THE CUBAN CENTER - EL CENTRO CUBANO


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LA AGRICULTURA. Por José R. González y Arturo Pino

EL DESARROLLO DE LA AGRICULTURA EN LOS PRIMEROS DECENIOS DE LA REPÚBLICA

A pesar de la destrucción causada durante las guerras de independencia y la excesiva concentración en el cultivo de la caña de azúcar, la agricultura alcanzó durante los primeros decenios de la República un desarrollo apreciable en sentido general y notable en ciertos sectores específicos.

Cuba no fue nunca en realidad un país monocultor; desde el siglo XIX el café y el tabaco tuvieron importancia junto al azúcar como renglones de exportación. Es indudable, sin embargo, que la índole exageradamente extensiva de las plantaciones de caña afectó el cultivo de otros productos necesarios para el consumo de la población, al punto que el país se vio obligado a importar en ocasiones ciertos alimentos. Hay que aclarar, no obstante, que antes de 1959 Cuba no sufrió nunca una crisis tan grave de abastecimientos como ahora.

Cuba fue durante muchos años antes de la revolución el mayor productor y exportador mundial de azúcar. La producción de este artículo constituía la base de su ocupación principal y aunque producía solamente el 12 por ciento de la producción total azucarera del mundo, proveía más del 50 por ciento del azúcar que entraba en el mercado internacional libre (Report on Cuba, International Bank por Reconstruction and Development, 1951). El país abastecía aproximadamente el 50 por ciento del consumo total de azúcar en los E.U. hasta 1929 y el 30 por ciento desde aquella fecha hasta 1959. Casi una tercera parte de los trabajadores asalariados encontraba empleo directo en la industria durante la zafra, o sea el período de cosecha y molienda de la caña. Entre un cuarto y un tercio del ingreso nacional provenía de la producción azucarera. (J. Álvarez Díaz et. al., Cuba: Geopolítica y pensamiento económico, 1964)

A mediados de los años 20 se inició un programa de diversificación de la agricultura que cobró intensidad durante la crisis azucarera de los años 30 y debido a la propia dinámica del mercado. En ese mismo tercer decenio se promulgó la Ley de Coordinación Azucarera y se dispuso el derecho de permanencia de los cultivadores de caña de azúcar. Esas y otras medidas dieron lugar a que en el sector agrícola de la industria azucarera prosperaran más de 70,000 colonos cubanos y se aumentaran los salarios de los trabajadores, en tanto que del lado industrial se inició un proceso de rescate de los ingenios de fabricar azúcar. Hacia 1958, cerca de los dos tercios de la producción y 121 de los 161 ingenios estaban bajo el control de nacionales.

Durante este período anterior a la revolución, la producción agrícola estaba en manos privadas; el gobierno regulaba esta actividad por medio del Ministerio de la Agricultura y sus dependencias que fueron perfeccionándose con el transcurso de los años. En el libro Desarrollo Agrícola de Cuba, editado por el Colegio de Ingenieros Agrónomos de Cuba, publicado en Santo Domingo en 1994 se resume de esta manera la situación anterior a la revolución:

«De la riqueza agrícola correspondía 56.7% a la caña de azúcar, 6.6% al arroz, 5.3% al café, 2.5% al tabaco y 28.8% a otras cosechas, incluyendo entre éstas, piña, cítricos, yuca, malanga, banano, papas, tomates, pepinos, pimientos, quimbombó, y otros vegetales, así como, frijoles, habichuelas, cebollas, ajo, papaya, guayaba, garbanzos, maní, ajonjolí, algodón, kenaf, ramié y millo (Arango, 1953). Cuba tenía una avanzada explotación ganadera que cubría las necesidades del mercado interno e iniciaba la exportación de reproductores, carnes congeladas y otros productos (Álvarez Díaz, 1962). En 1958 Cuba contaba con 6 millones de cabezas de ganado vacuno y tenía la mejor ganadería tropical del mundo, habiendo desplazado a E. U. y a Canadá en la exportación de sementales de Cebú en el mercado de América Latina. Por otra parte, Cuba ocupaba uno de los primeros lugares en la producción de carne (488 millones de libras) y en la producción de leche (785,000 toneladas métricas). El consumo anual per cápita era superior a las 75 libras (Álvarez Díaz, 1962). El consumo de calorías per cápita de Cuba ascendía a 2,692 solamente superado por Argentina y Uruguay en América Latina. Los potreros estaban sembrados de pangola, faraguá, paraná, y otras yerbas».

Otras referencias sobre la producción de cacao, miel, nueces, lentejas, soya, girasol, viandas, hortalizas y flores pueden encontrarse en A Study on Cuba (Miami,1965). Quien desee conocer en forma fechaciente y detallada el desarrrollo agrícola anterior a la revolución no tiene más que consultar los Censos de la República de 1943 y 1953, las memorias del censo agrícola nacional, los Resúmenes estadísticos seleccionados publicados por el Ministerio de Hacienda en 1959, el libro de Julián Alienes, Desarrollo económico de Cuba y el Statistical Year Book de las Naciones Unidas. En esas y otras publicaciones de la época podrá comprobarse que el cuadro agrícola de la Cuba prerevolucionaria era muy distinto del que Castro y sus colaboradores diseminaron después por el mundo.

UNA DÉCADA FECUNDA: LA GESTIÓN DEL BANFAIC

Los esfuerzos dirigidos a desarrollar y diversificar la producción agropecuaria se canalizaron en los años 50 a través del Banco de Fomento Agrícola e Industrial, (BANFAIC) creado por la Ley _ 5 del 20 de Diciembre de 1950, institución ejemplar en la concesión de créditos agrícolas.

La propia Ley _ 5 estableció un aporte de $25 millones de capital que se tomaron de la Emisión de Bonos de la Deuda Publica de Cuba 1950- 1980. Los bonos devengaban un interés anual del 4.9%, equivalentes a $1.000.000, suficiente para cubrir los gastos de organización del BANFAIC. Este Banco contaba con dos divisiones principales: la división industrial y la división agrícola, que actuaban en forma bastante independiente; su propio capital inicial así lo indicaba: $12.5 millones correspondía a cada una de las divisiones agrícola e industrial, de estos $12.5 millones, $7.5 millones se dedicaron a actividades bancarias y $5 millones a actividades de fomento, manteniéndose controles separados. Así también existían las facilidades de redescuento en el Banco Nacional y luego se aprobó una línea de crédito de hasta 50 millones para la división agrícola, pudiendo emitir bonos con garantía de su propia cartera.

La Comisión Organizadora del BANFAIC desarrolló un intenso trabajo en la preparación de manuales y reglamentos, implantación del sistema contable y de auditoría, bases para la contratación de personal por estricto concurso-oposición, política de crédito y otras disposiciones permitiendo así que se inaugurara su primera oficina en Contramaestre, Provincia de Oriente, el 10 de septiembre de 1951 y la Oficina Central en la ciudad de La Habana el 9 de octubre del propio año.

