentes construyéndose excelentes casas, a veces «desviando», con distintas artimañas, materiales de construcción de obras estatales.

Debe también señalarse que la alta dirigencia no sólo disfruta de excelentes viviendas, sino que para éstas existe un debido mantenimiento, posibilidades de reparación o renovación total, así como la periódica pintura exterior e interior, ya que ellos tienen acceso inmediato a los materiales que necesitan. Por el contrario, el resto de la población ha tenido que sufrir el penoso e inexorable deterioro de sus viviendas, debido a que a ellos se les dificulta mucho comprar materiales de construcción, los cuales, como se dijo, están absolutamente controlados por el Estado, y cuya distribución a la población es en extremo deficiente.

Los miembros de la cúpula dirigente no sólo disfrutan de las mejores residencias sino que también tienen potestad para «obsequiarlas», es decir procurarlas para sus parientes, amigos o amigas, lo cual resulta muy chocante. Las características arriba apuntadas se refieren, por completo, al primer o más alto nivel de privilegio señalado, y más ligeramente al segundo. Puede afirmarse que los pinchos de estos dos niveles superiores disfrutan, además, de excelentes muebles, aires acondicionados (un gran privilegio), al igual que teléfonos (de muy difícil posesión a menos que se tuviera desde antes de 1959). Concerniente a los efectos eléctricos, es de notar cómo la nueva elite desarrolló un gran gusto por los productos importados, máxime del área capitalista. En muchos casos éstos son comprados mientras se viaja al exterior, u ordenados a través de los contactos en el servicio diplomático. Los barcos mercantes o los aviones del país han sido usados para importar estos artículos, sin tener que pasar por aduanas, siendo después transportados sin problemas a la residencia del privilegiado.

El servicio doméstico ha sido, sin duda, otro de los grandes privilegios en la Cuba actual para el más alto nivel de dirigentes, por la forma en que ellos lo han utilizado. Este servicio, en los primeros años de la revolución, fue calificado por sus dirigentes como una manifestación de desigualdad social producto de la «sociedad burguesa», y, de modo sustancial, disminuyó. Sin embargo, el uso de criadas, lavanderas, etcétera, sobrevive sobre todo en las altas esferas. Como ya se mencionó, la EMPROVA ha suministrado servicio doméstico a funcionarios de alto nivel, escogiendo entre personas de mucha confianza política, ya examinadas por la Seguridad del Estado. Algunos funcionarios de nivel medio pagan a alguna persona de más bajos recursos para que les limpie la casa o les lave la ropa de la familia. Esto no es motivo de escándalo entre la población. Lo que sí adquiere carácter escandaloso es la utilización de personal empleado por el Estado, pagado por el Estado, como servidumbre de los dirigentes, lo que ha sido práctica común entre algunos ministros y otros componentes de la cúspide dirigente. El personal de plantilla del Estado que es usado por este nivel de privilegiados es dirigido también a otros servicios, como la reconstrucción de viviendas.

Un hecho bien documentado sobre las áreas donde viven los pinchos grandes -particularmente en La Habana- es que en ellas no se suele padecer de la carencia de agua y electricidad que ha tenido que sufrir el resto de la población. En el caso de que algunos de estos altos jerarcas residan fuera de las zonas privilegiadas, y les faltaran tales servicios, se buscará la manera de que no carezcan de los mismos. Para ellos hay servicio rápido de «pipas» (o camiones cisterna) que les llenan de agua sus cisternas y tanques adicionales en las azoteas. Incluso nos han llegado informaciones acerca de la construcción de pozos especiales para que a un dirigente no le falte el precioso líquido. La posesión de plantas eléctricas privadas es otro gran privilegio existente para los mayimbes que no residan en alguna de las zonas congeladas -al menos para algunos bien «conectados».

LAS «CASAS DE FIDEL» Y LAS «CASAS DE VISITA»

Además de la anterior descripción de Carlos Franqui acerca de las casas de Castro a través de la isla, existen informes que corroboran y amplían lo dicho al respecto. Desde principios de la década de los 70 se nos reportaba que en cada una de las 14 provincias había una excelente vivienda o mansión siempre dispuesta a recibirlo. Un testigo de primera mano que tuvo acceso parcial a la parte externa de una de las «casas de Fidel», en los suburbios de la ciudad de Camagüey, nos dijo que ésta «dejaba chiquita a `Kuquine'», refiriéndose a la principal de las dos residencias del depuesto presidente Batista, la cual no podía calificarse de suntuosa.

El entrevistado añadió que esta mansión, situada en la hacienda llamada Tayabito, localizada en el Reparto Santayana, y lujosamente expandida, incluía seis pistas de bolear (inexistentes en Cuba para el resto de la población), una sauna, un bar y piscina, así como establos para caballos. Se afirma que Castro alabó el gusto de Raúl Curbelo, entonces Primer Secretario del Partido en esa provincia y promotor del proyecto.

En torno a las residencias de las que dispone Fidel Castro, este estudio ha encontrado testimonios de que una de ellas, situada en el exclusivo reparto Siboney, es para su esposa, Delia Soto del Valle, natural de Trinidad, provincia de Sancti Spiritus. Fidel la conoció en 1961 cuando ella realizaba labores de alfabetización en las montañas del Escambray. Diversas fuentes coinciden en que era una mujer muy bella, de pelo negro y ojos claros. «Fidel la vio en un recorrido, la montó en un jeep y se la llevó». De esa unión han surgido tres hijos. Tanto ellos como la madre no han tenido actividad pública alguna, y se han mantenido prácticamente en el anonimato, incluso para viajar.

Entre los dirigentes de la cúpula que más se han destacado por la cuestión de las residencias está Ramiro Valdés, «Comandante de la Revolución» el cual, tras sus matrimonios con mujeres mucho más jóvenes que él, les deja una bien montada residencia. El dispone, actualmente, según nuestros informes, de una mansión en el reparto Barlovento, de Jaimanitas, en Ciudad de la Habana, con acceso al mar, yate, lanchas de carrera, plantas eléctricas, frigoríficos y su colección de autos deportivos.

Concerniente también a la vivienda, pero a un nivel inferior y distinto, deben mencionarse las «casas de visita». Estas son residencias que el Partido, los ministerios y otras entidades gubernamentales y económicas poseen a través del país. Sirven de alojamiento a los respectivos funcionarios, ya que éstos no se hospedan, por lo regular, en los hoteles existentes, cuando viajan por el país. Debe señalarse la diferencia entre las «casas de visita» pues, como nos dijo un entrevistado, de acuerdo con la categoría del ministerio u organismo, así serán las condiciones de sus «casas de visita». Las del Partido se destacan entre todas las demás, y aun entre éstas hay diferencias, de acuerdo con la categoría de los miembros del Partido que habrá de recibir. En estas casas de visita, los dirigentes no sólo encuentran hospedaje al estilo de los mejores hoteles, sino también servicios y abundante comida no racionada, de la mejor calidad.

PRIVILEGIOS DE LOS «HIJOS DE PAPÁ»

Los hijos de personas pertenecientes a la dirigencia, especialmente la máxima, tanto política como militar, han constituido en Cuba un grupo privilegiado peculiar. También en otros países del llamado bloque socialista, los hijos de los altos dirigentes, llamados en Cuba por el pueblo los hijos de papá, disfrutan de grandes privilegios en diversas áreas de vida. En el caso cubano, por una parte, la mayoría de éstos parece que reciben con plácemes los beneficios asociados con la cúpula de la estructura de poder en una sociedad totalitaria; a veces mostrando una conducta arrogante, mientras que, por otra parte, algunos parecen ser fuertes críticos del sistema, mostrando un alto grado de cinismo y también de frustración. Esto último, sin duda, es producto del «doble estándar» que ven en sus casas, donde nada falta, en contraste con las privaciones que deben padecer los que están fuera del círculo de la elite. En este sentido, algunos observadores consideran que el grupo de los hijos de los altos dirigentes es muy elitista, excluyendo con arrogancia a aquellos que no son como ellos, hijos de papá.

Es en las oportunidades educacionales en las que, quizá, radica una de las mayores fuentes de privilegios de este sector. Para comenzar, un número de carreras están fuera del alcance de los «no integrados» -políticamente no identificados- con la revolución, con lo cual se cuestiona seriamente el reclamo de la universalidad e igualdad de las oportunidades educacionales. Estas limitaciones han existido más en las carreras de ciencias sociales. Más aun, muchos observadores de primera mano consideran que la educación sirve como un excelente instrumento de control sobre la juventud, ya que en Cuba la educación es un monopolio estatal a todos los niveles, y ha sido una fuente de tratamiento preferencial, en particular para los hijos de la nueva elite.

Algunas carreras que involucran viajes al extranjero, tales como las relativas a la diplomacia, parecen tener gran demanda entre los hijos de papá. En el Instituto Superior de Relaciones Internacionales, donde se cursan esas carreras, la mayoría de los estudiantes son hijos de funcionarios del servicio exterior. Es de notar que con la dolarización de la economía y el auge de la industria del turismo ha habido en Cuba un menosprecio por las carreras universitarias y un alto aprecio por las que conducen a la obtención de esa preciada moneda, con la que ahora se puede comprar de todo en las tiendas que venden con ese patrón de cambio. Es por ello que estos jóvenes privilegiados han mostrado gran interés en este sector y es notable el influjo de los mismos trabajando en las empresas extranjeras y la industria del turismo.