En la concesión de los préstamos, fueran éstos concedidos directamente o como se estructuró más tarde a través de las Asociaciones de Crédito Rural (ACR), no había influencia alguna de la política, solamente se requería que se cumplieran las bases de un crédito sano en cuanto a la persona, los propósitos del préstamo, la capacidad de pago, la posición financiera y las garantías. Tampoco importaban la raza, ideología o el credo que profesara el candidato; el principio básico era que el beneficiario fuera agricultor, presentara un buen proyecto y reuniera las condiciones mínimas requeridas. Los plazos de los préstamos variaban de acuerdo con el propósito y la garantia aportada. Las operaciones de corto plazo podían llegar hasta 18 meses, las de mediano plazo a 5 años y las de largo plazo hasta 10 años (en este último caso la ley permitía una extensión de hasta 25 años).

Se financiaban todos los elementos necesarios para el desarrollo agrícola, desde cultivos de corto plazo, tales como: arroz, maíz, tabaco, frijoles, papa, plátanos y malanga, hasta plantaciones permanentes como café, caña de azúcar, cacao y cría y mejora de ganado, construcciones rurales, obras de infraestructura en fincas, adquisición de propiedades rurales y cancelación de hipotecas concedidas en condiciones onerosas.

Dentro de otros rubros a financiar, estaban los gastos de vida del agricultor y su familia y la construcción y mejoramiento de las viviendas rurales. El financiamiento de los gastos de vida era muy importante y se consideraba dentro del plan de inversiones, con el objetivo de que el campesino tuviese cubierto este aspecto básico y no tuviera que acudir a otras fuentes, en donde las condiciones en muchas ocasiones eran leoninas. A su vez el financiamiento de la vivienda rural tenía que estar de acuerdo con los requerimientos mínimos de cada una de las unidades y por montos adecuados, de acuerdo con el tamaño de las empresas y su capacidad de pago. Eran viviendas modestas, con ambientes de acuerdo con el tamaño de la familia, piso de cemento o de lajas, techo de zinc, fibro-cemento, tejas o guano y una verdadera letrina sanitaria. Siempre se consideraban las posibilidades de instalación de agua corriente, mediante el aprovechamiento de manantiales, agua de ríos, o mediante pozos con su bomba y molino.

Se financiaba tanto a los pequeños, como a los medianos y grandes agricultores. Con los pequeños agricultores y dado el bajo tipo de interés cobrado, incluso cuando las recuperaciones fueran buenas, prácticamente se cubrían sólo los gastos o había pérdidas, con los medianos agricultores se cubrían los gastos y quedaba un pequeño margen de utilidad y con los grandes agricultores se producían utilidades que servían para poder atender las necesidades de los pequeños agricultores e incrementar las reservas. Las garantías estaban de acuerdo con la naturaleza de la inversión y plazos de los préstamos.

La ley contemplaba distintas formas de garantía como la prendaria presente y futura en cuanto a las cosechas, la garantía prendaria con desplazamiento o pignoraticia , la garantía refaccionaria y la hipotecaria. La garantía refaccionaria era típica en la legislación cubana (no existe en otros países) y la propia ley definía el préstamo refaccionario, como todo préstamo en dinero a empresas agrarias o industriales garantizado con gravamen sobre un conjunto de bienes que a tales efectos se constituyen en «unidad de producción».

El tipo de interés cobrado por el BANFAIC fué del 8% tanto en operaciones de corto plazo como de mediano y largo plazo, con la excepción de los préstamos de garantía rural en que la tasa llegó a elevarse al 12% dado el costo de las operaciones.

En las operaciones de pignoración de productos de mucho menor riesgo, en los que la prenda dada en garantía estaba en almacenes afianzados, reposeidos o administrados por el Banco, la tasa cobrada era del 6 %, todo sobre saldos insolutos. En los préstamos de desarrollo ganadero, durante el programa especial de mejoramiento de pastos, especialmente «la pangola», se otorgó como aliciente un tipo de interés del 6%. Estos tipos competitivos de interés, resultaban ser más bajos que los cobrados por la banca comercial y mucho más bajos que los cobrados por los prestamistas privados y no digamos por los denominados «garroteros» que eran verdaderamente onerosos para los agricultores, especialmente para los pequeños.

Al 31 de Diciembre de 1959, el monto total de préstamos a cobrar en la Cartera de la División Agrícola ascendía a $36.500.000.00; este monto representaba la cartera total de las ACR descontada en el BANFAIC y los préstamos otorgados por las ACR como agentes del Banco. Además de las Asociaciones que concedían crédito a los agricultores, se creó la Asociación de Crédito Pesquero con sede en La Habana. Su principal actividad era el desarrollo del crédito pesquero, financiando la compra de botes con motor fuera de borda, barcos pesqueros, neveras para refrigerar pescado que se instalaban en los comercios de expendio de carne y pescado. La misma contaba con un barco frigorífico para el servicio de sus asociados; cuando los barcos pesqueros llegaban al puerto y no podían descargar de inmediato el pescado fresco, lo entregaban al barco frigorífico donde se procesaba, congelaba y almacenaba para su distribución posterior. Este tipo de servicio, unido a las neveras ya mencionados, estaba mejorando el sistema de distribución y comercialización de la producción en la capital de la República.

Para atender mejor las necesidades de los miembros de la Asociación, fue creada la Agencia de Distribución y Abasto, Sociedad Cooperativa por Acciones (ADASCA), que tenía un espacio en el principal Mercado de La Habana, denominado Mercado Unico, y un almacén para depositar los productos que se adquirían para sus asociados. Además, esta asociación participaba en la compra al por mayor, con la consiguiente disminución de precios y mejoramiento de su calidad, de fertilizantes, insecticidas, fungicidas, semillas certificadas de arroz, papa, etc. Asimismo vendía por cuenta de sus asociados papa, maíz, plátano, frijoles negros, naranjas y otros frutos menores. Daba completo apoyo a la comercialización de productos y facilitaba que se pagaran mejores precios a los agricultores, eliminando gran parte de los intermediarios.

Se crearon en este período las Administraciones de Compra y Venta de Productos, como un primer paso para la creación de un futuro organismo de estabilización de precios de productos agrícolas, y siendo evidente los desajustes que se presentaban para el pago de un precio justo a los agricultores, el gobierno llegó a acuerdos con el BANFAIC, encomendándole los servicios de estabilización de precios de aquellos productos que mostraban mayores desajustes, como el maíz, el café y el arroz.

Para la operación de la Administración de Estabilización del Maíz, el BANFAIC ya contaba con los servicios de almacenes para el depósito del producto de sus clientes, y la pignoración de los mismos. Fue establecido un precio de garantía para el grano, indicando la humedad adecuada y multas por la impureza de los productos.