La vivienda también es un área de privilegio para los hijos de la alta dirigencia. Cuando éstos se casan generalmente no tienen que vivir agregados en el hogar de sus padres, ni sobre ellos sobrevienen otras peores calamidades de tipo habitacional que tienen que soportar los jóvenes cubanos. Para los hijos de papá siempre hay dispuesta una vivienda, y es probable que mientras más alto sea el nivel dirigencial del padre, más suntuosa será la misma.

Es interesante subrayar la gran identificación y gusto de parte de los «hijos de papá» -al igual que el resto de la juventud, que está con muchas menos posibilidades de acceso- por las modas, ropas, artefactos y música occidental, particularmente norteamericanos. Puede decirse que son visiblemente distinguibles en muchas cosas por el uso o abuso de esos bienes.

Este sector social cubano se destaca también por el uso y abuso de sus conexiones familiares, a veces involucrándose en serios problemas, llegando hasta el delito, y han logrado evitar cualquier tipo de castigo. Esto aplica, en particular, en el uso del auto, que en muchos casos pertenece a sus padres, artículo altamente restringido en esa sociedad. Los problemas de estos muchachos no ocurren sólo en las calles, sino con frecuencia en las escuelas, en donde también gozan de impunidad. Allí también se destacan por su superior vestir y comer, en contraste con el resto de los alumnos.

Muchos hijos de papá llevan su actitud arrogante hacia el resto de la población y hasta hacia las autoridades policiales que los detienen, a las que frecuentemente tratan de forma humillante. En este sentido, la impunidad ante la ley de estos jóvenes es chocante cuando se tiene en cuenta la severidad del castigo al ciudadano corriente que comete un delito. Pero los problemas de los hijos de la alta dirigencia rebasan el nivel delincuencial para entrar en serios problemas psicológicos, que a menudo han llevado al suicidio. No en balde el Ministerio del Interior ha creado un grupo o sección particularmente encargado de los casos de los hijos de papá.

Otra fuente adicional de privilegio para los hijos de la elite ha sido el evitar -en la mayoría de los casos- el servicio militar; y si son reclutados, lo más probable es que no sirvieran en frentes de batalla como Angola u otro lugar peligroso, o si fueran enviados allí, no irían a un puesto de combate. A lo largo de esta línea se halla la asistencia a las escuelas preuniversitarias, ahora casi todas situadas en el campo, en donde, bajo condiciones difíciles, el joven tiene que trabajar en la agricultura medio día y estudiar el resto. Los hijos de papá se las arreglan muchas veces, por influencia de sus padres, para evadir ese tipo de escuela o tener un trato privilegiado en las mismas.

UN SERVICIO DE SALUD ESPECIAL

El cuidado de la salud ha sido una de las áreas en las que la revolución de Castro ha reclamado grandes logros. A reserva de debatir este punto en contraposición con la situación anterior a 1959, cuando existía un amplio y excelente sistema cooperativo-mutualista que abarcaba en especial a los sectores socioeconómicos medio y bajo, no cabe duda que, cuantitativamente, el presente sistema ha llevado la atención médica a los lugares más recónditos. Ello ha sido posible gracias al control totalitario de la medicina, por lo cual prácticamente todos los médicos sólo son empleados del Estado, excepto los graduados antes de 1960, y tienen que ir donde los manden. Es de notar que en Cuba está prohibida la práctica de la medicina privada.

En el curso de nuestros estudios hemos escuchado quejas sobre la pobre calidad del servicio médico, atribuida a la falta de medicamentos adecuados, poca higiene, falta de privacidad, alimentación deficiente, descuido en la atención, equipos obsoletos y entrenamiento inadecuado, en algunos casos, del personal médico. Con respecto a la obtención de privilegios en este importantísimo sector, muchos de nuestros encuestados han cuestionado la igualdad en el servicio. En otras palabras -como en otras áreas- algunos, debido a su conexión política o personal, tienen derecho o procuran para sí y sus familiares un servicio o tratamiento superior que el que recibe el ciudadano promedio.

Desde el comienzo de nuestro proceso de recopilación formal de datos en 1970, afloró que en realidad existe una mejor atención médica para la elite. Y como en otras áreas de privilegio, ésta también parece haber comenzado ya a principios de los años 60. Es incontrovertible que para la dirigencia nacional existe un número de lugares notorios por su tratamiento «especializado» a los pinchos grandes y sus familiares. En estos centros la falta de medicación o el servicio inadecuado, o cualquiera de los otros problemas antes mencionados, no existen para ellos. Más aun, según algunos de nuestros entrevistados, en general, la calidad de los servicios médicos que recibe la cumbre de la elite gobernante probablemente sobrepasa la mejor atención que recibía la elite adinerada de la Cuba precastrista.