Bajo el mismo sistema establecido en el maíz, desarrollaba sus actividades la Administración de Compra y Venta del Café, que operaba principalmente en Oriente. Gran parte del café cáscara, se convirtió en café oro en el molino de café, el más grande de Cuba, propiedad del BANFAIC, en la carretera de Contramaestre a Maffo. Personal debidamente instruido, mediante equipos determinadores de humedad, efectuaba los descuentos correspondientes si ésta excedía del 12%, así como la conversión de café cáscara a limpio en oro. Igualmente y en convenio con los molinos y almacenes de arroz, se estableció un precio de garantía al grano en donde éste se valoraba por su equivalencia de cáscara a limpio, el porcentaje de humedad y granos partidos.

EL FIN DEL BANFAIC Y COMIENZO DE LA CRISIS

Con el ascenso al poder de los actuales dirigentes del régimen «Revolucionario» en enero de 1959, se produjeron importantes cambios en la dirección y funcionamiento del BANFAIC. Primero los rumores de la Reforma Agraria y luego la realidad de la misma, provocaron con justificada razón que las solicitudes de préstamo fueran decayendo y se paralizaron prácticamente las inversiones, siendo cada día mayor la incertidumbre.

A fines de 1959, las acciones del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) destinadas a la creacion de las granjas del pueblo y al desarrollo de «Cooperativas», en las que no se cumplian los principios básicos del cooperativismo, fueron socavando la posición del BANFAIC. A través de las denominadas «Zonas de Desarrollo Agrario», el INRA fue desarrollando acciones paralelas crediticias dirigidas a fortalecer económicamente las «Granjas del Pueblo», con desconocimiento total de los principios crediticios, sin la menor organización administrativa y contable y sin determinación de los verdaderos costos de producción y monto de las inversiones necesarias. Al mismo tiempo los recursos eran aportados mediante cheques girados directamente por Fidel Castro con cargo a una cuenta especial abierta al efecto; el control de estos desembolsos se hacía por medio de breves notas que nunca sufrían la menor fiscalización.

Paralelamente, en forma muy secreta, se fue preparando el golpe final a la institución, que había sido respetada por todos los gobiernos anteriores, tanto en su política de crédito, como en cuanto a la permanencia de su personal cuyos funcionarios muy capacitados, estaban imbuidos de un afan de servicio en beneficio de los pequeños industriales y de los agricultores del país. Mediante la Ley No. 766 de 24 de Marzo de 1960, se dispuso la disolucion del BANFAIC y el traspaso de sus activos, pasivos y funciones al INRA, dentro del cual se creó un Departamento de Crédito Agrícola e Industrial (DECAI).

Los créditos que se concedían por el DECAI para las operaciones de las granjas y de las cooperativas, principalmente de caña de azúcar, no obedecían en lo más mínimo a proyectos debidamente elaborados en que se cumplieran, aunque fuera en parte, con los principios básicos para el otorgamiento de créditos sanos. Parte de los financiamientos, en esta etapa se otorgaban por cheques expedidos directamente por Fidel Castro. En sus bolsillos no sólo estaban los fondos necesarios para estas atenciones, sino también parte de la tesorería del país.

Con el tiempo el INRA desapareció y renació el Ministerio de Agricultura y gran parte de los funcionarios del DECAI se integraron a los Ministerios de la Industria Azucarera y de la Agricultura, la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN), la Asociacion Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y otros a un Departamento Especial dentro del Banco Nacional de Cuba.

DISTRIBUCIÓN DE LA SUPERFICIE BAJO CULTIVO EN CUBA

La superficie agrícola de Cuba abarca 6.8 millones de hectáreas (17 millones de acres), estando actualmente en explotación solamente el 65% de esa área, lo que significa 4.4 millones de hectáreas (11 millones de acres); el 35% restante ha sido considerado reserva estatal y no se ha permitido hasta ahora realizar cultivos en ella.

Esa área bajo cultivo, se distribuye en 3.32 millones de hectáreas dedicadas a diferentes cultivos tropicales, unos permanentes y otros temporales, entre los que se destacan los siguientes debido a su importancia económica:

  1. caña de azúcar
  2. café y cacao
  3. tabaco
  4. cítricos
  5. arroz
  6. frutas tropicales,
  7. viandas y vegetales
  8. pastos y forrajes.

Las 1.08 millones de hectáreas restantes están dedicadas a otros cultivos que tienen menor importancia económica. El siguiente cuadro brinda más información al respecto.

Distribución de la superficie cultivada del país por cultivo:

CULTIVOS

PERMANENTES

TOTAL

MILES DE HA

CULTIVOS

TEMPORALES

TOTAL

MILES DE HA

Caña de Azúcar

1989

Arroz

207

Café

147

Cultivos varios

457

Plátano

114

Tabaco

57

Cítricos

150

Forrajes

20

Frutales

96

Viveros y semilleros

6

Pastos y forrajes

1081

 

 

 

 

Cacao y otros

51

 

 

 

Fuente: Anuario estadístico de Cuba, 1989. Ed. Comité Estatal de Estadísticas.

FORMA EN QUE ESTABA DISTRIBUIDA

LA PROPIEDAD AGRARIA EN LOS AÑOS 1989-1998

En 1989 predominaba el Sector estatal que llegaba a controlar directamente casi toda la superficie bajo cultivo y la totalidad de la reserva restante; este sector denominado socialista comprendía las siguientes estructuras estatales:

Las empresas municipales agropecuarias

Las empresas de la Dirección de Arquitectura y Urbanismo

Toda esta compleja red era controlada directamente por el Estado a través del aparato burocrático de los Ministerios a los que pertenecían , y en conjunto comprendía el 78% de la superficie cultivada del país, abarcando un área global de 3.4 millones de ha. Por otra parte, como parte integrante del «sector socialista» existían y aún existen las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), que no son más que empresas estatales de nuevo tipo, ya que están controladas también por el Estado a traves de una organización dependiente del Partido Comunista de Cuba.

Según un informe presentado en 1996 durante el denominado Congreso del Partido Comunista de Cuba, la propiedad agrícola en el país sigue estando distribuida entre dos sectores, denominados sector estatal y sector privado.

Al sector estatal pertenecen las Empresas Agrícolas Estatales propiamente dichas y las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), una forma «sui generis» de empresa estatal como se ha señalado antes. Al sector considerado privado por el Estado pertenecen las Unidades Básicas de Producción Cooperativa «UBPC» (creadas en 1993), que se encuentran controladas por el Estado aunque teóricamente son privadas y tienen cierta autonomía; se incluyen también en esta clasificación los pequeños propietarios de fincas que son los únicos verdaderamente privados en este complejo panorama. El cuadro siguiente permite tener una mayor precisión al respecto, y muestra las variacio- nes que se han producido en la tenencia de la tierra en Cuba en los últimos años, diferenciando al sector verdaderamente privado del «cooperativo».