Esta investigación también detectó que la mejora o el refinamiento en la calidad del servicio médico de la elite ha sido progresiva. A principios de los 60 se habilitaron secciones especiales en los mejores hospitales existentes, destinadas a la nueva elite. Más tarde -principalmente a mediados de los 70 y en los 80- esto cambió para hospitales o clínicas que se hicieron exclusivos para los dirigentes, o donde se habían habilitado salas especiales para atenderlos. Durante los años iniciales éstos recibían la atención médica en La Habana, donde existían las mejores instalaciones hospitalarias.

Como caso típico se encontraba el pabellón Borges del Hospital Calixto García, el primer hospital universitario de Cuba. Aquella sala era lo mejor que ese hospital podía ofrecer al público en la era precastrista, y de hecho era usada por el personal médico y sus familiares. La antigua Clínica Miramar (probablemente una de las mejores clínicas de ese tiempo), rebautizada Cira García, fue más tarde el hospital de los becados; y, posteriormente, destinada a extranjeros y a la nueva elite. Al mismo tiempo, un piso especial del moderno Hospital Naval en La Habana del Este fue también destinado a sala de los pinchos.

Emulando con los «camaradas» del Kremlin, más tarde se construyó una clínica totalmente dedicada a la cúspide directriz (administrada por el Ministerio del Interior) en el exclusivo Reparto Kohly, donde muchos de la nueva elite residen. El General Del Pino ha descrito esta clínica y otra, el Centro de Investigaciones Médico-Quirúrgicas (CIMEQ), en el Reparto Siboney, utilizado también por extranjeros. Los equipos de estas clínicas especiales para los dirigentes han sido importados principalmente de países capitalistas, y la atención dista mucho de parecerse a la que recibe la población en los hospitales, muchas veces congestionados, y actualmente sin medicación adecuada, a los que tiene acceso. También se reporta que en los institutos nacionales de investigación médica localizados en La Habana hay áreas especialmente dedicadas a la dirigencia suprema. En el Palacio de la Revolución, sede de la cabeza política del sistema, existe un hospital especial exclusivo para Fidel Castro.

En el interior del país, nuestros encuestados indican también la presencia de áreas especiales en los hospitales provinciales para la dirigencia máxima de la zona. En estos casos, el tratamiento contrastará mucho con el que recibe la persona promedio. De esta forma, el pincho o su familia podrán recibir un cuarto privado (cosa poco usual para el pueblo en general) bien amueblado y en algunos casos hasta provisto de comida y bebidas para compartir con los visitantes.

Cuando ha sido necesario, se ha traído del exterior equipo o especialistas muy calificados. Se dice que miembros de la elite con necesidad de tratamiento delicado han procurado ser tratados fuera del país. Boston, New York y hasta Miami aparentemente han sido los lugares favoritos en este hemisferio.

Es interesante señalar que caso que todo el tratamiento médico falle y devenga la muerte inevitable, para ese proceso también hay privilegio pues los pinchos tienen tratamiento especial en los funerales.

OTRAS ÁREAS DE PRIVILEGIO

La cúpula de la nueva elite cubana está, «de jure» o «de facto», exenta del estricto y casi universal racionamiento impuesto al pueblo cubano desde 1962. El racionamiento incluye la mayoría de los bienes de consumo, como comida, ropa y artículos caseros. Este sistema ha implicado que cada núcleo residencial deba tener su «libreta de abastecimientos» como oficialmente se le conoce. Con ella se supone que se podrá adquirir, de estar disponibles, los alimentos y los demás artículos. Esto, de por sí, ha sido una permanente fuente de irritación, ya que cada hogar debe estar pendiente constantemente de la disponibilidad de los artículos, y ha tenido que gastar gran cantidad de horas en colas para poder hacer las compras necesarias.

A partir de 1993, para algunos de los sectores de la población, esta situación ha cambiado un tanto con la dolarización de la economía al hacerse disponibles, en las «shopping» muchos artículos de primera necesidad. Sólo basta tener dólares o su equivalente en pesos convertibles para comprar en las mismas.

Los dirigentes también tienen una «libreta de abastecimientos», pero, es sólo nominal para ellos, en el nivel más alto. Para un cierto sector de la alta dirigencia, los alimentos son traídos especialmente a sus casas en cantidades abundantes. Más aun, la nueva elite ha podido ordenar alimentos del extranjero por medio del cuerpo diplomático, y existen evidencias de que éste ha sido uno de los «hobbies» del «Comandante en Jefe» Castro, con talento culinario, quien ha disfrutado también posando como cocinero gourmet al invitar a otros jerarcas políticos, cuando en realidad lo que hacía era calentar comida enlatada de la cocina extranjera.

El privilegio en los comestibles llega a la sede del Comité Central del Partido en el Palacio de la Revolución, en el cual hay un comedor especial -como ocurría en el de la Unión Soviética. En el caso cubano, la comida que se ofrece allí a los comensales es por completo inalcanzable para el pueblo. Esta situación privilegiada del comedor del Comité Central se repite -en diversas escalas a través del país- en los que existen en las sedes provinciales del Partido, así como en los centros de trabajo. En éstos aparentemente existe una jerarquización en cuanto a lo que comen los trabajadores, los técnicos y capataces y los dirigentes.

La comida privilegiada también aparece en los recintos militares, donde los reclutas comen mucho más modestamente que los oficiales. Esta situación se extiende a las tiendas militares, «el comercio militar», donde éstos podrán comprar a precios mucho más bajos artículos electrodomésticos, la mayoría de las veces no disponibles para el resto de la población. Existen también suministros especiales, de modo periódico, en bolsas, con comestibles y artículos de aseo, que llegan hasta los bajos niveles dentro del Partido y de las Fuerzas Armadas.

La nueva elite cubana no sólo esquiva el estricto racionamiento en cuanto a la comida y otros artículos de primera necesidad, sino también con artículos suntuarios o de lujo -para lo que se ha usado también al servicio diplomático. Se nos reporta de casos de personas de la cúspide del poder que se destacaban por sus pedidos a través del servicio exterior, que abarcaban desde perfumes franceses hasta ropas de Christian Dior. Tanto la familia como los amigos de los jerarcas se han beneficiado de este privilegio, y a través de ellos muchos de esos artículos se filtran al mercado negro.

RECREACIÓN SIN FRONTERAS

Otra manifestación de la promesa igualitaria hecha al principio de la revolución fue la de expandir las oportunidades de recreación para toda la población. Esto se hizo muy visible en 1959, con la apertura de numerosos centros de vacaciones para la población -construidos a través del INIT (Instituto Nacional de la Industria Turística) a lo largo del país- aprovechando las abundantes bellezas naturales no explotadas debidamente, especialmente en las playas. Para fines de 1960 -en el apogeo del proceso de confiscación de la propiedad privada- todos los exclusivos clubes privados fueron confiscados y abiertos al pueblo, y se convirtieron en «Círculos Sociales». Más tarde se abrieron los eventos deportivos gratuitamente a la población, y el turismo nacional se abarató de modo significativo. Pero más adelante esta situación comenzó a variar hacia la exclusividad y el privilegio, y ha continuado esta tendencia de modo creciente hasta el presente.

Irónicamente ha sido en las zonas costeras donde el privilegio recreativo se ha enraizado más profundamente. Algunos de los mejores y exclusivos clubes playeros de antaño se han convertido en cotos cerrados de la nueva elite y se han creado otros exclusivos para ellos o para los visitantes extranjeros. En estos centros recreacionales, contrastando con los dedicados al pueblo, no hay escasez de comida ni de bebida. En los de las Fuerzas Armadas y la Seguridad del Estado, hay tiendas especiales donde se pueden adquirir los artículos que escasean en el país.

Fidel Castro, gran fanático de los deportes marinos, ha procurado el disfrute de espléndidas facilidades para su uso. En los años iniciales de la revolución, las patrulleras de la Marina de Guerra fueron suficientes para ese fin. Pero a medida que la elite se fue acostumbrando al poder, este entretenimiento marino se ha ido haciendo más refinado. Así, se nos informa acerca de la construcción para Castro del magnífico yate Tuxpan -llamado así por el puerto mexicano de donde saliera en 1956 la expedición del yate Granma. El Tuxpan fue construido en Cuba con las mejores maderas preciosas del país y fue presentado a Fidel en su cumpleaños del año 1977. De acuerdo con una fuente que participó en su construcción, éste tiene 40 metros de eslora y despliega tres puentes. La inmensa mayoría de su equipo provino de los países capitalistas. Su costo se estima entre los cuatro y los cinco millones de dólares, y es tripulado por personal de la Marina de Guerra y Seguridad Personal del MININT.

Pero si Fidel Castro puede disfrutar del Tuxpan, los mayimbes y pinchos de niveles inferiores también tienen el uso de otros yates para ellos, sus familiares, amigos y «amigas». Durante el éxodo del Mariel se pudo saber por algunos de los que fueron a este puerto a buscar familiares, que el poseer uno de los grandes y veloces yates conocidos como «cigarretas» era salvoconducto seguro para la partida de los parientes que habían sido reclamados: esto ocurría cuando a cambio de la salida de éstos, ofrecían su embarcación a un pincho grande que se enamoraba de ella. En algunos casos los hijos de papá también parece que disfrutan ampliamente de este privilegio.