Distribución de la propiedad agrícola en los años señalados

Miles de hectáreas ( porcentaje del total)

AÑO

1989

1995

1997

Sector estatal

3,441 (78.0%)

978 (25.7%)

960 (25.5%)

«Cooperativas»

450 (10.0%)

2,235 (58.7%)

2,228 (59.2%)

Sector privado

520 (12.0%)

594 (15.6%)

573 (15.3%)

TOTAL

4,410 (100%)

3,807 (100%)

3,761 (100%)

Fuentes: Informe CEPAL (1997). Independientes.

Durante el período 1991 - 1993 el Ministerio de Agricultura que es el responsable de las empresas estatales acumuló pérdidas del orden de los 811.7 millones de pesos debido a la baja productividad de esas empresas; esto permite suponer que el régimen cubano trató de superar la situación, incrementando el «Cooperativismo» comprometido con el régimen, es decir, usando como pantalla las UBPC.

Sin embargo, muy a su pesar durante el Congreso de las UBPC efectuado en el año 1998, cinco años después de la creación de éstas, el régimen tuvo que reconocer que no eran rentables. Baste señalar que en el período 1994 - 1996 de las 1,576 UBPC establecidas sólo un tercio eran rentables, y las pérdidas anuales en ese período fueron del orden de los 543 millones de pesos, a pesar de que se les habían otorgado créditos bancarios por 745.5 millones de pesos en medios de producción y equipamiento. Evidentemente, este ha sido uno de los más palpables fracasos de la política agrícola del régimen en estos últimos años.

Por su parte los campesinos privados, con el 15.3 % de la superficie agrícola bajo explotación en su poder, y sin ninguna clase de apoyo estatal, fueron capaces durante 1997 de cumplir con las entregas que les impuso el Estado, y vender en el Mercado Agropecuario el 73% de todos los productos allí comercializados.

ORGANIZACIÓN DE LA AGRICULTURA

La agricultura en Cuba se encuentra estructuralmente dividida en dos grandes ramas:

La razón de ésto es la importancia que tiene para la economía cubana la producción y comercialización del azúcar de caña, que tradicionalmente contribuía con más del 80% de las divisas que entraban en el país.

AGRICULTURA CAÑERA

La caña de azúcar es el principal cultivo agrícola de Cuba, debido a que suministra la materia prima para la industria azucarera que es el principal producto de exportación del país. A lo largo de las casi cuatro décadas que median entre 1960 y 1998 se han llevado a cabo diversas estrategias con ese cultivo, destinadas a modificar el papel que juega en la economía nacional. No obstante, sigue siendo la columna vertebral de la economía cubana, y no hay indicios de que ese papel pueda ser modificado a corto plazo. El cuadro que se presenta a continuación muestra un resumen de la producción de caña de azúcar en el período 1989-1995.

Resumen de los principales indicadores de la agricultura cañera:

 

Indicador

Unidad de

medida

1989

1990

1991

1992

1993

1994

1995

Área

cosechada

Mm ha.

1.35

1.35

1.43

1.55

1.15

1.10

1.05

Producción

Mm. ton.

81.00

76.23

71.00

58.00

44.00

39.00

36.00

Rendimiento

Ton/ha

59.9

56.4

49.5

37.4

38.2

35.4

34.3

Fuente: Anuario estadístico de la CEPAL (1996).

Como se observa, los rendimientos han decrecido vertiginosamente como una consecuencia de la crisis estructural antes apuntada. Situación ésta, que se ha agravado al cesar los subsidios que recibían del desaparecido campo socialista, lo que ha traído como consecuencia una aguda falta de insumos básicos tales como: fertilizantes, herbicidas, combustible y piezas de repuesto para la maquinaria agrícola. Esto se agudiza con la falta de eficiencia del aparato administrativo oficial y la desorganización que ello acarrea, lo cual genera costosas violaciones de las normas que garantizan la correcta aplicación de la técnica en esta actividad.

INDUSTRIA AZUCARERA

La producción industrial de azúcar de caña depende obviamente en gran medida de la producción de caña de azúcar en la agricultura. Actualmente las empresas agrícolas cubanas están estructuralmente unidas a las fábricas de azúcar, formando los denominados «Complejos Agro-industriales» (CAI).

La gráfica que se presenta a continuación ilustra la producción de azúcar en el período 1991-1996.

Fuente: Información publicada por la Prensa cubana.

Existe consenso en que la evidente baja en la producción de azúcar se debe fundamentalmente a diversos factores no técnicos sino más bien administrativos que inciden negativamente en la correcta aplicación de la técnica. Entre los más marcados tenemos: a)falta de una política fundamentada en criterios técnicos y coherentes con la realidad en cada momento, b)aguda falta de combustible, c)falta de piezas de repuesto para toda la maquinaria vinculada al proceso, d)bajo índice de implementación de nuevas tecnologías, e)baja calidad de la materia prima llegada del campo, f)debilidad en los controles técnicos y administrativos.

El hecho de que según informes recientes la caña cortada permanece a menudo más de 50 horas en los campos y que por esa razón y por las impurezas que contiene a su entrada en los molinos el rendimiento haya disminuido de modo substancial, denota falta total de organización en la parte administrativa y apatía o desgano del lado de los trabajadores.

En resumen, la industria azucarera un bastión histórico de la economía cubana se encuentra en precarias condiciones. El promedio de producción de las zafras, durante la década de los cincuenta fué de 5.7 millones de toneladas; en 1952 la zafra superó los 7 millones de toneladas; en 1995-98 oscila alrededor de 3.4 millones, lo que significa que en las últimas zafras de la Cuba «revolucionaria» se produce aproximadamente la mitad de lo que se producía en el país en 1952. Cuba que era el primer país exportador de azúcar de caña en el mundo, ha pasado ahora a ocupar el séptimo lugar.

AGRICULTURA NO CAÑERA

La agricultura no cañera pertenece estructuralmente al Ministerio de Agricultura, y tiene la peculiaridad de que es en esta rama donde se concentran los restos de propiedad privada que aún subsisten. En el sector estatal los cultivos predominantes han sido los cítricos, el tabaco y el café, para exportación, y el arroz, el plátano y el banano para el consumo de la población. En el sector privado por su parte los cultivos predominantes han sido los de consumo directo tales como vegetales, tubérculos y raíces.

LA PRODUCCIÓN CITRÍCOLA

Históricamente, la producción de cítricos a escala comercial se inició a principios del presente siglo; sus promotores fueron inversionistas norteamericanos que aprovecharon las condiciones agroclimáticas adecuadas sin inviernos crudos ni heladas, los suelos favorables en diversos lugares del país, la mano de obra barata, y la cercanía del mercado norteamericano. Hubo, por supuesto períodos de auge y otros de depresión, pero la producción se consolidó y en el año 1958 alcanzó la cifra de 60,000 ton, siendo el área total cultivada en esa época de algo más de 12,000 ha.