Puede afirmarse que la nueva elite cubana tiene acceso irrestricto a todo tipo de facilidades recreacionales disponibles en la isla, mientras que el resto de la población sólo lo puede hacer de modo limitado a éstas, o nunca, dependiendo del caso. Ellos también tienen acceso especial y exclusivo a películas convencionales (de origen norteamericano y europeo occidental, ya que la mayoría ha detestado las soviéticas y las de Europa Oriental). Estas películas, importadas exclusivamente para la dirigencia, han sido proyectadas para una audiencia «selecta» en pequeñas salas especiales localizadas en diversas instituciones gubernamentales; con la popularidad del vídeo, aquel medio es menos usado. De igual forma, esta dirigencia tiene acceso a libros «prohibidos» en la isla, pero que son comprados en el extranjero y más tarde intercambiados entre ellos.

En cuanto a hoteles, la elite -aparte de las «casas de visita» ya descritas- ha tenido siempre, además, habitaciones reservadas en los mejores hoteles del país. Este privilegio en reservaciones es igualmente cierto para mesas en los mejores restaurantes y cabarets o centros nocturnos, las que no son de fácil acceso para la persona promedio, aun cuando tenga el dinero.

Algunos centros de vacaciones de nueva construcción destinados para los turistas extranjeros -como Cayo Largo en la costa sur de Cuba- están también disponibles de modo exclusivo para los altos niveles de la nueva elite cubana. Fidel y Raúl Castro han desarrollado exclusivos cotos de caza, obviamente a un costo elevadísimo y usando métodos sin precedentes --como es el uso de aviones pequeños para espantar las aves en la dirección deseada, a fin de poderles disparar. Un ejemplo dramático de las aficiones de cacería de los hermanos Castro ha sido el que existe en el llamado Parque Nacional de Saetía, adyacente a la excelente Bahía de Nipe, en el oriente del país. Según un testigo de primera mano, este parque, situado en Cayo Saetía, ha constituido, en la práctica, un coto de caza de venados exclusivo de los hermanos Castro, del cual se desalojó a todos los residentes.

Los desatinos de la nueva elite referidos a la recreación han sido costosos en más de un aspecto, como es el caso del Parque Lenin. Para la construcción del mismo se gastaron millones de pesos y se desactivó la textilera de Calabazar, la única que hacía productos de lana en el país. Dicho parque fue un capricho de Fidel y la difunta Celia Sánchez [...] «un parque en un lugar que ni era parque ni servía para nada. Tuvieron que traer las matas de Pinar del Río, que costó una barbaridad. Se le metió a Fidel hacer una represa allí en un lugar que no servía. Tenía un fondo de roca caliza que se fracturó por el peso del agua y la represa no servía para nada». Los precios de los productos vendidos allí han sido elevados.

Otros pinchos grandes también han desarrollado diferentes «hobbies» costosos y a veces ilegales. Tal es el caso del excéntrico Comandante de la Sierra, de extracción campesina, Guillermo García Frías, íntimo de Castro, ex- miembro del Buró Político del PCC y gran fanático de las peleas de gallos, que han estado prohibidas para la población desde la instauración del comunismo. Bajo el pretexto de criar gallos finos de pelea para la exportación, García Frías no sólo los ha criado, sino que ha dispuesto de vallas privadas y hasta de una de tipo móvil en un camión rastra diseñado en especial para ese fin. También este Comandante de la Revolución ha sido aficionado a la cría de aves exóticas, de caballos pura sangre y de otros gustos privilegiados.

De igual forma que oficialmente se suprimieron las peleas de gallos, pero extraoficialmente las hacen los miembros de la nueva elite, se pueden citar otros deportes o pasatiempos de los pinchos cubanos, como el billar y el juego de bolos.

EL TRANSPORTE NACIONAL E INTERNACIONAL

Tan importante como la clase de vivienda que se posea para ser reconocido como miembro de la nueva elite, pero más visible, es la posesión de un buen automóvil. Esto ha implicado el disponer de un auto soviético u occidental de modelo reciente, en agudo contraste con los muy pocos afortunados en el resto de la población que pueden contar con ese importante medio de transportación en una sociedad moderna (Cuba es uno de los pocos países donde aún abundan en circulación automóviles norteamericanos de las décadas del 40 y 50). El contraste es aún mayor cuando se refiere a la mayoría de la población, que debe utilizar el ineficiente transporte público, y más recientemente con el uso masivo de la bicicleta, tan peligrosa. Sin duda, el transporte constituye otro serio problema de la sociedad cubana actual. Pero para el pincho el transporte local y nacional no es un problema. Para los «grandes» el carro podrá venir asignado hasta con uno o dos choferes (dependiendo de su estatus en la jerarquía oficial), con gasolina gratis y sin problemas de reparación, ya que hay piezas y lugares especiales de reparación para el mantenimiento de estos vehículos (de nuevo en agudo contraste con la situación de los poseedores de automóviles privados que tienen que «inventar» para mantenerlos en circulación, debido a la carencia de piezas de repuesto).