A partir de 1961 la URSS y los países bajo su esfera de poder empezaron a comprar la producción citrícola cubana, y rápidamente su demanda superó la capacidad productiva de las recién confiscadas instalaciones citrícolas, las que se mostraron incapaces de satisfacer los pedidos. Lógicamente esto dió lugar a que los dirigentes del país dieran atención preferencial a este cultivo y como consecuencia de esto fueron movilizados enormes contingentes de estudiantes, trabajadores e incluso presos para incrementar las área sembradas de cítricos y para construir las instalaciones para su procesamiento industrial.

Entre 1973 y 1977 se plantaron casi 90,000 ha, un área casi siete veces mayor que la que había sido expropiada por el Estado a sus propietarios; la meta era producir 700,000 ton de cítricos en 1975 y doblar esa cantidad en los 10 años siguientes, pero la realidad fue que sólo se cosecharon 180,000 ton en el año 1975, lo que significaba menos del 26 % de la cifra planificada. En los 10 años siguientes las cifras oscilaron entre el 25% y el 50% de lo planificado para cada año. En 1985 se lograron producir unas 647,000 ton, casi la meta inicial propuesta para la década anterior y el 50% de lo planeado para ese propio año.

Las causas de esa situación fueron, por una parte, insuficiencias administrativas, ya que faltaron insumos básicos tales como: plaguicidas, fertilizantes, maquinaria y piezas de repuesto y por otra parte incumplimientos de las normas técnicas al emplearse plantas de baja calidad en la obtención de semillas y altas densidades de plantas por unidad de área. En resumen, descontrol, mala planificación e improvisación, los males endémicos del modelo de economía estatizada que estaba siendo aplicada.

La cifra alcanzada en 1985 fue producto del incremento en la producción que tuvo lugar a partir de 1980, cuando entraron en producción miles de ha. de las nuevas siembras que habían sido hechas en la década anterior, pero las cifras enmascaraban una realidad: los rendimientos por unidad de área en producción apenas alcanzaban las 3 ton/ha. en las principales plantaciones de Pinar del Río, Camagüey y Guantánamo y a finales de la década apenas alcanzaban las 7 ton/ha; por otra parte, la calidad de los frutos era muy baja.

Ambos factores combinados producían costos elevados y bajo valor comercial de la cosecha, lo que se enmascaraba con el apoyo de los países del CAME, ya que tanto la URSS como los otros países socialistas de Europa compraban la producción pagando altos precios por un producto que en realidad no tenía una calidad que los justificara.

La desaparición súbita de la URSS, y la transformación subsecuente que se produjo en los países antes sometidos a su esfera de influencia, significó un rudo golpe, ya que con una producción poco competitiva y con altos costos de producción no era posible salir al mercado internacional. Así el mito que se había creado sobre la base de los subsidios de los países socialistas se desplomó.

La situación caótica que presentaba este importante cultivo que había llegado ya a significar el 2.2% de las utilidades producidas por todas las exportaciones del país, se empezó a resolver a partir de la firma de acuerdos con tres grupos económicos capitalistas, dos chilenos (el Pole y el Ingleco) y uno israelí (el GBM). El primero se hizo cargo del transporte y mercadeo de los cítricos, el segundo tomó a su cargo las instalaciones para la producción de jugos y concentrados y el israelí tomó la dirección de las instalaciones de la empresa citrícola de Jagüey Grande con la finalidad de mejorar la calidad de los frutos; la mencionada empresa cubre un área de 48,800 ha. y abarca casi todo el sur de la provincia de Matanzas; el 62% del área lo constituyen plantaciones de naranjas y 24% de toronjas, y es indudablemente la mayor del país, y una de las mayores del mundo.

Informes recientes demuestran que Cuba en estos momentos es un importante productor y exportador de cítricos lo que debe tenerse en cuenta, y sobre todo que tiene importantes nichos de mercadeo en Europa, Asia, y Medio Oriente.

Principales indicadores de la producción de Naranjas en el período indicado:

Año

Área ha.

Producción

Ton.m.

Rendimientos

Ton.m /ha.

1989

71,747

473,530

6.6

1994

64,109

256,435

4.0

1995

67,152

295,467

4.4

Fuente: CEPAL, sobre cifras de la ONE

Principales indicadores de la producción de Toronjas en el período indicado:

Año

Área ha.

Producción

Ton.m.

Rendimientos

Ton.m /ha.

1989

29,524

265,716

9.0

1994

28,654

223,504

7,8

1995

27,514

261,386

9.5

Fuente: CEPAL, sobre cifras de la ONE

Principales indicadores de la producción de Limones en el período indicado:

Año

Área ha.

Producción

Ton.m.

Rendimientos

Ton.m /ha.

1989

9,822

64,826

6.6

1994

10,108

15,162

1.5

1995

9,745

18,516

1,9

Fuente: CEPAL, sobre cifras de la ONE

A pesar de toda la retórica que emplea la prensa oficialista cubana, las cifras que ella misma deja entrever indican una revitalización de la producción citrícola a partir de la disminución del control estatal y la realidad innegable de que la producción actual está controlada por empresas capitalistas privadas. Una vez más se muestra que la producción agrícola debe estar en manos privadas; el hecho de firmar los acuerdos antes enumerados con empresas privadas y los incrementos productivos que se indican, corroboran esta afirmación.

LA PRODUCCIÓN DE CEREALES

El arroz, y el maíz son alimentos básicos en la dieta de los habitantes de América Central y el Caribe y Cuba no es una excepción. Son cultivos tradicionales, y existe bastante experiencia acumulada por los agricultores para su producción.

Según informaciones publicadas antes de 1959, Cuba había alcanzado niveles de producción verdaderamente importantes que contribuían a que se garantizara el abastecimiento del país en ambos cereales, y esto se había logrado sin descuidar los demás. Baste señalar que en hortalizas y frutales Cuba era un importante exportador, pues ocupaba el primer lugar entre los suministradores de esos rubros al mercado de los EE.UU.

Los cambios políticos, administrativos y sociales que se produjeron en Cuba a partir de 1959 modificaron negativamente esa privilegiada situación. Muchos analistas al evaluar la crisis agroproductiva cubana suelen fijar su atención en la situación actual y buscan las causas de esta crisis en hechos recientes tales como, la desaparición del denominado «campo socialista», y las medidas tomadas por el gobierno de los E.U.