Como se mencionó antes, el carro que le viene al dirigente por el cargo se supone que sea sólo para uso oficial, pero en la práctica lo usa para todo tipo de asuntos privados y familiares. Más aun, ellos han podido obtener carros adicionales para sus familiares con relativa facilidad, debido a las conexiones político-administrativas que poseen. En este sentido, los hijos de los mayimbes se han hecho notar por el uso de los carros de sus padres, tanto privados como oficiales. Es de destacar que para los altos dirigentes de la cúpula gobernante y económica, no basta con disponer de un solo carro. Esto parece ocurrir de director de empresa hacia arriba, y se le llama el «carro de la reserva».

Aparte del carro, ha habido otros «status symbols» que han caracterizado a la nueva elite cubana. Entre ellos, la posesión de relojes Rolex GMT. Estos costosos relojes marinos han sido normalmente regalos del Comandante en Jefe a algún favorito suyo en reconocimiento por la realización de algún servicio especial. Como con los Alfa Romeo en el pasado, y ahora los Mercedes, dichos relojes han sido muy apreciados y considerados como indicadores de una fuerte conexión con la cúspide de la elite.

El privilegio en los viajes domésticos no está limitado para la elite al transporte terrestre. Incluye también el transporte aéreo mediante el uso exclusivo de la flotilla de aviones del Escuadrón Ejecutivo de Baracoa (en Provincia Habana) el cual está a la completa disposición del Buró Político. A niveles inferiores, los aviones regulares son también usados. Para los viajes nacionales la elite disfruta también de un generoso viático o gastos de viaje, a menudo no usado (pero sí cobrado), ya que las casas de visita suelen resolver todas las necesidades del dirigente. Esto, de por sí, le proporciona a la dirigencia, como ya dijimos, un ingreso adicional durante el desenvolvimiento de sus funciones administrativas o directoras.

La posibilidad de frecuentes viajes internacionales ha sido uno de los grandes privilegios de la nueva elite cubana. El dirigente lo ha considerado como tal, en especial cuando el viaje es a un país capitalista y no a uno del campo socialista (anteriormente). Este privilegio tan deseado es por lo general otorgado a los que la Seguridad del Estado considera confiables o seguros y, por lo tanto, virtualmente constituye una garantía de promoción política u ocupacional.

El viaje al extranjero abarca mucho más. Incluye el muy deseado «cambio de aire», le permite al viajero observar diferentes realidades, y también entraña otras recompensas materiales. El «dirigente viajero» tiene derecho a una asignación (proporcional a su rango) con la cual podrá adquirir, para su viaje, ropas adecuadas en tiendas especiales no asequibles para el resto de la población. Y como se apuntó arriba, dicho viaje también ofrece la ansiada oportunidad, en los casos de dirigentes de nivel más bajo, de comprar artículos no disponibles para ellos en Cuba. Debe mencionarse también que esta posibilidad de viajar se ha extendido, en algunos casos, para becas en el exterior, a los hijos y otros familiares inmediatos de los altos dirigentes.

LA «ESPECIAL» COMPAÑÍA FEMENINA

La «amante» es una institución muy extendida en Latinoamérica, y puede considerarse que existe una correlación directa entre el poder económico y político y las relaciones extramaritales. Es interesante notar cómo a comienzos del proceso revolucionario hubo énfasis en la legitimización de las uniones extramatrimoniales mediante la realización masiva de matrimonios civiles. Pero, como en otros aspectos de la vida social cubana, la nueva elite no resultó ser una excepción puritana a la tendencia latinoamericana ya señalada.

Con pocas excepciones, la cúspide dirigente se ha caracterizado por su notable machismo. El «máximo líder», que ha hecho de su vida privada un tabú que no puede ser comentado en alta voz por ningún ciudadano, y mucho menos ser objeto de información periodística dentro del país, no ha podido evitar que se conozcan algunos de sus episodios amorosos extramaritales.

La concentración del poder político y económico de modo absoluto en una misma persona parece haber ejercido gran atracción en el sexo opuesto; y es aquí en lo que miembros de la nueva elite se han destacado notablemente en sus amoríos o conexión con jovencitas, las «titis», algunas aún en las aulas del bachillerato.

Una situación muy común en la Cuba actual es la del pincho, ya mayor, descartando a su esposa de muchos años para casarse con la amante mucho más joven que él (a menudo en sus veinte). A esta tendencia tan extendida se le ha llamado popularmente la «titimanía». No son raros, por otra parte, los matrimonios en serie de esta naturaleza. En este caso -si el pincho pertenece a los más altos niveles de privilegio- a la esposa «descartada» no se la deja desvalida, ya que probablemente se queda con la buena casa en que vivía y es posible que permanezca en el círculo de la elite, y tal vez se vuelva a casar dentro de ese círculo con otro mayimbe bien conectado.