Esta forma de enfocar el asunto lleva a conclusiones inexactas y a desviarse del meollo del problema, ya que en modo alguno puede desdeñarse todo lo ocurrido durante las tres primeras décadas del régimen castrista. Los hechos muestran que lo que está pasando en Cuba durante la década de los noventa no es más que la consecuencia de una franca declinación de la producción agrícola que de año en año siguió una espiral descendente y que las medidas que tomaron los dirigentes de la agricultura estatal cubana, si tomaron alguna, no fueron eficaces y que esto hizo crisis cuando cesaron los subsidios con la desaparición del citado «campo socialista».

Una simple evaluación de las informaciones brindadas por las propias entidades estatales cubanas nos lleva a concluir que si bién es cierto que a partir de 1990 se hizo más evidente la pérdida de la capacidad agroproductiva del país y se incrementaron las dificultades para suministrar los alimentos indispensables en la canasta básica de la población, esto no es más que la consecuencia de una franca caída en la producción agrícola, situación ésta que se manifestaba ya en los años que los defensores del régimen de la Habana trataban de presentar como de bonanza económica del país.

Las estadísticas oficiales de Cuba muestran que si bien se produjo un cierto incremento en algunos indicadores agrícolas del sector estatal durante los primeros años, los mismos no eran proporcionales al incremento de la superficie agrícola bajo explotación. Ante todo hay que tener en cuenta que este sector de la economía cubana llegó a ocupar el 92.3% de la superficie agrícola del país, abarcando un total de 6.28 millones de hectáreas; de este gran total, se explotaban 3.85 millones de hectáreas, y el resto era considerado reserva estatal al finalizar el año 1989.

Lo antes expuesto sirve para ubicarse en la realidad de que la producción que nos ocupa estaba fundamentalmente en manos del Estado en el decenio 1980 a 1989 , anterior a la desaparición del campo socialista y dos décadas después de la toma del poder por parte de los actuales gobernantes.

ARROZ

Como se ha señalado antes, el arroz es el cereal fundamental en la dieta de los cubanos. En los años precedentes a la instauración del denominado «Gobierno revolucionario», Cuba había alcanzado ya una producción per cápita anual de más de 110 libras por habitante.. El cuadro siguiente presenta estimaciones basadas en las cifras de producción arrocera que había en esos años.

Producción de arroz en Cuba

a finales del período anterior al triunfo de la Revolución

Año

Producción (ton. métricas)

Incremento %

1947

38,000

 

 

1950

45,455

62

1952

68,182

50

1954

109,091

65

1955

136,364

24

1956

167,864

20

Fuente: Desarrollo Agrícola de Cuba. Tomo 1 (1991). Ed. Colegio de Ingenieros Agrónomos y Azucareros de Cuba en el exilio.

Las cifras indican claramente un crecimiento sostenido de la producción de arroz, lo que se había logrado mediante la introducción de variedades más productivas y el perfeccionamiento de las técnicas aplicadas en todo el proceso productivo. El ritmo de crecimiento empezó a disminuir al final del período debido a consideraciones de tipo comercial que influyeron en el mismo; no obstante, se esperaba llegar a abastecer el mercado nacional a mediados de la década siguiente. Además de esto se debe considerar que a finales de la década de los cincuenta y más específicamente en los años 1958 y 1959 se produjo en Cuba una cruenta crisis cuya expresión más destacada fue una guerra civil que llevó al poder a los actuales dirigentes de la revolución.

A partir de 1960 se inició el proceso de socialización de la economía cubana, siguiendo el modelo estalinista aplicado en la URSS. El Estado se hizo cargo, mediante expropiación de toda la infraestructura productiva y comercial de la nación, y en el marco de este proceso asumió integralmente la producción arrocera de Cuba e inició una frenética carrera para incrementar las áreas sembradas de arroz en el país.

A modo de comparación es bueno tener en cuenta que el área sembrada de arroz en Cuba en la década en cuestión significaba como promedio un 90% de la suma del total del área sembrada en esos años por los siguientes países:

Producción per cápita anual de arroz en el período señalado

(libras/año/habitante)

Año

Guatemala

El Salvador

Honduras

Nicaragua

Costa Rica

Cuba

1980

8.74

29.41

28.23

50.25

234.64

100.49

1981

10.72

24.36

30.82

60.24

194.57

95.55

1982

16.19

33.16

33.16

77.96

142.94

107.72

1983

14.57

21.00

40.73

81.53

271.05

104.89

1984

14.57

30.77

35.32

70.94

214.51

110.56

1985

10.61

31.79

26.20

54.86

203.26

100.38

1986

9.36

21.64

31.07

53.31

153.88

102.22

1987

16.27

18.77

27.17

43.42

128.07

85.95

1988

17.59

25.05

21.91

39.39

157.74

89.95

1989

11.05

27.25

29.45

44.00

178.11

97.72

Fuentes:

El Comercio intraregional de granos básicos en centroamérica. IICA. 1991

Anuario estadístico de Cuba. Comité estatal de estadísticas . 1989

Banco Interamericano de Desarrollo, basado en datos del Latin American Demographic Center y de United Nations Population Division.

Para hacer una adecuada comparación de estos datos hay que tener en cuenta ante todo que con la única excepción de Costa Rica y Cuba los países encuestados basan su alimentación en el maíz; por esta razón enfatizaremos la comparación entre estos dos países.

Resulta notable que teniendo Cuba como se ha señalado antes, un área sembrada equivalente al 90% de la de todos ellos sumados, las producciones per cápita cubanas en toda la década significaban casi invariablemente un 50% de las de Costa Rica el único de ellos con el que la comparación sería válida por la razón antes expuesta. Otros aspectos importantes a tener en cuenta son: que Costa Rica es el más pequeño en área de todos los encuestados y que esa década ha sido calificada por los portavoces del régimen de La Habana como la de las más altas producciones arroceras en el período denominado «revolucionario».

Todo lo anterior tiene una explicación. Como resultado de la estatización de la producción de arroz en Cuba se empezaron a manifiestar dos fenómenos aparentemente contradictorios: uno era el incremento rápido de las áreas sembradas con el consiguiente incremento de las obras de infraestructura incluyendo la construcción de presas, canales de irrigación, etc y otro una franca declinación de los rendimientos.

Esto trajo como consecuencia, que los incrementos en el área no se reflejaran en igual medida en la producción. El cuadro siguiente permite comprobar esto; el área cosechada en 1989 fué 5.8 veces mayor que la de 1956 y sin embargo la producción solo se incrementó en 2.7 veces, a pesar de que el 100% del arroz se siembra bajo riego; en los años siguientes a pesar de las dificultades derivadas del cese del financiamiento de la desaparecida URSS las áreas en producción siguen siendo muy superiores a las que había en el período pre-revolucionario.

Área, producción y rendimientos anuales per cápita en Cuba durante los años señalados

Año

Área Ha.

Producción Ton.M

Rendimientos ton/ha.

1956

41,966

167,864

4.00

1989

245,421

453,866

1.85

1995

165,000

234,633

1.42

1996

195,000

341,461

1.75

1997

186.000

291,100

1.57

1998

186,000

291,100

1.57

Fuente: FAO cuadros estadísticos por países (1998)

Estadísticas seleccionadas de Cuba (1996) Ed. ONE

Anuario Estadístico de Cuba (1989) Ed. Comité Estatal de Estadísticas

Desarrollo Agrícola de Cuba Tomo I. (1991) Ed. Colegio de Ingenieros Agrónomos y Azucareros de Cuba.

Lo anterior permite establecer que Cuba tiene las condiciones necesarias para duplicar su producción de arroz con el área que tiene sembrada. Esta afirmación se basa en el hecho de que con sólo alcanzar los rendimientos de la etapa pre-revolucionaria en el área sembrada actualmente, en Cuba se podrían cosechar más de 700,000 toneladas de arroz, lo cual potencialmente permitiría no solo autoabastecer al país sino convertirlo en un exportador de arroz.

Sin embargo, para esto habría que darle solución a una serie de problemas que han estado afectando a las empresas arroceras y que son resumidos a continuación:

  1. Control vertical del proceso productivo desde la dirección central del Estado, lo cual genera decisiones unas veces alejadas de la realidad, otras veces tardías y en muchos casos contraproducentes.
  2. Falta de coordinación entre los niveles de dirección del proceso productivo a nivel de empresa y entre éstas y los proveedores.
  3. Rigidez de los controles burocráticos, situación ésta que entorpece el trabajo.
  4. Falta de estimulación material a los factores involucrados en la producción.
  5. Irresponsabilidad, ya que en casi cuatro décadas no se han tomado medidas efectivas para remediar una situación que afecta a un cultivo que significa la principal base alimentaria de la población cubana.

MAÍZ

El segundo cereal en orden de importancia en la dieta de la población cubana es el maíz. Históricamente, en las etapas anteriores a la implantación del socialismo marxista, el país se había autoabastecido de este producto a pesar de los altos niveles de consumo de la población. Entre 1980 y 1984 el área global sembrada de maíz en Cuba promedió unas 26,000 has. para una población de unos 10 millones de habitantes; en la segunda mitad del decenio 1980 - 1989 apenas se incrementó el área sembrada a unas 37,000 has. promedio, lo cual evidentemente era insuficiente; a eso se suma que las producciones fueron sumamente bajas.

A partir de 1989 en el marco de un esfuerzo realizado para tratar de incrementar la producción agrícola, como consecuencia de la desaparición del denominado campo socialista y con esto el cese de los subsidios a Cuba por parte de ese grupo económico, se produjeron incrementos en las áreas y por consiguiente en la producción de este importante cereal, pero la ineficiencia crónica del sistema se manifestó inmediatamente. A continuación se presenta un cuadro que permite comprobar las bajas producciones que se obtienen actualmente en Cuba a pesar de los incrementos en áreas que se han producido.

 

Año

Área Ha.

Producción ton. m.

Rendimientos ton/ha.

1989

77,000

95,000

1.23

1995

74,000

85,000

1.14

1996

74,000

85,000

1.14

1997

75,000

90,000

1.20

1998

75,000

90,000

1.20

Fuente: FAO basado en estadísticas de la ONE

Un fenómeno que salta a la vista es el de los bajos rendimientos y la imposibilidad de incrementar éstos a niveles razonables; con esos rendimientos la producción es evidentemente incosteable.

En Cuba, el maíz puede ser sembrado prácticamente en todo el país y a diferencia del arroz no hay en estos momentos grandes empresas dedicadas a este cultivo; el mismo está concentrado en las denominadas «empresas de viandas y vegetales» que se encuentran distribuidas en las diferentes provincias del país. Los problemas que inciden en sus bajas producciones son los mismos que se confrontan en estas empresas agravados por la falta de priorización que el Estado ha dado a este cultivo de alta demanda en el mercado nacional.

El 60% del maíz que se produce en Cuba sale del minoritario sector privado de la agricultura cubana, el cual no está en condiciones de expandir sus producciones debido a lo reducido de su superficie y a otras diversas causas derivadas de la situación sociopolítica imperante.

TABACO

El tabaco ha significado tradicionalmente uno de los pilares de la economía cubana debido a su calidad. El país dispone asimismo de especialistas de muy alto nivel. A pesar de eso, este cultivo tampoco ha escapado a la declinación debido a la política errónea que se ha llevado a cabo. El cuadro siguiente es una muestra clara del declive que está sufriendo la agricultura tabacalera del país.

Producción de tabaco (ton. métricas)

1958

1960

1989

1995

1996

50,600

45,300

41,600

24,900

32,300

Fuentes: Anuario estadístico de Cuba (1989) Ed. Comité Estatal de Estadísticas

Estadísticas seleccionadas de Cuba (1996) Ed. ONE

La siguiente gráfica ilustra las exportaciones de tabaco que se han producido en los últimos años.

CAFÉ

Cuba no se ha distinguido como un exportador de café aunque sí ha sido un productor de café de alta calidad destinado fundamentalmente al consumo interno. La producción de café durante el año 1989 significó un 66.3% de la de 1958, año previo al inicio de la etapa actual, lo que da una prueba del descenso que ha experimentado este cultivo en Cuba.

La actual producción de este grano puede verse en el siguiente cuadro.

Producción de Café (ton métricas)

1958

1960

1989

1995

1996

43,600

55,200

28,900

×

×

 

VIANDAS Y HORTALIZAS

Hasta 1960 Cuba era el principal exportador de hortalizas y viandas al mercado norteamericano. Después de la instauración del actual régimen esta situación cambió y la dirigencia cubana eliminó de las prioridades del país estos cultivos y su producción quedó casi exclusivamente en manos del minoritario sector privado del agro cubano.

Al desaparecer la URSS y con ella los cuantiosos subsidios que recibía el país, se iniciaron de nuevo los esfuerzos para tratar de rescatar estos cultivos; el más importante de estos fue el denominado «Plan alimentario» que fracasó estrepitosamente. En conclusión, el sector privado aún ahora es el que produce más del 80% de las viandas y hortalizas que se consumen en el país, a pesar de no tener acceso a los insumos básicos para su producción ni a financiamiento para poder expandir sus agronegocios y suplir las demandas del mercado.

Principales indicadores de la producción de Tubérculos y Raíces

en el período indicado

Año

Área ha.

Producción/ Ton.m.

Rendimientos Ton.m /ha.

1989

115,458

681,200

5.9

1994

130,856

434,537

3.7

1995

138,710

624,195

4.5

1996

165,955

746,800

4.5

1997

165,955

746,800

4.5

1998

165,955

746,800

4.5

Fuente: CEPAL, sobre cifras de la ONE

Principales indicadores de la producción de Plátanos vianda

en el período indicado

Año

Área / Ha.