Sin embargo, en los niveles inferiores de la dirigencia del Partido, y en especial en localidades pequeñas, las prácticas extramatrimoniales han sido consideradas severamente. En años recientes, aunque no oficialmente permitida, esta práctica extramarital parece haberse extendido a los niveles inferiores de la dirigencia política y administrativa. Hay informes sistemáticos de que un gran número de administradores de empresas se aprovechan de su posición para convertir a sus secretarias en amantes. Es común para una mujer atractiva, en especial si es casada y desea ser fiel, el tener que dejar el trabajo debido a los continuos pases amorosos y presiones sexuales de sus respectivos jefes. Pero, aquéllas realmente atractivas que desean seguir la corriente, pueden darse el lujo de escoger.

NAVIDADES PARA LOS PINCHOS

Un caso extremo del desdén de la nueva elite por las tradiciones populares, y a la vez ejemplo de abuso de poder y privilegio, tiene que ver con la tradicional celebración de las Navidades. En el día de Nochebuena (vísperas de Navidad), ha sido tradicional en Cuba la celebración -prácticamente universal- de una cena familiar con comidas del país y algunas importadas. Entre las importadas se incluían los turrones de España, mientras el cerdo figuraba entre las importantes comidas nativas. Castro suprimió las Navidades como día feriado en 1969, supuestamente para ayudar al ingente esfuerzo por realizar la fallida zafra de los 10 millones de toneladas de azúcar en 1970, aludiendo también que ésta era una celebración importada del extranjero. Y en 1997, con motivo de la visita papal, restableció la celebración autorizada de la Navidad como día feriado, siendo en 1998 restaurada permanentemente esa festividad.

Como en otros casos, luego del fracaso de ese esfuerzo, aquella celebración no fue restituida como día de fiesta a la población. Pero, además de ese obstáculo, no se permitieron las importaciones para esta celebración a nivel de pueblo, y la venta legal de cerdo estuvo prohibida por largo tiempo. A pesar de ello, la elite ha continuado celebrando la tradicional cena de Nochebuena -claro que sin connotación religiosa- con las mejores comidas domésticas, incluyendo el cerdo, así como los exclusivos productos importados.

A modo de facilitar esa tradicional celebración entre los pinchos, se idearon las «cestas de Navidad» (o de fin de año), comenzando por la cúspide, pero extendiéndose pronto hacia niveles inferiores. Dichas cestas contienen, de modo generoso, todos los artículos tradicionales de esta festividad, a los que el pueblo no tiene acceso. Aparentemente, dichas cestas se comenzaron a distribuir más tarde como parte de la celebración del triunfo de la revolución, para el día primero de año.

CONCLUSIÓN

Este breve análisis de la situación de la estructuración social cubana indica la presencia de grandes desigualdades. Estas podrían considerarse muy superiores a las existentes en la sociedad precastrista, debido a la naturaleza y funcionamiento de las mismas. Dichas desigualdades se basan fundamentalmente en la filiación o lealtad política de la persona.

En este sentido, el sistema, que se proclama erróneamente socialista, como sugiriera el agrónomo socialista francés y estudioso de la realidad cubana, René Dumont, tiene grandes semejanzas con la estratificación social del feudalismo. Una elite con gran poder sobre vidas y haciendas, y el resto de la población sin posibilidades significativas de ascenso social y económico que no sea por la vía política. Dicha estratificación tiende a seguir los patrones descritos inicialmente por el yugoslavo Milovan Djilas en su insigne obra, La Nueva Clase, referente a la situación en la Unión Soviética. A mayor vinculación con la cúspide gobernante y su eje principal, Fidel Castro, mayor será la oportunidad de privilegio. Este es por naturaleza inestable y relativo, dependiente del favor de esa cúspide gobernante y partidista. Esa nueva elite denominada popularmente en Cuba los pinchos y los mayimbes no tendrá título de propiedad de nada, pero será en la práctica dueña de todo. El perder el favor político implicará la pérdida absoluta de los privilegios y prebendas adquiridos.

Parece pues, que el modelo de estratificación social propuesto por Djilas en el ámbito europeo se ha replicado de modo muy similar en la Cuba caribeña. Este ejemplo de transformación social parece también confirmar una vez más el apotegma del gran politólogo inglés Lord Acton, cuando enunciara que «el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente», al analizar los ejemplos de uso y abuso del poder sin límite, del caso cubano.

Al cabo de 40 años de gobierno totalitario, Castro y la elite que lo acompaña parecen atrincherados en el poder, sin visos de desear compartirlo. Ellos desechan, en la práctica, modelos ideológicos que dicen haberlos inspirado. Tratan por todos los medios, incluido el capitalismo de estado sin cortapisa de sindicatos que reten su arbitraria gestión empresarial, de permanecer en el disfrute ilimitado de un poder que ya tiene 40 años, para gran detrimento de un pueblo que un día vio en Castro a su héroe y salvador.

NOTAS Y REFERENCIAS

 

 

 

Copyright © 1999 Juan Clark


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