Producción / Ton.m.

Rendimientos Ton/ha.

1989

37,356

291,378

7.8

1994

70,721

360,679

5.1

1995

72,725

399,989

5.5

Principales indicadores de la producción de Hortalizas

en el período indicado

Año

Área / Ha.

Producción / Ton.m.

Rendimientos Ton/ha.

1989

108,971

610,235

5.6

1994

80,541

322,164

4.0

1995

75,902

402,281

5.3

Fuente: CEPAÑ, sobre cigras de ONE

Cuba potencialmente podría volver a ocupar el sitio privilegiado que tuvo, pues para eso tiene condiciones excepcionales en las provincias de La Habana, Matanzas, Villa Clara, Sancti Spiritus y Ciego de Avila, pero para ello se hace necesario un vigoroso impulso al proceso inversionista, la liberación de los agentes económicos vinculados al proceso, y la desaparición de determinados aspectos legales que frenan y en muchos casos prohiben la producción, transporte y comercialización de esos productos por parte del sector privado.

GANADERÍA, AVICULTURA Y SUS DERIVADOS

En los años finales de la década de los cincuenta Cuba tenía uno de los índices de producción ganadera más altos de Latinoamérica, con una masa ganadera vacuna que alcanzaba la notable proporción de más de una res por habitante. A modo de comparación es importante señalar que en 1959 según datos del INRA había exactamente 6 325, 000 cabezas de ganado (A Study on Cuba 1965, pag. 526); sin embargo, en 1998 el número de cabezas de ganado es de 4 650,000 (Encyclopedia Britannica, Book of the year 1998), cerca de dos millones menos para una población que ahora alcanza cerca de 12 millones de habitantes.

Durante la década de los cincuenta el consumo promedio de carne de res, en términos de per cápita anual en Cuba, estaba por encima de los 60 kg por año considerando globalmente todo el país, y en la capital de la república ese propio indicador llegaba a alcanzar cifras superiores a los 95 kg. A ese per cápita se sumaba la carne de ave especialmente pollo, y la de cerdo y sus derivados que duplicaban ambas cifras anualmente.

En el año 1991 en la red comercial oficial, bajo un estricto racionamiento, se hicieron entregas de ¾ de libra de carne de res o pollo cada diez días; hay que significar que si se adquiría la cuota citada de una de ellas, la otra quedaba excluida; con respecto a la carne de cerdo y sus derivados no se hicieron ventas a la población. La suma de estas entregas de carne de res y pollo, consideradas conjuntamente, alcanzaron un per cápita de 11.4 kg en la Ciudad de la Habana; en el resto del país este per cápita fue notablemente más bajo, y en algunas zonas llegó a ser cero.

A partir de 1992, la carne de res ha sido sustituida por una mezcla de harina de soya y vísceras molidas, que es denominada de distintas maneras según las técnicas, productos y proporciones empleadas en su confección, y la carne de ave ha sido sustituida por pasta de oca mezclada con harina de soya. Los percápitas de entregas según el sistema de racionamiento establecido, han bajado a ¾ de libra por mes, lo que significa 3.75 kg por año. La carne de cerdo y sus derivados han seguido ausentes en la canasta alimenticia de la población cubana.

Hasta 1991, los huevos en la Ciudad de La Habana se vendían libremente, aunque en el resto del país estaban racionados, pero en 1992 fueron racionados también en La Ciudad de La Habana aplicándose una norma de 5 huevos por persona semanalmente; este per cápita empezó a descender vertiginosamente hasta alcanzar la cifra de 6 huevos por persona al mes.

Esta caótica situación ha sido remediada en parte, por el siempre presente y perseguido «Mercado subterráneo» que tiene básicamente dos fuentes de abastecimiento:

  1. El minoritario sector privado de la agricultura cubana.
  2. Las filtraciones en la red de almacenes, centros de acopio y de transporte estatales.

Las leyes del mercado actúan hasta cierto punto en la primera fuente; con relación a la segunda, es necesario aclarar que los componentes de la red estatal especialmente los destinados al abastecimiento de los hoteles y la infraestructura turística son sistemáticamente saqueados gracias al descontrol existente y a la insostenible situación a que está sometida la población, que ha sido llevada a una situación límite, lo que favorece el surgimiento de actitudes negativas que si bien no son justificables son explicables.

Durante el año 1998 según cifras oficiales se produjeron 57,000 tm de carne de res, 6,000 tm de carne de cerdo, 21,600 tm de carnes en conservas, y 960,000 kg de derivados de la industria láctea lo cual en términos de libras producidas por habitante por año significa:

Estas cifras se explican por sí solas y dan una medida del desastre que se ha producido en este importante componente de la producción de alimentos del país; ellas explican también el deterioro sufrido en la canasta de alimentos que se suministra a la población cubana.

CONCLUSIONES

Una evaluación objetiva y desapasionada de lo antes expuesto, lleva a comprender la enorme frustración que se manifiesta en la conciencia colectiva de los cubanos, cuyo origen es la certeza de la irresponsabilidad con que los dirigentes del autodenominado «Gobierno revolucionario» dispusieron de la enorme riqueza que tomaron en sus manos, detuvieron el ritmo ascendente de desarrollo del país y torcieron el curso de los acontecimientos destruyendo de paso todo lo conseguido tras largos años de esfuerzos y trabajos tesoneros.

Las políticas económicas deben ser diseñadas y aplicadas con la finalidad de dar respuesta a los intereses de la nación y no a principios ideológicos o teóricos. Desdichadamente, el aferramiento a esquemas teóricos sin tener en cuenta las experiencias negativas obtenidas, ha traído como consecuencia la crisis agroproductiva que sufre actualmente el país.

Un análisis del proceso involutivo sufrido por la producción agropecuaria en la isla, el que por lo demás ha alcanzado a las demás ramas de la economía, con excepción de la industria pesquera, permite concluir que las consecuencias de las medidas económicas tomadas por los Estados Unidos de Norteamérica no han sido las determinantes de la pérdida de la capacidad agroproductiva de Cuba. Los hechos demuestran que la caída de la productividad y la producción agrícola, así como la pérdida de la autosuficiencia alimentaria que Cuba estaba alcanzando, han sido una consecuencia directa del aferramiento a esquemas totalmente ineficaces.

Cuatro décadas después de la instauración del actual régimen, las evidencias de la más alucinante corrupción, la abrupta y continúa frustración de las expectativas, el sacrificio cotidiano e incierto que ha sido impuesto al pueblo en estas casi cuatro décadas, se han enlazado hasta formar un nudo sumamente difícil de desatar, un nudo forjado de desconfianza, depresión, arbitrariedad, cinismo y angustia, pero sobre todo de incomprensión.

Copyright © 1999 José R. González y Arturo Pino


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